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"Conceptos como influencer o cualquiera de estas idioteces modernas me parecen perversiones de lo que debería ser un artista"

18/09/2018 07:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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No me extrañaría que, tal como andan las cosas, las performances del artista Adrián Pino se conviertan pronto en una forma de terrorismo que permita perseguirle de manera legal e impedirle el acceso a los museos en los que desarrolla su obra. Al fin y al cabo, como se apunta en algunos de los artículos que se han sucedido estos últimos días a raíz de su reciente intervención en el Museo del Prado, sus desnudos pueden constituir una ofensa a determinadas sensibilidades. Desde el Reina Sofía, señalan que los desnudos son habituales en las perfomances que realizan algunos artistas en el centro, pero que en esos casos se avisa a los espectadores sobre el contenido explícito que van a ver. No es el caso de Adrián, que no avisa y que actúa de improviso, tiñendo sus acciones de una provocación original que no puede ser desactivada políticamente. Solo así puede generar un arte ajeno a los dispositivos que lo canalizan, domestican y legitiman.

Pero entender su propuesta únicamente como una voluntad de transgresión le quitaría valor. Como también se lo quitaría reducir su discurso al ya cada vez más manido cuestionamiento del género, como se ha hecho desde El País en un artículo a doble página, aprovechando su última performance delante del Adán y Eva de Durero, junto a la artista Jet Brühl. Ese nuevo matiz de su obra parece seducir más a los medios que los discursos previos, y seguramente también a Adrián, quien está viendo cómo sus intervenciones pasan de ser contadas desde la banalidad del suceso perpretado por un friki, a ser tomadas como una sesuda reivindicación política acorde con los aires de nuestro tiempo.

Pero vayamos a lo que importa: Adrián Pino es autor de uno de los proyectos más interesantes y viscerales del arte barcelonés. Fuera de vernissages y otras politesses típicas del sector, el marco de actuación de este artista es Europa, sus capitales y sus museos. Su obra más relevante hasta esta fecha es el llamado Proyecto V, que desarrolla desde hace un año. En él, Adrián Pino ha intervenido distintas obras del canon artístico occidental, desnudándose delante de cuadros de su elección para rendirles culto a la vez que reivindicar la concepción mística, ritual y mágica del acto creador. Así lo ha hecho delante de la Venus de Botticelli, de la Ofelia de Millais, de la Maja de Goya o de la Gioconda de Da Vinci. Su repercusión ha sido amplia: desde la constante aparición en medios europeos hasta las aulas de incontables instituciones, universidades, talleres o charlas sobre estética, en las que Adrián, en varios registros, ha ido desmenuzando su propuesta artística.

Quizás algunas de las consecuencias más relevantes de su proyecto sea la manera en la que sus intervenciones fuerzan a pensar "distintamente", operando aquello que Marcel Duchamp llamaba una "transformación del espíritu". Sus desnudos, más allá de generar polémica, tienen como principal consecuencia desmontar los dispositivos que dicen trazar la frontera que separa al arte de todo lo demás: museos, instituciones, la crítica, el reseñismo, las galerías, etc. Durante su gira europea, Adrián Pino no ha hecho más que romper constantemente con el encantamiento al que estaban sometidas algunas joyas de nuestra tradición artística, devolver la fuerza a esas obras que desde hace años y siglos, como él dice, son poco más que piezas de espectáculo. Al desnudo del barroco le devuelve su carne y su mística; a la diosa de la fertilidad, su carácter totémico; a Ofelia le devuelve su crítica de una sociedad asfixiante (la del castillo de Hamlet) que enloquece a los espíritus libres, y a Manet, el escándalo que provocó su Déjeuner sur l'herbe. Pino retorna por unos instantes la fuerza originaria de esas obras y nos las hace contemporáneas. A eso debe sumársele por supuesto el carácter político de toda ella: su reivindicación de la mujer y su crítica a la sociedad capitalista y heteropatriarcal, representada irónicamente con ese gesto castrador de esconderse los genitales entre las piernas, simulando una pulcra vagina.

Proyecto V terminó hace unas semanas en una pequeña galería del Poble Español (Àcid sulfúric). Este proyecto, de cualidades artísticas indudables, llama la atención por genuino. Al oír a Adrián Pino hablar de su obra y acompañarle en su recorrido y crecimiento como artista, uno se da cuenta de que todo lo que sale de él lo hace desde un lugar muy puro, algo destacable si se entiende que en el mundo del arte no siempre es fácil dar con artistas que no creen con la única pretensión de poder llamarse artistas. A Adrián Pino le da igual si se le llama artista o farsante, provocador o ignorante, exhibicionista o payaso. Tampoco le importa haber pasado hasta veinticuatro horas encarcelado y otras tantas retenido en comisarías y prisiones europeas. El arte es lo de menos. Y lo de más.

Decía Ovidi Montllor en su famosa Crítica y autocrítica: "yo explico aquí, y a mi manera, unos hechos, unos tiempos, un querer, una idea" para luego concluir con ese "yo soy el artista, el cantante, el payaso". ¿Qué significa para ti ser "artista", tú que admites que no te haya molestado ser también considerado un "payaso"?

Para mí el artista es una suerte de médium que trae al plano de lo real una serie de imágenes, conceptos o reflexiones del plano sensible o inconsciente

Para mí el artista es una suerte de médium que trae al plano de lo real una serie de imágenes, conceptos o reflexiones del plano sensible o inconsciente. Arquetipos visuales que apelan a lo más esencial del alma humana (lo bello, lo horrible, el deseo, el miedo) y que de esta manera permiten un conocimiento del individuo. Por eso en este mundo nuestro regido por reglas de producción económicas y poco atento al desarrollo del espiritual del ser, el arte tiene poco sentido y el artista es un proscrito sin función aparente. ¿Para qué sirve un artista? Cuando no puedes dar una respuesta que haga pensar en cifras, difícilmente le vas a servir al sistema y vas a recibir el respeto de la sociedad. Por eso el artista laureado es el artista que vende. Y no tengo nada contra eso. El problema es que para llegar a ser laureado muchos son capaces de arrastrarse y convertirse en auténticos payasos. Mantenerse en el terreno de la dignidad, más en esta época, cuesta.

Siempre me he sentido identificado con esa forma de crítica muy anti-académica, muy de terreno, que encarnó Baudelaire. Esa voluntad permanente de encontrar un nuevo grado cero de la crítica, desprovista de todo prejuicio: afinando el ojo para encontrar en lo nuevo o en lo "insignificante" nuevas cartografías estéticas que luego resulta que guardan más que evidentes puentes con la tradición del arte canónico, e incluso pueden llegar a representarlo mejor que otras obras más asentadas que le preceden. Tu obra, especialmente el Proyecto V, tiene todo eso. Lo más pequeño, acaba pudiendo hablar de todo lo demás?

Completamente. Y en el caso de Proyecto V lo más pequeño es ahí el cuerpo, que es una especie de mínimo común denominador, como el rasgo más elemental que nos define a todos por igual y desde el que se puede expresar el todo. Porque a través de mis desnudos frente a aquellas obras de arte estaba hablando del sexo, el género, lo clásico, lo moderno, al tiempo que los viajes a cada ciudad y cada museo eran una especie de odisea, la aventura como estructura fundamental de cualquier forma de expresión. Creo realmente que el proyecto despertó mucho interés por eso, porque aunaba de una vez la tradición académica con la expresión más profundamente anti-académica y daba pie a muchas e interesantes incoherencias que hablan precisamente de la crisis que vivimos en nuestro tiempo y la necesidad de rescatar aspectos del pasado. Así pues, diría que mi cuerpo actuaba como manifiesto de diversas cosas al mismo tiempo, empezando por algo tan sencillo como la libertad del hombre, algo que suena naïf pero que es el motor que nos empuja a existir.

Proyecto V es, a mi modo de ver, la conjunción perfecta entre el deseo de provocar (y el no-future de cuando uno se inscribe en los márgenes de la cultura) y una pureza inequívoca. La provocación es una técnica que desde hace un siglo (y probablemente desde siempre) ha servido a los artistas para hacerse escuchar por encima del ruido de un mundo que no tiene tiempo para pensar en el arte. Muchos artistas han trabajado la provocación a través de conceptos y gestos, pero no tanto desde el arte en sí. Aunque podría pensarse que has seguido la misma estrategia, creo que en tu obra la provocación tiene un grado muy menor de importancia respeto a lo que realmente te propones: una visión estética, idealizada, romántica y barroca del Mundo, de la carne, del hombre y de la mujer, del tiempo y del sexo. Algo que, partiendo de obras como la Ofelia de Millais, reflexiona sobre nuestro presente más rabioso. ¿Acaso no es la misión más importante del artista, hablarnos de quiénes somos hoy, a partir de quienes hemos sido o quienes podemos ser?

Sí, por eso las derivas que ha tomado el concepto de artista en los últimos tiempos, como influencer, trendsetter o cualquiera de estas idioteces modernas me parecen perversiones de lo que debería ser en esencia un artista, que es una persona dedicada al relato de lo que es ser hombre y de los miedos y deseos del hombre. Evidentemente que se puede recurrir a técnicas más o menos canónicas, pero el fin último de un artista no es el reconocimiento o la popularidad, sino la noble y sincera causa de sacar a la luz desde lo más profundo y lo más nebuloso aquellas verdades que nos hacen ser quienes somos como especie. El espectáculo es otra cosa.

Adrián del Pino durante una performance en el Louvre.

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Adrián del Pino durante una performance en el Louvre.

Decía Karl Lagerfeld que, por definición, vivimos siempre entre pompiers. Que el arte que le interesa es el arte que le "toca". Que todo lo demás son conceptos, más o menos interesantes, más o menos polémicos, juegos de palabras, ingenio, pero que no es arte. ¿Te sientes identificado con ese análisis?

Me parece curioso que alguien que pertenece a un mundo tan banal y superficial como el de la moda afirme eso, pero sí, estoy de acuerdo. Los grandes maestros del arte, aquellos a los que hemos colocado en el panteón de la Historia del Arte, son artistas que han hablado de cosas que nos tocan, que nos llegan, que nos hacen sentir algo, pertenezcamos a la clase social que pertenezcamos y tengamos más o menos conocimientos sobre sus obras. Porque son obras que hablan por sí solas no necesitan ningún mediador o algún elemento acelerador. Obras que efectivamente tocan por su excelencia en el retrato de lo que nos distingue de las bestias: lo sensible, lo místico, lo irónico, incluso la conciencia de bestia. Ahora pienso en la genial escena de la peli The Square en la que el performer se hace pasar por mono y acosa sin miramientos a los burgueses del banquete; eso es Arte, un ir más allá para sacudir la conciencia y despertar los sentidos. Si bien esa sacudida se puede hacer de muchas formas, tampoco afirmo que tengan que ser siempre de manera bestial, pues entonces se cae en una especie de provocación barata que tampoco me interesa.

Toda tu obra trabaja el sentimiento de religiosidad o directamente el ritual tribal, la magia, quedando la razón y las "teorías" sobre las que el arte más reciente tendía a construir su discurso en un plano muy relegado. ¿Estamos en un mundo sacudido por una crisis espiritual?

Creo que estamos en una era de pérdida total en la que nos hemos percatado que el capitalismo ya no nos satisface, pero tampoco sabemos muy bien qué alternativa tomar. Una especie de cansancio global donde cada quien busca una manera de entretenerse. En este sentido, creo que la cuestión espiritual como solución debe afrontarse con cuidado, para no convertirla en un refugio de hipsters haciendo yoga para sentirse cool. El hecho espiritual va mucho más allá de eso, es un constante replantearse el ser y intentar avanzar hacia un conocimiento más profundo, erradicando todos aquellos límites que no nos permiten sacar en mayor potencial de nosotros mismos y acercarnos a una suerte de verdad íntima. Por eso creo que el recogimiento, el silencio, el contacto afectuoso son procesos espirituales que pueden sanar al hombre de la miseria imperante y acercarlo a un nuevo estadio bajo mi punto de vista más auténtico.

Tu obra consiste, en cierta medida, ponerte delante de otras obras que admiras, para demostrar que el ojo es incapaz de ver, apreciar o pensar el arte del pasado a través de los dispositivos del museo, del canon o del turismo. Tu intervención, de algún modo, nos obliga a repensar el carácter, no solamente de tu obra, sino de la obra que estás interviniendo.

Con Proyecto V, como comentaba antes, quería establecer esa especie de puente entre el presente y el pasado, y traer a la realidad una serie de cuestiones como el ritual o la invocación de fuerzas mágicas que han perdido todo el sentido en nuestro tiempo y que por ello eran interpretadas como algo freak. Pero para mí la obra actuaba básicamente de ese modo, como recipiente de una belleza, de una fuerza que yo quería despertar con mi cuerpo. Viendo el museo como un cementerio donde no ocurre nada, mi intervención era un soplo de aire fresco para revitalizar el poder de ese arte académico empolvado. Esos cuadros hoy en día no son más que telones de fondo para que los turistas se tomen selfies. Digamos que yo los usé para reivindicar su valor y a la vez para establecer un discurso que incluye cuestiones de género (el hombre encarnando la Venus), cuestiones políticas sobre los límites del arte de acción o las lógicas que operan tras el concepto de icónico, algo que quise vivir en propia piel acercándome y emulando a dichas obras.

Tom Wolfe habló sobradamente del arte conceptual y del riesgo de que ese se convirtiese en una "palabra pintada". ¿Cómo te sientes, en nuestra época de redes sociales y personal branding, cuando tienes que "vender", como predicador en el desierto, lo que tu arte es o deja de ser? ¿El artista tiene que hablar o dejar hablar? ¿Está éste peor que antes de la aparición de internet?

Esa repetición continuada del yo y la justificación del yo me llevó a un punto de extenuación y pérdida en la que incluso sentía asco de mí mismo

Yo creo que el artista debe hablar, pero debe hablar poco. Y debe aparecer poco. Como me dijo una vez un buen amigo, "el artista debe desaparecer". Ahora entiendo más que nunca esas palabras: el artista no debe ser en ningún caso el primer protagonista de su obra, sino que es su obra la que debe hablar por él. Él solo ha de ser un mediador que plasme determinados conceptos, sensaciones, etc. Cualquier sofisticación del artista no deja de operarse desde la lógica capitalista del showbussiness y las stars; desde esa perspectiva creo que el artista caduca muy pronto y se puede hacer profundamente pesado. Y esto último es una autocrítica. Durante un año estuve completamente expuesto, tanto en lo físico, por el tipo de proyecto en el que estaba inmerso, como por mis continuas exposiciones en los medios, conferencias, entrevistas. Esa repetición continuada del yo y la justificación del yo me llevó a un punto de extenuación y pérdida en la que incluso sentía asco de mí mismo. Ahora, dando un paso atrás y operando desde la sombra, me siento más tranquilo. Me limito a lo que debe hacer un artista (crear) y me reservo mucho en la necesidad de justificar mi obra. Mi obra es la que es, y que cada uno la lea como prefiera.

Porqué "V" ya no es, y qué viene después de "V". ¿Ha cambiado tu rol como artista?

Si con Proyecto V me dediqué a exponer constantemente mi persona, ahora estoy exhibiendo a otros seres, pero con un formato y finalidad distintos: se trata de instalaciones de esculturas humanas donde coloco seres vivos como obras de arte. Uso además objetos cotidianos con sentido metafórico, tejiendo así entre las personas y esos objetos una red simbólica que invito a desentrañar al público. Además, todo el conjunto está sumido en un profundo silencio, de modo que esas instalaciones son también una oportunidad para la meditación y para reconciliarse con un sentimiento introspectivo que creo muy maltrecho en esta era de continua exposición. Para mí, iniciar esta nueva etapa ha significado sobre todo tener la tranquilidad suficiente para poder comunicar la belleza en la que creo de manera más acertada y reposada. Es una suerte de cura. Con Proyecto V apenas tenía unos segundos para comunicar esa belleza antes de que me arrestaran, y esa frustración también acabó minándome.

¿Qué es para ti el arte? ¿Qué sientes cuando creas?

Una comunión muy agradable conmigo mismo, con lo que soy en esencia. Eso es para mi el Arte, un viaje a la Esencia.

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Àlex Reig (Barcelona, 1989) es escritor y vive en Barcelona. Es autor de algunos poemarios y una novela de culto. Es máster en Filosofía contemporánea por la Universidad de Vincennes - Paris 8.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
Visitas:
1996
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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