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Asamblea Nacional, debe seleccionar hombres aptos para el servicio popular

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21/02/2020 23:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Venezuela, debe reunificar sus fuerzas en un bien común

Aventis

La política no puede ser –parafraseando el Manifiesto Liminar- “refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron espacio para su consagración”. Muchas veces hemos levantado la voz ante la pobreza de ideas, y ante la falta de comprensión de lo que leen, de la mayoría de los legisladores. Por eso resulta imprescindible estudiar las dificultades que plantea el ejercicio democrático. Las marchas y contramarchas del equilibrio e interdependencia de los órganos-poderes y la responsabilidad de los partidos políticos o sus alianzas transitorias en la selección y calidad de sus candidatos.

Por esa pobreza, llegó el reclamo de jerarquizar la política. De la necesidad de abrir las listas de candidatos a otros estratos de la sociedad e invitar a integrarse a egresados universitarios e intelectuales de nota. Es que una vez sentados en sus bancas dejan de pensar, de reflexionar. La disciplina de la manada dinamita su independencia de criterio y se ven obligados a sobrevivir en un medio hostil. Medio que los obliga a transformarse en vendedores de ilusiones que jamás se concretarán.

Los medios de comunicación se dieron un banquete y aprovecharon la ocasión para esconder sus propias miserias. Los mentideros políticos fueron pródigos en anécdotas y cuentos en los que nuestro personaje era la figura estelar. Los memoriosos, quizás, puedan hacer una recopilación de los dislates que se le atribuían. La idea apareció como magnífica. Llenó de esperanzas a toda la sociedad. Se refrescaría el mundo de la política. Los intelectuales que se convirtieron en políticos activos y los que resultaron electos concejales, senadores o diputados, no encontraron –salvo excepciones- su camino y les resulta dificultoso sortear los obstáculos que les presenta, a cada paso, su nuevo oficio.

Deberán aprender a defender con uñas y dientes sus ideas y proyectos ante sus propios conmilitones para, si la diosa Fortuna los acompaña, llegar al recinto, donde es probable que terminen destrozados por tirios y troyanos. La lista de los fracasos es interminable. Resulta doloroso verlos regresar agobiados por la frustración. Frente a ese escenario muchos optan por el silencio y el ostracismo antes que contar los entresijos de su aventura cuando, en su momento, se les ofreció un futuro dorado y un lugar destacado en el hemiciclo.

Ésas son las razones primeras por las cuales hemos rescatado de nuestro archivo un antiguo discurso de Gale McGee, quien fue destacado profesor de historia en la Universidad de Wyoming (EEUU).

En un rapto de desesperación, McGee sugirió a voz en cuello que el Congreso de EEUU cerrara sus puertas y concediera un año sabático a todos sus miembros para que se dedicasen a leer y reflexionar sobre los problemas que votaban. Los cronistas parlamentarios trataron, de todas formas, de disimular la atronadora rechifla que recibió el senador demócrata.

Convencido del valor de su cruzada, McGee insistió. Denunció, en la misma ocasión, la enorme carga de “personal inadecuado” que enfrentaban los organismos parlamentarios y que revistaban como asesores. Personajes que no aportaban con su pensamiento al debate y perturbaban la capacidad crítica de los parlamentos, además de complicar las soluciones de los problemas quanidan en esas complejas corporaciones.

Nuestra Asamblea Nacional, es la copia fehaciente de nuestra Asamblea Nacional, ahora es peos. Existen dos Asambleas y ninguna presenta un plan vector de crecimiento para Venezuela.

No se les está pidiendo que sean hombres de ciencia ni sabios renacentistas. Si, en cambio, que tengan una real contracción al trabajo y al estudio. Que sean capaces de armar y coordinar equipos de trabajo eficaces para ser realmente útiles a sus propios electores y a la sociedad en general. De lograrlo, ése será un momento fantástico en la historia de las instituciones y habrán equilibrado en parte el poder presidencial que, en su esencia, ha heredado todas las atribuciones que detentaba el rey en tiempos de la colonia.

Insistimos en un concepto que, de alguna manera, debería figurar en el frontis de los palacios legislativos o en la puerta de los despachos, a manera de una mezuzá: “El equilibrio entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo sólo se logrará cuando la legislatura tenga dentro de su mecanismo la clase de talentos que desde hace mucho tiempo han sido capaces de atraer los departamentos ejecutivos”.

Este descarnado análisis de la política parlamentaria occidental nos lleva a enfrentar un tercer dilema que, si bien guarda relación con los anteriores, sorprende a la sociedad. Es la existencia de un núcleo de diputados y senadores pertenecientes a todas las bancadas que se destacan por su prudencia y buen tino y que siempre buscan soluciones a los más graves problemas que afectan a la civilización. Son los que miran críticamente la tendencia a ceder poderes extraordinarios al Ejecutivo que transforman al Poder Legislativo en una mera dependencia administrativa poblada de levantamanos. Por eso se oponen a que se le transfiera al presidente de la Nación la potestad de declarar la guerra y resolver la contratación de empréstitos, así como el monopolio de la iniciativa en el proceso legislativo.

Es menester producir y garantizar el alimento de nuestro pueblo

La pérdida de la iniciativa hace muy difícil que un legislador desempeñe con eficiencia y eficacia el papel que le ha asignado la ciudadanía. Como lo dijo alguna vez un recordado cronista parlamentario, que fue un histórico columnista de Comercio y Justicia, hace “el papel del mandadero, del aceptante de riesgos cívicos que ha puesto en venta su conciencia”.

La sociedad civil latinoamericana observa con singular interés el retorno de las fuerzas armadas a los primeros planos de la política regional. Éstas surgen en el horizonte como objeto de dos análisis, dos conductas que aparecen contrapuestas: la de los núcleos urbanos ideologizados -que demuestran cierto sentimiento antimilitar- y la del resto de la sociedad -que percibe a los militares como garantía de orden frente a las graves crisis políticas, económicas, sociales e institucionales, que la agobian-.

 

Ésa es la razón por la cual, mayoritariamente, se han naturalizado imágenes que reflejan una misma escena: presidentes sudamericanos rodeados de los mandos de las fuerzas armadas en uniformes de combate, notificando al mundo que, por estos lares, es posible que retorne la costumbre de fundar el poder en la punta de las bayonetas.   Los malos hábitos son altamente contagiosos. Todo tiene un inicio. Comenzó en Perú el 1 de octubre pasado. Una auténtica comedia de enredos tuvo como protagonista al presidente Martin Vizcarra, quien fue suspendido en sus funciones por el Congreso por “incapacidad temporal”. 

 

Era la respuesta de los legisladores al decreto presidencial por el cual se disolvía la Legislatura Nacional. Por esa razón, la oficina de Prensa presidencial difunde declaraciones de Vizcarra que se centran en el apoyo que le brindan las fuerzas armadas y policiales, que aparecen rodeando al presidente, felices y sonrientes. 

 

Los miembros de cualquier legislatura, insistimos junto a McGee, aprueban partidas presupuestarias, destinadas a Ciencia y Tecnología. A menudo, sin comprender los auténticos significados de esos desembolsos. Los memoriosos recuerdan a aquel representante en medio de una acalorada discusión predijo que Argentina alcanzaría su grandeza “en el próximo siglo, en el siglo equis equis palito”.

.En esas circunstancias, el miembro del Congreso o de una legislatura provincial olvida que debe estar preparado para concentrarse “en las necesidades más estrechas y seguras de los individuos y grupos de sus distritos a los que está dispuesto a defraudar.” Esta aproximación describe con exactitud lo que ocurre en todos los países de Occidente excepto Dinamarca, Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia, Letonia, Estonia y Lituania, cuyos representantes no gozan de privilegio alguno ni de remuneraciones distintas al resto de la población y tienen la responsabilidad de rendir cuenta de sus actos a sus electores cara a cara.

El autoritarismo se consolidaba en todo el horizonte político americano. La “imitación a Donald Trump” crece y la dirigencia política latinoamericana olvida los buenos hábitos y desnuda –en sus gestos- una profunda guaranguería. Los ejemplos abundan y ocupan el centro de la escena sin que los protagonistas se preocupen demasiado sobre la repercusión de sus gestos en el resto de la sociedad. 

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1408 noticias)
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