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Barcelona, 1918: vaga de dones

07/03/2018 13:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Como todos ustedes saben, nunca hay, propiamente, una primera vez. Ni siquiera en primeras veces nítidas, como cuando Armstrong llegó a la Luna. Antes que él, si se fijan, habían alunizado Selene, el barón de Münchausen, Cyrano, o los miembros del Canyon Club. Por lo mismo, es difícil fijar si la huelga de mujeres del 8M es una primera vez. Acaba de salir, en ese sentido, un libro ?Toni Álvaro: La Revuelta de las mujeres, El Lokal, BCN; disponible? que fija un precedente, bello, cruel, duro, a esta huelga mundial en la Barcelona bella, cruel y dura de 1918.

El libro es un repaso a esta huelga importante y olvidada, que se ubica entre dos huelgas históricas e importantes. La huelga de 1917 ?un primer y desorganizado intento de huelga general con una UGT y CNT coordinadas y, a la vez, un serio intento de proclamar una República, que iba a ser presidida por Benito Pérez Galdós; hubiera molado; la huelga, por otra parte, iba a estar jalonada y entretenida por una Asamblea de Diputados, que se iba a establecer en Barcelona y, desde ahí, practicar el rupturing; pero la Lliga, el primer partido pre-procesista de la Península, se rajó; rayos, qué paréntesis más largo?, y la huelga de la Canadiense de 1919, la puesta de largo de la CNT, un conflicto épico, sucio, brutal, barcelonés, a través del cual se instaló la jornada laboral de 8 horas en todo el Estado ?sí, nadie lo recuerda, pero llegamos a trabajar 8 horas.

La huelga de mujeres se inició en enero de 1918. La Guerra de Europa iba a tutiplén, y en todo el Estado ?en Barcelona en particular?, todos los recursos iban a ella, en tanto que buen cliente. La exportación de armas, pero también de bienes de consumo y de alimentos, provocó escasez y aumento descomunal en el precio de los alquileres. A todo ello se sumó la ausencia de reparto en los beneficios, que estaban sustentados, también, en los bajos salarios, ese monocultivo español. Eso provocó frío ?no había carbón?, carestía ?respecto a los precios de 1913, el pan había subido un 80%, las patatas, un 50%?, hambre y la prima hermana de todo ello, colas ante los puntos de venta de, por ejemplo, combustible. Eran colas protagonizadas por mujeres, que hablaban de la vida y, hacías cosas como, por ejemplo, volcar un un carro de carbón para repartir organizadamente su carga.

Toni Álvaro, a través de la poca bibliografía disponible sobre esta huelga, que llegó a paralizar más de 300 fábricas y a contar con más de 30.000 mujeres participantes, y a través de los artículos de La Soli, La Vanguardia y El Diluvio, reconstruye y da cronología a este conflicto que sorprendió a la ciudad, y que se inició con una mujer ?próxima al Partido Republicano Federal, es decir, a la cultura libertaria? que colgó un pasquín en una pared, que congregó, en pocas horas, a más de 500 mujeres, ese mismo día, para hablar de la carestía.

Álvaro explica cómo esas mujeres fueron aumentando en número, cómo fueron ampliando su espectro ?inicialmente, obreras, a las que rápidamente se sumaron las camareras, cantantes, actrices y bailarinas del Paral·lel y, hacia el final, cuando el tema de la carestía integró los alquileres, a mujeres de clase media, con serios problemas para seguir siéndolo. El libro recoge maravillas de la época. Recoge, por ejemplo, un periodismo cool, comprometido y con juego de piernas, que explica cosas como que "en la calle Robadors (...) en la tienda de comestibles, propiedad de María Ores, se removió una fenomenal algarada. Motivó la jollina el que la referida tendera pretendiese cobrar un real de seis sardinas que la compraba Catalina Oliver, quien no quiso pagar el precio tasado. Tendera y compradora se arrearon unas hostias y gracias a la intervención de unos guardias municipales la cosa no pasó a mayores" ?hostias, supongo?. Sobre un día, en el que un carbonero se negó a vender, pistola en mano, carbón a un piquete de mujeres: "Todas las mujeres se abalanzaron sobre él, le desarmaron y le calentaron, pero sin carbón".

En esa huelga sucedieron cosas extrañas. Las mujeres negaron la participación a los hombres, los alejaron de sí en las manifestaciones, con la explicación de que podían ser policías. E, incluso, rechazaron la convocatoria de una huelga solidaria de universitarios. Las mujeres, en fin, tenían una idea clara de lo que eran, y de lo que era su huelga. El libro, en ese sentido, se interesa por la autopercepción de las huelguistas, y la detalla a partir de la transcripción, conservada, de lo que decían esas mujeres en sus mítines y asambleas. "La mujer ha abandonado ya la cocina porque nada hay que guisar en ella, lanzándose a la calle. Preguntamos ahora a los hombres: ¿cómo os las arreglaréis para reintegrarla a la lumbre?", dice una. "Nos han insultado, nos han despreciado porque no vestimos con sombrero, ni presentamos tarjeta que diga, por ejemplo, doña Fulana de Tal de Foronda", dice otra. "Somos los regeneradores de la Humanidad. Cultivemos el amor. Destrocemos los ídolos todos. Teoricemos menos y hagamos más prácticas de nuestros principios intangibles. Las mujeres somos los verdaderos transformadores del actual sistema". El libro explica las decisiones pactadas por las mujeres en sus comunicados: "Si en el término de 24 horas no se ponen todos los comestibles al precio que en el mes de enero de 1913 (...) la manifestación femenina de Barcelona se cuidará de venderlos al precio que más le convenga. Por acuerdo de la opinión pública femenina, el lunes todas las mujeres a la calle para defender el pan de sus hijos". Habla, en fin, de solidaridad de clase por parte de hombres, plasmada, por ejemplo, en La Soli: "Ellas cumplen con el sagrado deber de madres; los hombres faltan a su deber de padres (...). Los hombres, hoy, son presa de una cobardía asombrosa. Las mujeres gritan ¡Basta ya de ladrones!". El libro, en fin, expone también canciones populares alusivas a la huelga, como esta joya: "Una tal Anàlia Alegre / que de molt mal humor estava / un paper va escriure un dia / dient al governador: / ?Volem mejar barato, / i si això no logrem / algú pagará el pato! / Ai, ai, Ai... / per les dones va ésser una mala setmana, / quan anaven pel carrer / cridant ai, ai, ai... / que tenim gana".

Y, claro, el libro detalla el día a día de una huelga. Las idas y venidas de las mujeres al Gobierno Civil y al Ajuntament, donde nunca se acababa de negociar nada. El uso del insulto y la violencia. Las desavenencias internas. Y el final de todo. El final de todo: se destituyó al Gobernador, se clausuró La Soli y el Capitán General asumió el poder, a través de un bando de rabiosa actualidad, en el que ?artículo Tercero? se sometía a "delito de rebelión y sedición" hasta el gato/a y, en lo que es un claro indicio de que la Ley Mordaza es una modernidad antigua, se especifica ?artículo Cuarto? que "los insultos a todo militar serán sometidos a la jurisdicción de Guerra".

La huelga, no derrotada, finalizó de manera escalonada, por cierto, y con un descenso del 30% en los productos de consumo. Muchas de esas mujeres, en los años 30 engrosaron Mujeres Libres, y dejaron expuesta al mundo la posibilidad de que el mundo fuera diferente. Quizás ya lo habían hecho antes ?en el XIX, las mujeres revientan los sorteos de Quintos en Barcelona; en 1909 las mujeres impulsan la revuelta barcelonesa, inicialmente contra el envío de tropas a África?, y lo seguirían haciendo después ?en 1942, en pleno fascismo unplugged, un grupo de mujeres organiza y gana la primera huelga del Estado, que se dice pronto, en Mataró?. Nunca está claro cuándo fue la primera vez de nada. Tampoco con nuestras hermanas. Son antiguas, como el fuego o el agua.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2159 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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1439
Tipo:
Reportaje
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