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El inventor Nikola Tesla un gran premio nobel que nunca se otorgó

07/06/2017 03:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), han conseguido transmitir electricidad sin cables desde una fuente de energía inalámbrica a una bombilla de 60W.El inventor de este sistema fue Nikola Tesla

 

La electricidad sin cables (witricidad) revive una vieja técnica de Nikola Tesla. 

 La historia suele ser ingrata para los héroes, incluidos los inventores y los innovadores y con el sabio serbio Tesla lo fue mucho más que lo corriente. Todas sus patentes quedaron medio paralizadas en el olvido y el mundo de hoy sería diferente si se hubieran llevado a la práctica. 

Se espera que en un tiempo breve al igual que electricidad sin cables, la energía derivada del sonido sustituya a la inalámbrica. Son las nuevas innovaciones. 

Investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), siempre geniales y generosos, han conseguido transmitir electricidad sin cables desde una fuente de energía inalámbrica a una bombilla de 60W, según  recoge  la BBC. Peter Fisher, Robert Moffatt, Marin Soljacic, Andre Kurs, John Joannopoulos y Aristeidis Karalis, son los innovadores, miembros del equipo que han llevado a cabo este experimento con éxito. Por los nombres se ve que sus orígenes étnicos son diversos y por lo menos uno se sabe es de color, aunque no hay asiáticos. 

 Pero vamos al experimento en sí. Los dos aparatos movidos por electricidad estaban separados por una distancia de dos metros y medio. Este tipo de tecnología es conocida como 'witricidad'. Su avance podría permitir, la eliminación de numerosos cables en los hogares, a veces peligrosos aunque por ahora no se piensa la cobertura de largas distancias. De hecho, uno de los problemas que surgieron en la demostración del proyecto es que se produjo una pérdida de energía cercana al 45%. Aunque considerado como un gran avance, esta tecnología emplea conceptos con los que se trabaja desde hace décadas, como los campos magnéticos con bobinas de cobre. 

Además, los científicos del MIT han comprobado la seguridad del sistema colocándose ellos mismos entre la fuente emisora de electricidad y el aparato receptor. No hubo ninguna electrocución. Basado en la resonancia, cuyo ejemplo más conocido es el de la resonancia acústica por la que se rompen determinados objetos al emitir ciertas notas musicales, la witricidad también se propone  utilizarla, aunque en este caso se trata de aprovechar la resonancia de ondas electromagnéticas de baja frecuencia. 

Es una técnica muy antigua pero olvidada, una de las viejas patentes del inventor Tesla caído en desgracia hace más de un siglo. Por supuesto no se trata de magia, sino de un experimento puramente técnico, basado nada menos que en la inducción electrostática de Nikola Tesla, descubierta ya en 1891 y dejada al olvido por la desidia de los mercados en complicidad con la industria y con el estado que no soportaba la presencia de un no nacido en Norteamérica en cabeza de muchos de los inventos. Tesla era centroeuropeo, serbio natural de Croacia. 

Hoy, la Doctora Katie Hall es el cerebro de la compañía WiTricity, una start-up especializada en el desarrollo tecnológico de la resonancia inalámbrica, un eufemismo que se refiere ni más ni menos que al gran invento de Tesla, la Torre Wardenclyffe. En definitiva, se trata de transferir electricidad sin cables de por medio a través de un campo magnético en el aire. 

Katie Hall todavía recuerda con asombro el día en que por primera vez observó un bombilla de luz brillando en el centro de una habitación, como por arte de magia, sin ningún cable de por medio. Era la aplicación del invento del MIT. 

Era el sueño de Tesla, vuelto a renacer más de un siglo después. Claro que el sueño de Tesla, como su genio, era gigantesco. Si no hubiera sido constantemente postergado por los intereses étnico-comerciales de los empresarios  inescrupulosos yanquis. En cambio, si hubiera recibido un apoyo merecido por las enormes expectativas que su trabajo representó para el bien de la humanidad, tal como la Torre de Tesla, todos estos inventos hubiesen sido posibles hace más de un siglo. La historia del mundo de la ciencia y sus aplicaciones hubiera sido otro. 

Sin embargo, las bobinas de cable eléctrico que hoy desarrolla WiTricity resultan ser  un acto de justicia histórica. Basadas en el invento de Tesla, una vez que se enchufan a un tomacorriente esas bobinas de resonancia generan un campo magnético. Si otra bobina se encuentra lo suficientemente cerca de este campo, se produce una carga eléctrica sin que medie ningún cable. El resultado es la transferencia de energía de forma inalámbrica. 

El método resulta ser perfectamente seguro, ya que se trata de campos magnéticos como los utilizados por la tecnología Wi-Fi. En breve, las casas contaran con este tipo de sistema para transmitir electricidad sin cables. La compañía ha demostrado la capacidad de sus equipos para dotar de energía a los dispositivos portátiles, televisores y lámparas mediante el añadido de bobinas de resonancia en baterías y fuentes eléctricas. También se encuentra trabajando en un cargador inalámbrico para vehículos eléctricos. 

Yendo aún más lejos, se prevén aplicaciones para dispositivos trasplantados bajo la piel y que podrían ser recargados de manera no intrusiva. En cualquier caso, el desafío de hoy pasa por incrementar la potencia de las bobinas de resonancia para lograr campos magnéticos con mayor alcance, es decir, que generen electricidad a mayor distancia. 

Los inventores y los grandes precursores de ideas nuevas suelen tener a veces como premio la ingratitud

Gracias a la resonancia, la electricidad llegará pronto a millones de hogares en todo el mundo. 

¿Y por qué el nombre del que creó la técnica Nicola Tesla ha caído en el olvido? ¿Y qué tuvo que ver en ello Thomas Alva Edison, su gran rival?. 

Tesla llegó a Nueva York el año en que «nació» la Estatua de la Libertad, 1884. Armado con su impecable elegancia parisina y la cabeza llena de ideas, llevaba una carta de recomendación: ”Conozco a dos grandes hombres, y usted es uno de ellos. El otro es el joven portador de esta carta“. El destinatario de la misiva era un ya célebre Thomas Alva Edison, el padre de la bombilla (y el fonógrafo,   el altavoz, y el micrófono del teléfono…). El otro “gran hombre“ era Nikola Tesla, un joven serbio- croata desconocido, nacido en 1856 en Smilijan, entonces parte del imperio austrohúngaro e integrado en la actual Croacia. Tesla acababa de trabajar en la sede parisina de la Continental Edison, la compañía del inventor norteamericano. Lo mandaba Charles Batchelor, su antiguo jefe europeo. 

Cuando llegó a Nueva York, Tesla preguntó dónde estaban las oficinas de Edison. Y allí fue, a hablar con su futuro jefe: salió del despacho con un puesto de trabajo. Pero entre ambos no se generó la mínima sintonía. Y poco después la antipatía acabaría en conflicto abierto. Edison defendía un modelo de negocio eléctrico basado en la corriente continua. Y había convencido ya a algunos inversores, aunque aún a una escala muy reducida de su sistema de distribución eléctrica, el primero en el mundo, que  arrancó en 1882 con 110 voltios de corriente continua y 59 clientes en Manhattan.

Tesla, en cambio, creía en un modelo basado en la corriente alterna. La pugna entre ambos pasó a la historia como «la guerra de las corrientes». Ganó Tesla con su modelo, mucho más eficiente. Gracias a él basta hoy apretar  un interruptor para iluminar nuestra casa. Pese a que la memoria histórica ha sido más benévola con otros inventores (Edison, Hertz, Volta...), el mundo que debe tanto al enigmático Nikola Tesla, ha sido muy ingrato con él. 

Edison no estuvo a la altura de su inventiva al arrinconar a Tesla por motivos comerciales y étnicos. 

Gran ingeniero y con una memoria notable –heredada, según él, de su madre: analfabeta pero capaz de recitar poemas épicos serbios que  nunca pudo leer–, Tesla poseía además una infinita capacidad de trabajo: le bastaba con dormir dos horas al día y, si el trabajo lo requería, podía estar 80 horas sin pegar ojo. “No hay emoción más intensa para un inventor que ver una de sus creaciones funcionando, –decía-. Esa emoción hace que uno se olvide de comer, de dormir, de todo”. A ese ritmo se empeñó en resolver el primer gran reto que Edison le puso, a solo un año de su llegada: rediseñar sus generadores de corriente continua. Si lo lograba, recibiría 50.000 dólares. Pero cuando después de terminar su trabajo se dirigió a su jefe para exigir el pago, Edison sonrió: “¡Qué poco ha aprendido usted del humor americano!”. Conste que no le debo ni un dólar. Yo hablaba en broma ! ”. Despechado, Tesla abandonó la compañía sin aceptar el aumento de sueldo que luego le ofrecieron. 

Poco después, Tesla encontró a su gran aliado en el “conflicto eléctrico” con Edison: el rico empresario George Westinghouse. Este contaba ya, desde 1886, con una pequeña red eléctrica en Massachusetts, basada en la corriente alterna. Pero le faltaba la clave para distribuir la electricidad a gran escala. El motor de inducción, ya inventado y patentado por Tesla, era la clave. Según la leyenda, el empresario ofreció al inventor un millón de dólares y un porcentaje de los beneficios por los derechos de todas sus patentes. Los papeles que han llegado hasta hoy aportan otras cifras: 60.000 dólares por la adquisición de 40 patentes; cinco mil en metálico y el resto en acciones. Tesla, además, recibiría 2, 5 dólares por cada caballo de potencia generado gracias a la electricidad vendida. Cuando las cosas adquirieron una escala mayor, este pago resultó inviable. Hubiese convertido a Tesla en un multimillonario sin límites…

Aquellos fueron años intensos, tanto en los laboratorios como en los incipientes medios de comunicación. Tesla y Edison trataban de convencer a la opinión pública de las bondades de su sistema y de los peligros del método rival. Edison no dudó en congregar a periodistas y curiosos para mostrarles los peligros de la corriente alterna aplicando descargas a perros y gatos que mandaba recoger de la calle. Filmó incluso la ejecución de un elefante del circo de Coney Island que había matado a tres hombres. Esto ocurría en 1903. Años atrás, Harold P. Brown –un ingeniero secretamente financiado por Edison– había inventado la silla eléctrica. Se utilizó por primera vez en agosto de 1890, y uno de sus objetivos era desacreditar a la corriente alterna que empleaba Tesla. 

Precursor del whatsapp, SMS y del e-mail, Nikola Tesla no reivindicó sino una mínima parte de las patentes que han aprovechado otros. También fue un mago en utilizar a los medios. Ya célebre, los periodistas se peleaban por arrancarle una entrevista, siempre generosa en titulares. “El presente es vuestro –decía–, pero el futuro es mío”. O: “A lo largo del espacio hay energía, y es una  cuestión de tiempo que el hombre logre aprovechar esa energía. El científico no busca un resultado inmediato. No espera que sus ideas avanzadas sean fácilmente aceptadas. Su deber es sentar las bases para los que vendrán, señalar el camino”. Desde este punto de vista, Tesla marcó incluso el camino hacia el SMS, el e-mail y el whatsapp: “Cualquier persona, en mar o en tierra, con un aparato sencillo y barato que cabe en un bolsillo, podría recibir noticias de cualquier parte del mundo o mensajes particulares destinados solo al portador; la Tierra se asemejaría a un inconmensurable cerebro, capaz de emitir una respuesta desde cualquier punto”. 

Los curiosos de la época se agolpaban para ver su demostración pública del primer dispositivo movido por un mando a distancia: un pequeño barco que dejó atónitos a cuantos se acercaron al Madison Square Garden. 

Volviendo a la “guerra de las corrientes”, el equipo de Westinghouse y Tesla lograron triunfar en la Feria Internacional de Chicago, en 1893, dedicada al invento de moda: la electricidad. Para iluminar las inmensas salas, se optó por los generadores de corriente alterna. La otra gran victoria llegó ese mismo año: el grupo de expertos que debía decidir qué sistema adoptar para aprovechar el potencial hidroeléctrico de las cataratas del Niágara otorgó el contrato a Westinghouse, desechando a otras compañías; entre ellas, la de Edison. Muchos dudaban de que el sistema cumpliese su objetivo: alimentar la demanda de la creciente industria de Búfalo. Tesla aseguró que la electricidad generada por las cataratas del Niágara podía alimentar a todo Estados Unidos. Y consiguió que su método se implantara en la mayor instalación eléctrica construida hasta la fecha. En 1915 se habló de un supuesto premio Nobel compartido por Tesla y Edison. Se desconoce hasta qué punto el rumor se basaba en hechos reales. El reconocimiento nunca llegó. ¿Darle el Nobel a un croata?.

 

 

 

 

 

 


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