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Cocinar, conciliar y sobrevivir en el intento: "La 'frase mamá no te vayas' me persigue todo el día"

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22/09/2019 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

DANIELA CENIS | FOTOS: COCINA FUTURO

  • Charlamos con Elena Arzak, Laura López y Mira Watanabe, tres madres y cocineras profesionales que relatan a 20minutos las dificultades de esta profesión y la conciliación.

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En 2018, de los 195 restaurantes con estrella Michelín de España, solo el 10% estaban regentados por mujeres. El estudio, llevado a cabo por Purificación García Segovia, investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia, reflejaba también que los cocineros conseguían mayor reconocimiento del público y financiación para sus proyectos y que la conciliación era la principal traba para ellas. Para intentar ayudar a conciliar, entró en vigor el pasado mes de mayo la ley de fichaje en las empresas españolas, medida que velará por el cumplimiento de jornadas semanales de no más de 40 horas remuneradas.

20minutos habla con tres madres cocineras de profesión con niños de entre 2 y 18 años ?una de ellas en un restaurante Estrellas Michelin? para conocer cómo es conciliar una vida familiar con una complicada profesión regentada en su mayoría por hombres, con largas jornadas sin horarios hasta hace unos meses y en la que muchos han pasado años sin irse nunca vacaciones.

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"Tienen 2 y 3 años y medio, ¿qué entiende un niño con esa edad? Solo ven que te vas todo el rato". Laura López Campo (Madrid, 1983) está haciendo las maletas para irse dos días a un foro de sostenibilidad mientras los dos pequeños lloran. La semana pasada les tocó viajar a ella y a su ex pareja a Galicia para participar en un evento, misma maleta, solo un día esta vez, mismas lágrimas.

Laura supo a los 13 años que quería ser cocinera, que nada le haría más feliz. Se metió en la cocina en 2003 y hoy es responsable junto a su ex pareja de dos espacios gastronómicos en Madrid y Zahara de los Atunes, Kulto y Trasteo. Se apartó de los fuegos cuando nació Tirso en 2015, se reincorporó hace un año cuando el segundo, León, apenas tenía un año y todavía sigue adaptándose a la nueva situación: "La maternidad me cambió la cabeza. Yo era capaz de pasar 20 horas en la cocina y de no descansar en semanas, pero llegaron y desde entonces solo quiero estar con ellos".

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Laura confiesa que lo pasa fatal, "ya sé que lo estamos haciendo por ellos, pero ellos no lo entienden. Tienen la sensación de que desaparecemos todo el rato, la frase "mama no te vayas" me persigue todo el día. Ellos saben que tenemos que ir a trabajar, saben que las cosas se consiguen con el dinero y que el dinero viene por el trabajo, pero claro, ¿qué entiende un niño de eso realmente? ¿cómo lo asimila?. Están sometidos todo el rato a reglas, tienen que despertarse, tienen que ir al cole, y es como si también les obligaras a entender que nos van a ver poco".

Laura reconoce que fue una niña sensible y que cuando su madre no iba a buscarla al colegio, lloraba: "tenía la sensación de que mi madre siempre estaba trabajando. Quizás esté interpretando mal las reacciones de mis hijos porque yo lo encajé mal. No sé, la separación también me está costando, es todo nuevo. Me duele hasta no poder llevar a mis hijos a ningún cumpleaños porque siempre me pilla currando. José dice que me estreso de más, y tiene razón, pero no puedo evitarlo".

Reconoce que conciliar es lo más duro que le ha tocado vivir, "sobre todo porque son muy pequeños. Intento analizarlo y sé que todo está como debe estar, ellos están bien cuidados y se sienten queridos. Tenemos una chica con nosotros, Milena. Llegó cuando León tenía tres meses y ahora es como su mama. Si estoy yo, no hacen caso a Milena, pero cuando se ponen malos, nos llaman a las dos, a mí y a ella".

"Si lo piensas" reflexiona, "es normal, hay amor de verdad, es duro pero si lo analizas, lo que sufre es el ego de cada uno, es con ella con quien están, lo raro sería que no la llamaran. Eso sí, ellos tienen claro que su padre y su madre somos nosotros. Pienso que el vínculo paterno se crea más adelante, a partir de los tres años. Y no hay que olvidar que los niños son un poco manipuladores, descubren enseguida el flanco por el que pueden atacar, el de la culpabilidad que sentimos cuando no estamos con ellos, y saben manejarlo, todos los niños lo hacen, es pura supervivencia".

Elena Arzak: media vida con tres estrellas Michelin

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Marco el número de la cocinera tres estrellas Michelin Elena Arzak (San Sebastián, 1969) y me llega un sonido raro antes de su voz. Enseguida me confirma que me está devolviendo la llamada desde el aeropuerto de Estocolmo. Acaba de aterrizar en la capital sueca para participar de jurado en un concurso nacional de cocina. "Hoy mi hija Nora (14 años) empieza las clases. Claro que me gustaría haber ido con ella, pero tengo que estar aquí. Me ha pedido una cosa antes de despedirnos, que le llame esta noche para que me pueda contar todo".

imageHablamos de su hija y confiesa que le encantaría que fuera cocinera, pero que es algo que tiene que decidir ella. "Soy hija y nieta de cocineros, mi madre, mi abuela y mi bisabuela han trabajado siempre en hostelería, yo soy la cuarta generación, ya veremos si la historia sigue. He enseñado a los dos a cocinar, Nora y Mateo (13 años) cocinan conmigo desde que tenían 5 y 6 años. Ahora son unos adolescentes pegados a los móviles, les gusta la cocina pero están en esa fase en la que analizan y dicen que es demasiado trabajo, que exige demasiado tiempo".

Lleva más de la mitad de tu vida (31 años concretamente) con tres Estrellas Michelin sobrevolando como una espada de Damocles sobre las cabezas de toda su familia. "Mi madre estaba trabajando todo el día, pero sabemos que aprovechaba para estar con mi hermana y conmigo siempre que podía, y eso a nosotras nos bastaba. Creo que mis hijos son tan comprensivos como lo fuimos nosotras".

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Elena cuenta que nació en un entorno en el que ha habido siempre muchas mujeres y que eso hace posible que aprendas enseguida a organizarte: "Mis condiciones de vida como mujer han sido mucho mejores que las de mi madre, o de mi abuela, pero aun así, queda mucho camino que recorrer. El 78% del personal de Arzak es femenino, el año que nació Nora nacieron cinco niños más en el restaurante. Fácil no hay nada, la maternidad y la paternidad son asignaturas muy difíciles, nadie te enseña, pero si hay voluntad, las cosas se van logrando".

Para esta cocinera vasca, la pareja es muy importante a la hora de conciliar. Su marido Manu "siempre ha entendido y ha comprendido la situación que vivimos. Sabe que los hijos son de las dos partes, no solo de una, y que cuando uno no puede estar, el otro tiene que cubrirle".

Antes de colgar, Elena hace una reflexión más sobre la dificultad de ser madre en estos tiempos y en este sector: "Me parece terrible que haya mujeres que no tengan hijos por su trabajo. Yo he defendido siempre que las mujeres tengan hijos en casa. Las bajas nunca vienen bien, pero siempre nos acabamos organizando. Les echas en falta pero sabes que están con quien más les necesita y que tarde o temprano volverán. La familia, para los hijos que tienen padres que están muy ocupados, es lo más sagrado, eso lo sabemos los que venimos de las cocinas mejor que nadie".

Mira, una sueca en Malasaña

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Cada vez que suena el móvil se sobresalta, chequea la pantalla y sigue trabajando poniendo cafés mientras espera la única llamada que le interesa hoy. Mira Watanabe Jilg (Estocolmo, 1970) tiene una hija de 18 años, Lila, que se está examinando ahora mismo del carnet de conducir, y para ambas, hoy es un día muy importante.

Mira es la responsable de El Rincón, un bar para algunos, café para otros, restaurante con menú de los de antes o, con el permiso de la Ardosa, la barra con el mejor pincho de tortilla de patata de Malasaña. Me he acercado hasta aquí para hablar de conciliación con esta sueca de madre alemana y padre japonés que llegó a España en los 90, trabajó en el sector de la hostelería y abrió este espacio en 2006, cuando su otro hijo, León, acababa de nacer.

- ¿A ti te llevaba tu madre al colegio? -, le pregunto mientras ella no aparta su mirada de la pantalla. "Claro que no, creo que nací con una llave en el cuello. Mi madre era del 32 y fue una avanzada para su época, cuando les dijo a sus padres que quería estudiar, ellos le preguntaron que para qué".

Mientras sigue poniendo cafés, Mira cuenta que a pesar de todo, su madre, Ingeborg, estudió filología alemana, llenó un baúl con sus cosas y viajó en avionetas de hélices a Londres y a Nueva York para dar clases en universidades. De allí saltó a Estocolmo, encontró a un arquitecto japonés, se fue a vivir con él a una casa enorme a las afueras y allí tuvieron cuatro hijos.

"Alguien que no da abasto no cocina con ganas"

Las cosas no salieron bien, él regresó a Japón y su madre se quedó sola trabajando 40 horas a la semana con cuatro hijos que habían llegado demasiado seguidos. "Empecé a cocinar porque veía que ella no podía más, trabajaba, nos cuidaba a nosotros y mantenía la casa, todo a la vez. Era duro verla, y además, alguien que no da abasto no cocina con ganas, así que empecé a ocuparme yo de la cocina cuando tenía 15. Soy autodidacta, aprendí viéndola a ella y con los libros de cocina que caían en mis manos".

"Conciliar nunca fue fácil", reconoce, "pero lo haces, no te queda otra, a mi madre le costó pero lo hizo. Para mí tampoco fue fácil, no creo que lo sea para nadie. Tener hijos te cambia la vida, seas padre o madre. Yo he tardado muchos años en ajustarlo todo, a veces me metía en el coche para recogerlos tan cansada que no me acordaba de los bocadillos hasta que estaba en la puerta del colegio".

A Mira, la nueva ley de fichaje que entró en vigor en mayo no le va a aportar ningún cambio: "Soy sueca, en mi bar nadie ha trabajado nunca más de ocho horas, yo crecí con la teoría aplicada de la igualdad, de la justicia social y de la no dependencia. Trabajé duro porque era mi negocio, pero cuando llegaron los niños no le di prioridad al trabajo. Es mi bar, podía trabajar las horas que quisiera, pero en vez de trabajar más horas para que alguien cuidara a mis hijos, he preferido estar con ellos".

Cree que la legislación ayuda pero que al final las leyes hacen que las personas dejen de pensar y automaticen todos los procesos: "pienso que para que las parejas y las personas solteras puedan conciliar no necesitan leyes sino hacerlo desde el corazón, se trata de hacer las cosas con cariño, no porque una normativa lo exija...". No llega a terminar la frase porque acaba de sonar el teléfono y esta vez sí es la llamada que espera. Abandona todo lo que está haciendo y sale precipitadamente a la calle con el móvil para hacer lo más importante: escuchar a su hija y saber cómo le ha ido el examen.


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