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Bienvenidos a Europa

20/06/2018 12:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Queremos sacar a Guillem Martínez a ver mundo y a contarlo. Todos los meses hará dos viajes y dos grandes reportajes sobre el terreno. Ayúdanos a sufragar los gastos y sugiérenos temas (info@ctxt.es).

La decisión de los países de la UE de blindar las fronteras y no ofrecer vías legales para solicitar asilo provocó que la mayoría de los refugiados tuviera que arriesgar su vida en el Mediterráneo, sortear vallas de alambre y alargar su recorrido. El año pasado 3.116 personas perdieron la vida o desaparecieron en este periplo, lo que la convierte en la ruta migratoria más mortal del mundo.

Abdul, refugiado sirio, cruzó el mar Mediterráneo en una patera con su mujer y sus dos hijas. Pagó 3.000 euros por cada pasaje. Me lo contaba en el campo de refugiados de Ritsona (Grecia). Después de estar varios días esperando les tocó su turno, los traficantes le dijeron que tenían que subir a una de las embarcaciones. En la patera había ya el doble de personas de las que podían estar, de modo que se negó. El traficante, por su parte, le advirtió de que si no lo hacía perdería su dinero, pero él lo tenía claro. A 100 metros vio hundirse la embarcación y, con ella, todas las mujeres, niños y hombres que días antes había conocido.

Después de varios días toda la familia subió a otra embarcación. Una vez atravesado el mar Mediterráneo y, a escasos metros de llegar a la costa griega, el traficante que dirigía la embarcación le apuntó con una pistola en la cabeza y dijo que tenían que tirarse al mar. En la costa esperaban las organizaciones internacionales para ayudarles y el traficante sabía que podía ser detenido. Una vez más se negó. Contaba que pasó mucho miedo y pensó que lo podían matar, pero sabía que si él y su familia se tiraban al mar todos morirían porque ninguno sabía nadar y no llevaban chalecos salvavidas.

En el trayecto los inmigrantes y refugiados sufren todo tipo de vejaciones, esclavitud, violaciones, hambre, sed y maltrato

El modus operandi de los traficantes de migrantes es deplorable y cruel, sin embargo, es la única forma que miles de personas tienen de huir de la miseria. En el trayecto los inmigrantes y refugiados sufren todo tipo de vejaciones, esclavitud, violaciones, hambre, sed y maltrato. Cuando por fin llegan a coger la barcaza para cruzar el Mediterráneo se encuentran con todo tipo de embarcaciones precarias, algunas neumáticas a las que le ponen viejos motores de pescadores; otras son pateras de madera e incluso se han detectado algunas lanchas Toy, de las que llevan los niños a la playa, muchas de ellas con el doble de pasajeros de lo que permite la embarcación o sin llevar el combustible suficiente para la travesía. Muchas veces ni siquiera les proporcionan chalecos salvavidas; otras, son de juguete. Son barcazas llenas de familias, de niños, de mujeres embarazadas de pocos meses, muchas de ellas violadas en los países de tránsito o menores no acompañados. Dependiendo de la ruta, las mafias cobran entre 1.000 y 3.000 euros por pasaje. En muchos casos las familias no tienen dinero para huir y deciden enviar al hijo mayor ?a veces de 14 años? con la esperanza de que una vez instalado pueda pedir la reagrupación familiar.

El Mediterráneo se ha convertido en uno de los mayores cementerios del mundo. Desde 2014 más de 10.000 personas han muerto en él, sin embargo, poco sabemos de las personas que han perdido su vida en el trayecto hasta llegar a él. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que desde el comienzo de la última crisis migratoria han muerto en el Sáhara más del doble de inmigrantes que en el Mediterráneo, más de 35.000 desde 2014, pero allí es todavía más difícil que lleguen las cámaras.

En lo que va de año más de 33.226 migrantes llegaron a Europa a través del Mediterráneo y un total de 785 murieron en sus aguas. El año más devastador fue 2016, con un total de 390.432 llegadas a Europa y 5.143 personas que perdieron su vida o desaparecieron en el Mediterráneo, según la OIM.

La frontera sur española es la tercera vía de entrada de inmigrantes y refugiados en Europa por vía marítima. Las pateras se han triplicado durante 2017. En total 20.195 personas entraron principalmente por Barbate, Tarifa, Canarias, Málaga, Motril, Almería y Murcia.

Europa parece no oír el grito de más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares ?esto supone el número más alto jamás registrado desde la II Guerra Mundial?. Este continente rico y envejecido, en lugar de abrir sus fronteras y cumplir con todos los tratados y normas internacionales, se blinda cada vez más y cierra sus fronteras a las personas que huyen de los conflictos bélicos. Actualmente hay más de 30 conflictos enquistados en distintos lugares del mundo, y entre ellos Siria, que se ha convertido en el primer país de origen de las personas refugiadas en el mundo, una guerra que dura ya siete años y que se ha cobrado más de 250.000 vidas, mientras que cerca de cinco millones han huido del país y otros 6, 6 millones se encuentran desplazados internamente.

Mientras nosotros habitamos el mundo de la opulencia, cerca de 30 millones de personas se enfrentan a graves niveles de inseguridad alimentaria y desnutrición en el noreste de Nigeria, Sudán del Sur, Somalia y Yemen y 10 millones de ellas se encuentran en grave riesgo de morir de hambre, incluyendo a 1, 4 millones de niños que están en riesgo inminente de muerte. Muchos también se ven obligados a huir de sus hogares por las graves violaciones de los derechos humanos, como la tortura, sin olvidar los nuevos refugiados climáticos, una vez más víctimas del salvaje capitalismo de los países que más tienen.

La falta de humanidad por parte de los Gobiernos europeos a esta crisis humanitaria es algo que desafortunadamente está de rabiosa actualidad, basta con pensar en el vergonzoso episodio del Gobierno italiano en la gestión del barco de rescate Aquarius con 630 inmigrantes a bordo, entre ellos 123 menores no acompañados. Ante la llamada de socorro del barco de rescate, Italia cierra sus puertos y España con su recién estrenado Gobierno progresista ofrece puertos, algo que da un ápice de esperanza a tanta insolidaridad. Pero no podemos olvidar la gestión que España sigue haciendo en la frontera sur donde la policía golpea a los migrantes para que caigan en sus concertinas, o las terribles condiciones de los CIES, utilizados como cárceles para personas que no han cometido delito alguno. A lo largo de la geografía española se registran un total de ocho Centros de Internamiento de Extranjeros. Según el ministerio del Interior, 8.814 inmigrantes en situación irregular ingresó en los centros de internamiento de extranjeros (CIE) durante el año pasado, 1.200 personas más que el año anterior. Tampoco podemos olvidar la insolidaridad de España con los refugiados: tan sólo ha acogido a un vergonzoso 14% de los que se comprometió a recibir.

El Tratado de la UE, en su artículo 2 dice: "La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los Derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías". Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres. Son valores que deben ser respetados por cualquier Estado que vaya a adherirse a la Unión Europea.

Si un país miembro viola esos valores puede ser sancionado e incluso puede retirarse de la Unión Europea.

Es indigno para Europa aceptar el hecho de que menores no acompañados sean abandonados a su suerte

Cómo le explicaremos a las próximas generaciones que no hicimos nada. En general, nos creemos superiores por el hecho de haber nacido en el lado bonito del mundo, como si el drama de millones de personas que arriesgan sus vidas por llegar a Europa no fuera con nosotros. Nos creemos con derechos que nadie nos ha dado, como si hubiéramos hecho algo para nacer en España, Reino Unido o Hungría. Nuestra llegada al mundo ha sido totalmente casual, del mismo modo y de forma tan casual podríamos haber nacido en Sudán del Sur, considerado el país más pobre del mundo. Desde que estalló el conflicto en diciembre del 2013 miles de niños han muerto y otros miles han sido reclutados en grupos armados, sin olvidar las violaciones y agresiones sexuales contra menores que se multiplican por cientos, pero claro, esto pasa a 5.000 km de distancia, sin olvidar que son negros y pobres. Eso marca una distancia emocional en el mundo de hoy infranqueable.

Los países occidentales han tenido y tienen una importante responsabilidad, por acción o por omisión. La inmigración ilegal es uno de los mayores retos a los que deben enfrentarse los países de la Unión Europea, y deben hacerlo con determinación, justicia y equidad, ya que lo que está en juego son las vidas de millones de personas inocentes en situaciones de extrema vulnerabilidad. Es indigno para Europa aceptar el hecho de que menores no acompañados sean abandonados a su suerte, mujeres y niñas sean violadas de forma sistemática, personas inocentes sean detenidas ilegalmente o utilizados como esclavos, o que miles de personas sigan muriendo a las puertas de Europa. Violaciones de los derechos humanos que estamos permitiendo con nuestro silencio y complicidad.

Los países de la Unión Europea con sus respectivos gobernantes son los máximos responsables del drama de migrantes y refugiados y, como tales, tienen que asumir sus responsabilidades y cumplir la legislación internacional en cuestiones de migración y asilo.

Los gobiernos deben proteger la vida de las personas que huyen de países en conflicto. Las operaciones marítimas de rescate en el Mediterráneo no pueden depender de las ONG, los estados miembros deben asumir su responsabilidad en salvamento marítimo. De manera urgente deben habilitar vías legales para la migración. No pueden seguir bloqueando las fronteras con vallas, muros o concertinas. Es imprescindible cambiar las políticas e intervenir en los países más vulnerables, la cooperación internacional debe enfocarse en incentivar el desarrollo en los países de origen para aumentar su autonomía y calidad de vida, ya que estos países no podrán nunca salir de la situación en la que se encuentran mientras sigamos utilizándolos como fuente de recursos y de mano de obra barata.

Mientras los gobiernos sigan tomando esas decisiones tan poco éticas e insolidarias, seguirán llegando a nuestras costas barcos Aquarius, niños Aylan o familias como la de Abdul.

La gestión que estamos haciendo de la mayor crisis humanitaria actual pasará a la historia como una mancha imborrable en nuestra conciencia.

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Teresa Fuentes es responsable de Acción Sindical y Empleo de CC.OO. Murcia y secretaria de la Asociación Amigos de Ritsona.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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