Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Pedro A. Gómez R. escriba una noticia?

Las tres causas espirituales de los problemas de nuestra sociedad

01/09/2016 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cada vez es más evidente que la sociedad moderna no parece estar capacitada para frenar su caída libre hacia la destrucción; a pesar de que utiliza todo su esfuerzo humano para aminorar el golpe. La solución pasa por el enfoque espiritual de la vida

Cuando hablo de nuestra sociedad, hablo de los individuos que la conforman; y cuando hablo de los tres problemas principales, es porque hay más de tres. Pero en este artículo haré estas consideraciones solo para dar la idea general.

Cada vez es más evidente que la sociedad moderna no parece estar capacitada para frenar su caída libre hacia la destrucción; a pesar de que utiliza todo su esfuerzo humano para aminorar el golpe.

No estoy siendo pesimista, ya que estoy seguro de que todos los problemas que enfrentamos tienen solución. Pero de la misma forma estoy seguro de que las soluciones solo comenzarán a implantarse cuando nos demos cuenta de que somos más seres espirituales que humanos; y por lo tanto, las soluciones pasan por nuestro comportamiento bajo lineamientos espirituales; y no por nuestras intenciones mentales.

Y todos los problemas que atraviesa nuestra sociedad (incluyendo tanto a la de mi país, como a la del mundo) tienen tres causas fundamentales que describiré a continuación.

 

Primera gran causa: “ceguera de los propios sentimientos”

La primera gran causa de los problemas de nuestra sociedad es que sus integrantes (la gente) no se dan cuenta de lo que realmente siente.

Desde una noble intención, la gente quiere construir un futuro brillante para sí mismos y para las próximas generaciones; pero cuando lo tratan de hacer no se dan cuenta de que llevan en los corazones “sentimientos opacos” (pocos brillantes). Eso nunca ha funcionado así.

La realidad de cada persona se construye con la energía que esta lleva en el corazón; no con su intención ni con su pensamiento.

Pero aún no se ha entendido que pensamientos y sentimientos suelen llegar a ser expresiones diametralmente opuestas; se puede estar pensando que se tienen buenos sentimientos y estar totalmente equivocado. Solo colocaré dos ejemplos:

  • Una madre que cuida a su hijo hasta la sobreprotección. Esta madre piensa que con su cuidado todo irá bien (pensamiento positivo); pero en su corazón puede estar manejando un sentimiento de terror de que le vaya a pasar algo malo a su criatura (sentimiento opaco). ¿Con qué estará creando su futuro esa madre? Pues con los sentimientos, no con sus ideas positivas.

  • Un grupo de individuos en la sociedad que se enfrenta en una lucha entre partes con argumentos de exigir justicia. Esta sed de justicia plantea ideas loables y con tendencia hacia un futuro mejor. Pero detrás de ese reclamo de justicia ¿qué sentimientos se pueden albergar? Pues frustración por algunos hechos ocurridos, resentimientos, rabia, juicio contra el enemigo, etc.

    ¿Pero el futuro se estará construyendo con las acciones guiadas por el pensamiento o por los sentimientos? Pues por los sentimientos; lo que no es nada prometedor.

Pero para colmo, no es solo que no tenemos la práctica de distinguir los sentimientos detrás de nuestros pensamientos o acciones, sino que nos han vendido la idea equivocada de que creamos nuestra realidad con lo que pensamos. Esto contradice cualquier enseñanza realmente espiritual de cualquier parte del universo.

Y con esta vida tristemente enfocada en el pensamiento y en la acción, no hay ni siquiera una pequeña intención de revisión personal. En todo momento, creemos y defendemos que estamos haciéndolo bien. Aquí viene la segunda causa de los problemas. 

 

Segunda gran causa: “la culpa es de los otros”

En el aspecto espiritual, lo primero que siempre hay que hacer es buscar aquello dentro de mí que está creando lo que estoy viviendo. Es INDISPENSABLE asumir nuestra responsabilidad personal de lo que nos ocurre: SIEMPRE. Valga decir que esta es la única forma de verdaderamente mejorar; porque si mis asuntos dependieran siempre de los demás sería una existencia muy lamentable.

Si lo que me pasara de malo dependiera de otros, pues lo que busco de bueno dependería también de los demás. Yo no tendría el control de nada. Por supuesto que esto tampoco funciona así.

Pero este principio básico de la responsabilidad personal, no es una forma de asumir la vida en nuestras sociedades modernas; en las cuales equivocarse es de ineptos, débiles e incapaces. Se ha enseñado que equivocarse es lo peor que le puede suceder a alguien; por lo tanto, los errores se ocultan, no se asumen o mejor aún, se le achacan a los demás.

Pero si uno no tiene la culpa de nada, ¿cómo esperamos mejorar? Si creo que mis sentimientos son puros y dignos y “los desgraciados son los otros”, ¿cómo corregiremos nuestros sentimientos que son los que en realidad están creando nuestros futuros pocos deseables?

Cuando le pedimos a Dios, lo primero que deberíamos preguntarnos es: ¿tengo méritos personales especiales ante Dios para que Él me conceda cosas especiales?

 

Tercera gran causa: “un Dios gratis”

Y esta es la gran tercera causa de los problemas de nuestra sociedad. Esta no es la menos importante de las tres; tal vez podría ser la primera en importancia. Aquí planteo una venta fraudulenta que aceptamos.

El verdadero bienestar autosustentable al que podemos aspirar, se obtiene únicamente asumiendo una visión de vida que pase por nuestro espíritu y no por nuestra humanidad. Esto es una realidad.

Pero aprender a ver nuestras situaciones de vida de forma espiritual, no es una tarea fácil; se requiere de mucho esfuerzo de nuestra parte. Pero lo bueno es que ese esfuerzo se va realizado poco a poco, los resultados son acumulativos y se va extendiendo a toda nuestra realidad.

La venta fraudulenta la que me refiero es que nos vendieron la idea de un “Dios gratis”; de una “espiritualidad regalada”, de bendiciones de Dios que merecemos “por bonitos”. Cuando estamos en problema, corremos a pedirle ayuda a alguna divinidad; como si ellos existieran solo para satisfacer nuestras necesidades, porque sí.

Pero lo espiritual se gana; las bendiciones se merecen. Cuando le pedimos a Dios, lo primero que deberíamos preguntarnos es: ¿tengo méritos personales especiales ante Dios para que Él me conceda cosas especiales?

Las respuestas de la mayoría de las personas van al estilo de las siguientes: “por supuesto”, “claro que sí, Él me ama”, “Él es puro amor”, “yo soy su hija o hijo predilecto”, “yo creo en Él”, “yo soy muy creyente”, “yo le tengo fe de que me va a ayudar y eso es suficiente”, “yo voy a misa”, “yo rezo mucho”, “yo oro con Él todas las noches”, etc.

Todas estas respuestas denotan una inmadurez espiritual notable, propia de nuestra sociedad moderna.

Nunca nos enseñaron (y nunca fue conveniente aprenderlo por nuestra cuenta) que Dios no está por nosotros; sino que nosotros nos debemos a Él. Él no necesita estar con nosotros; nosotros somos los que necesitamos estar de buenas con Él.

Dios espera que nosotros cumplamos con sus normas/mandamientos/designios/enseñanzas y luego de eso, mereceremos sus gracias . Acaso ¿esto es lo que dicen las iglesias modernas? ¡No! Se quedarían sin seguidores.

Y acostumbrados a este “Dios gratis”, nos quedamos pidiendo, esperando y argumentando cosas como “el tiempo de Dios es perfecto”, “no me tocaba” o incluso “si no lo tengo es por cosa del demonio”. Mientras tanto, nos quedamos con los brazos cruzados, sin avanzar.

 

Resumiendo

Convivimos en una sociedad que no tiene una tendencia positiva de futuro de forma sostenida. Más allá de que ocurran victorias puntuales enmarcadas dentro de las probabilidades naturales de que ocurran los hechos, no tiene capacidad de condicionar su propio futuro hacia lo bueno.

Esto se resolvería con el desarrollo espiritual de sus miembros, lo cual les permitiría:

  1. Considerar indispensable el esfuerzo personal de cumplir con los lineamientos espirituales de Dios en sus vidas cotidianas. Por supuesto, primero debería conocerlos.

  2. Dejar de ver al prójimo como el enemigo; asumiendo que todo cambio debe comenzar por sí mismo y por aquellos a los que se están educando para el futuro.

  3. Terminar de entender (o de creer) que lo que mueve al universo (y al mismo Dios) son los sentimientos y no la mente. Por lo tanto, se debe “aprender a pensar con el corazón”, sincerando y controlando los propios sentimientos.

Lo siento si estabas esperando que culpara a prácticas religiosas no oficiales como causa de los problemas; debemos comenzar por casa, sin buscar culpables afuera.

Esto sería suficiente para que TODOS los problemas sociales comiencen a resolverse, casi milagrosamente.

Aunque el milagro sería que este cambio personal y social hacia Dios ocurriera.

Namasté.


Sobre esta noticia

Autor:
Pedro A. Gómez R. (23 noticias)
Visitas:
8613
Tipo:
Opinión
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.