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Calais se puede desmantelar, pero que harán Francia e Inglaterra con los 10.000 refugiados que allí viven

19/10/2016 05:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El problema de "La Jungla" no se soluciona con vallas ni con expulsiones, sino con el fin de las guerras de Siria y el cese de los bombardeos y muerte, de los que los inmigrantes huyen

La voz de alarma o de indignación la han dado la policía francesa y las organizaciones humanitarias cada uno con una voz distinta. La prefectura de Calais manejaba como cifras oficiales la de 6.900 migrantes en el campamento y precisaba que en junio había solo 4.500. La Asociación para el Alojamiento de Emigrantes elevaba el número a 9.106. Y el sindicato policial Alliance decía que “se llegaría a los 10.000”.

Los inmigrantes de la ‘jungla’ de Calais ya alcanzan la cifra pronosticada de los 10.000 desde nadie sabe cuándo y Francia ha iniciado el desalojo de  la Jungla de Calais, un infierno en  tierra de asilo, como alardea ser Francia.

Las tiendas improvisadas de ‘La jungla’ han tratado de evitar echar el cierre, pero algunas han ardido.

La llegada masiva de inmigrantes a Calais coincidió con el buen tiempo veraniego en el Mediterráneo, lo que ha facilitó el paso hacia la costa europea. La mayoría de los primeros llegados poco a poco a la región noroeste francesa proceden de Italia y vinieron en pateras. Además de Calais, se han instalado en otros campamentos en los que, como el de Grande-Synthe, se hacinan otros millares de inmigrantes de otros países.

En medio del caos y con una vigilancia policial insuficiente –la mayoría de los cientos de agentes se dedican a impedir que los inmigrantes suban a los camiones con destino a Inglaterra, las riñas en el asentamiento son constantes. Sobre todo de noche. Dos migrantes han muerto en los últimos meses. En la noche del pasado día 22 septiembre, se enfrentaron unos 400 afganos con otros tantos sudaneses con el resultado de un muerto y seis heridos graves.

Los trabajos de desmantelamiento de la llamada ‘jungla’ están dando lugar a duros enfrentamientos entre los responsables de llevarlos a cabo y los inmigrantes que viven en ella. Buen ejemplo fue la tarde del comienzo. Unos 20 operarios fuertemente escoltados por agentes armados dijeron que pese a todo “habían acabado con la mayor parte del campamento, exceptuando las instalaciones de uso común“. Esa es una forma eufemística de decir que habían barrido con las viviendas. ¿Pero, qué se ha hecho con la  gente, mujeres, niños? Sin respuesta.

Todo comenzó con aparente calma hasta que refugiados empezaron aisladamente a lanzar objetos contra los operarios del desalojo, acción que comenzaron a imitar otros inmigrantes hasta dar lugar a imágenes de violencia y de desesperación. Había hasta menores lanzando proyectiles. Los incidentes se saldaron con cuatro detenidos, entre los que se encuentran miembros de la ONG Sin Fronteras, que lógicamente apoya a los desplazados ahora nuevamente sin techo. Y sin esperanza.

El primer ministro Hollande prometió a los franceses enfáticamente que “La Jungla” sería desmantelada. Y Bernard Cazeneuve, ministro del Interior de Francia, aseguró que las autoridades trabajarían mano a mano con los colectivos humanitarios para que la tarea se desarrollara de forma pacífica y al tiempo se pudiera realojar ordenadamente a los afectados en un parque cercano con contenedores y otros centros de recepción en el país. Las cosas no han salido como estaban previstas, naturalmente.¿Había algún plan?

Los habitantes de la ‘jungla’ huyen de la pobreza y la guerra, en gran parte de Afganistán, Irán y Siria, y empezaron a llegar a la localidad de Calais el año pasado para tratar de cruzar desde allí al Reino Unido subiéndose irregularmente en trenes y camiones que se dirigen al otro lado del Canal de la Mancha, para, una vez allí, intentar reagrupar a su familia y empezar un nueva vida.

Alain Privot, presidente de la Liga de Derechos Humanos de Francia, comentó antes de empezar el desalojo que lo que es por decir mejor, el fin de las estructuras. Privot dijo por teléfono a Paris “estamos ante un problema gigantesco” porque esos inmigrantes están “dispuestos a todo, incluso a arriesgar sus vidas” para vivir lejos de las guerras de sus zonas de origen. Y del hambre. Privot sí se da cuenta: “Hay que atajar los problemas en las zonas de origen. ¿ Cómo atajar al dictador de Siria, al DAESH, a los bombardeos que ceban en hospitales, el hambre de Africa… Si no -dice Privot mirando a Paris-, el fenómeno seguirá indefinidamente y aumentará”.

El fenómeno mismo echó por tierra la doble táctica puesta en marcha en febrero por el Gobierno francés para poner fin al inmundo asentamiento: distribuir a miles de inmigrantes a centros de acogida –solo en la zona están previstas 5.000 plazas, de las que 2.000 ya están ocupadas- y colocar en el campamento contenedores convertidos en viviendas provisionales. La zona sur del asentamiento fue desalojada entonces, pero ha vuelto a ser ocupada por tiendas de campaña y chabolas.

Sarkozy quiere renegociar los acuerdos migratorios con Londres para que los ingleses asuman más controles.

La policía, a través de sus sindicatos, asegura que la situación está “peor que nunca” y que es hora de dejar de hacer el trabajo a los ingleses. Es lo que opina el expresidente Nicolas Sarkozy. Quiere renegociar los acuerdos de Touquet, por los que Francia e Inglaterra acordaron que París controlara a los migrantes en Calais a cambio de una suma –ahora 80 millones de euros anuales- aportada por Londres. Policías británicos actúan en Calais y franceses, en Dover, al otro lado del canal de la Mancha.

Pese a que el propio Sarkozy firmó los acuerdos como ministro del Interior en 2003, ahora quiere que sean los ingleses en su propio territorio los que controlen y determinen quién tiene o no derecho al asilo. “Pido la apertura en Inglaterra de un centro de tratamiento de peticiones de asilo de quienes están en Calais, de forma que sean los ingleses quienes hagan el trabajo que les corresponde. Serán ellos los que tendrán que organizar los charters para devolver a sus países a quienes ellos rechacen”.

El presidente de la región Norte-Paso de Calais, Xavier Bertrand, del partido de Sarkozy, también quiere renegociar un acuerdo que se ha convertido ya en un permanente “mercado de trileros”.

En campaña para las elecciones presidenciales del año que viene, Calais será de nuevo arma arrojadiza como mal ejemplo de política migratoria. Es en esa región donde la candidata Marine Le Pen, presidenta del ultraredechista Frente Nacional, obtuvo el 42, 2% de los votos en las regionales del año pasado. Fue la indiscutible ganadora en la primera vuelta (40, 6% de los votos frente al 24, 9% para Bertrand), pero la izquierda apoyó a este en la segunda para cerrar el paso a Le Pen.

Según publicó el diario estadounidense ‘The Wall Street Journal’, el plan del presidente François Hollande para resolver la crisis migratoria de Calais que está sembrando malestar social, sobre todo, en las ciudades que se preparan para la llegada de los refugiados.

Uno de los casos es el pueblo de Allex en la Provenza, donde viven 2.500 personas. "No vamos a permitir que nuestra ciudad se convierta en otra Calais", dijo un albañil de 45 años y padre de tres hijos.

El hombre se unió a un centenar de otros ciudadanos que recientemente marcharon por Allex para protestar por la llegada de 50 inmigrantes que se instalarán en un castillo local que el gobierno convirtió en un refugio.

Ante el descontento de algunos sectores sociales, el partido anti inmigración, el Frente Nacional junto a otras agrupaciones de derecha, aprovechan este clima de malestar para fomentar el apoyo antes de las elecciones presidenciales de mayo, organizar consultas populares y armar petitorios a los alcaldes para detener lo que llaman la propagación de la "mini-Calais".

"En lugar de resolver el problema con los británicos, el gobierno lo está extendiendo por todo el país", dijo Nicolas Sarkozy, el ex presidente francés que quiere obtener su nominación en el partido conservador para ser candidato presidencial el próximo año.

Hasta el momento, las autoridades no dieron a conocer la lista completa de las ciudades establecidas para recibir inmigrantes por temor a nuevos actos de violencia.

La comisaria para los Derechos del Niño en Reino Unido, Anne Longfield, ha pedido a las autoridades francesas que tomen medidas para que los niños abandonados del campamento de refugiados de Calais se reúnan inmediatamente con sus parientes en Reino Unido y ha advertido que al menos 129 pequeños se encuentran ahora mismo en situación de "desaparecidos".

Longfield estima que la petición de asilo de unos 150 niños en el campo de refugiados debería ser aceptada lo más pronto posible porque, según ha denunciado, las autoridades francesas no están protegiendo el campamento como corresponde.

El retorno, la nueva política migratoria de la UE que ningún país africano quiere

Según la comisaria, los niños desaparecieron en medio del caos en el que se convirtió el desmantelamiento de la llamada 'Jungla', una sección del campamento de Calais, que llevaron a cabo las autoridades francesas a principios de este año.

"Las ONG que trabajan en el campamento han intentado encontrar a los niños haciendo uso de todos sus recursos y las autoridades francesas deben hacer lo mismo", ha lamentado en una misiva recogida por la cadena británica BBC.

"Se trata de un lugar increíblemente peligroso para menores no acompañados", ha añadido, "y esperamos que las autoridades británicas hagan todo lo posible para cuidar de ellos cuando lleguen; como no esperamos menos de las autoridades francesas".

La comisaria, en este sentido, ha declarado que el actual tiempo de espera para aceptar las peticiones de asilo "es inaceptable". "Hay niños que se pasan hasta nueve meses aguardando una respuesta en un lugar donde están expuestos a amenazas como el tráfico humano, violencia, abusos y enfermedades", ha concluido.

La UE dice que cuenta ya con las primeras herramientas tangibles para desarrollar su nueva política migratoria, pero duerme. La estrategia consiste en utilizar todos los recursos al alcance de Bruselas para frenar las salidas hacia el bloque comunitario. La diplomacia europea ha suscrito acuerdos políticos con cinco países clave para que controlen mejor sus fronteras y acepten la devolución de migrantes a sus territorios. Pero eso es imposible cuando llueven bombas sobre Alepo o cualquier ciudad en conflicto. Los que se van no vuelven.

La UE ofrece “asistencia técnica“, además de acelerar ayudas e inversiones. En los últimos meses la Unión ha comprometido más de 900 millones en programas de inversión del fondo fiduciario para África.

Una vez cerrada la vía de Turquía, que según la UE era una via segura y que dicen que transportó a más de un millón de refugiados y migrantes el año pasado a la UE, Bruselas se emplea ahora en un reto mucho mayor. Se trata de atajar la inmigración estructural, derivada de la falta de oportunidades en el continente africano y atomizada en diferentes países de origen y de tránsito. En los ocho primeros meses del año han arribado casi 120.000 extranjeros a las costas italianas, según datos de Frontex, la agencia europea de fronteras. Y al contrario de lo ocurrido en Grecia, el flujo no remite.

La UE lleva cuatro meses visitando países africanos y tejiendo compromisos con sus dirigentes. El resultado son cinco acuerdos —denominados eufemísticamente marcos de asociación— con Nigeria, Níger, Senegal, Malí y Etiopía que orientan todos los incentivos que puede ofrecer Europa (comercio, inversiones, programas de educación…) a un solo fin: el control migratorio.

El mandato que los países han dado a la Comisión para que desarrolle este modelo incluye por primera vez los llamados incentivos negativos. Se trata de negar —o reducir— ayudas a los Estados que no cooperen con esta política. La alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, negó que este sea un criterio en la negociación. “Es una iniciativa de la que nos beneficiamos las dos partes. Hay una atmósfera constructiva con nuestros socios. No hay necesidad de ir en otra dirección ni de condicionar la ayuda al desarrollo [a la cooperación migratoria]”, subrayó Mogherini en la presentación de los primeros resultados de esta nueva estrategia.

Países como Alemania, Holanda y Dinamarca han insistido siempre en incluir este enfoque penalizador en los tratos con países de donde parten los inmigrantes. Pero quienes negocian sobre el terreno saben que resulta mucho más fructífera la zanahoria que el palo para lograr que los dirigentes africanos se impliquen en esta estrategia. Aunque los pactos no incluyen metas de devolución, el objetivo de Bruselas es nítido. “Al final, el éxito de esta estrategia se medirá por la tasa de retornos”, admite un alto cargo comunitario. Hasta ahora, la UE no consigue devolver a más del 40% de los extranjeros con orden de expulsión.

Nigeria. Unos 23.000 de sus ciudadanos entraron irregularmente en la Unión Europea el año pasado (prácticamente los mismos que en los primeros ocho meses de 2016), según datos de la Comisión. Un 34% de los que tienen orden de expulsión han sido repatriados. El país tiene 182 millones de habitantes, un PIB per cápita de 2.640 dólares (unos 2.400 euros), frente a los 25.831 de España o 9.009 de México, según datos del Banco Mundial. Boko Haram pretende crear allí un Estado Islámico.

Senegal. Unos 6.300 sin papeles entraron a la UE. La tasa de retorno es del 22%. Con 15 millones de habitantes, tiene un PIB por cabeza de 910 dólares.

Níger. Con una población de 19, 8 millones, el PIB per cápita es de 359 dólares. Níger es un país de tránsito.

Malí. Grupos yihadistas han convertido este extenso país de 17 millones de habitantes en refugio. Tiene un PIB per cápita de 744 dólares. Unos 6.500 malienses entraron irregularmente y el 11% fue deportado.

Etiopía. Se registraron 2.700 entradas ilegales (con una tasa de expulsión del 12%) desde este país de 99 millones con un PIB por cabeza de 619 dólares.

Cada uno de los marcos —los textos concretos no son públicos— incluye condiciones diferentes para ajustarse al perfil de cada país. En el caso de Nigeria, el Estado africano más poblado y una de las principales fuentes de entradas irregulares, la UE comenzará a negociar un acuerdo de readmisión para que las autoridades acojan a todos los ciudadanos que hayan entrado irregularmente en Europa. Ahora solo regresan el 34% de los nigerianos que tienen orden de expulsión.

La situación es diferente en Níger, principal territorio de tránsito migratorio, pero no de origen. Ahí los esfuerzos se centran en frenar las redes de traficantes y en ofrecer proyectos de desarrollo para el país, una de cuyas principales industrias es precisamente ese tráfico ilegal. Bruselas detecta en Níger los primeros resultados de su incipiente estrategia. Aunque los números son muy modestos, los retornos voluntarios han pasado de 1.700 en 2015 a algo más de 3.000 entre enero y agosto de este año.

La diplomacia europea tendrá que poner mucho de su parte para que a esos Estados les compense implicarse. En Malí, por ejemplo, las autoridades recelarán de frenar los flujos hacia Europa cuando un porcentaje nada desdeñable de su economía (el 7, 7% del PIB) depende de las remesas que envían los emigrantes. El impacto es aún mayor en Etiopía, donde esas transferencias triplican el dinero que el país recibe en cooperación al desarrollo. Etiopía, además, ya acoge a 700.000 refugiados de otros territorios, por lo que los lamentos europeos le suenan muy lejanos.

Merkel en Níger.

Los negociadores de la UE —la propia canciller alemana, Angela Merkel, así como diversos ministros y comisarios han viajado a esos países— intentan persuadirles de la importancia de mantener a sus poblaciones, especialmente las más cualificadas, dentro de sus fronteras. E intentan ofrecer proyectos ajustados a sus necesidades. A Níger se enviarán equipos para el control de fronteras y se impulsarán programas de empleo juvenil. A Senegal se le ayudará a crear un sistema de registro civil. En Etiopía se financiarán programas de reintegración de sus ciudadanos. Y a varios de ellos se les plantea que participen en el programa Erasmus. Los acuerdos no están cerrados, sino que evolucionarán en función de los resultados.

Aunque no existe vínculo directo, el recién creado fondo europeo de inversión exterior, que pretende movilizar hasta 88.000 millones de fondos privados, con un mínimo aval público, apoyará la estrategia de Bruselas. Los países que cooperen podrán beneficiarse de este nuevo instrumento, apuntan fuentes comunitarias.

El plan de negociar con países africanos para moderar las salidas surgió del primer ministro italiano, Matteo Renzi, cuyo país sufre ahora la mayor presión. El objetivo es replicar el modelo prácticamente en cualquier país desde donde partan inmigrantes hacia Europa. Mogherini alerta de que no resultará fácil, aunque ya hay otros territorios en el punto de mira de la UE. La alta representante citó Pakistán, Bangladesh y Afganistán. Con este último Bruselas acaba de firmar un acuerdo de readmisión que puede servir como germen de una cooperación más amplia.

La gran ausencia en esta lista es Libia, el punto de partida de la gran mayoría de barcos que recalan en Italia. Mogherini lo admite, pero argumenta: “Las condiciones de seguridad que tiene ahora el país no permiten desarrollar un acuerdo”.


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