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En defensa del municipalismo republicano

27/02/2018 13:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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En los últimos días, las alcaldesas de Madrid y Barcelona han sido objeto de críticas especialmente exaltadas por parte de diversos medios y partidos políticos. El pecado aparente es haber "desplantado" a Felipe VI en dos actos públicos, la Feria Internacional de Arte, ARCO, y la inauguración del Congreso Mundial del Móvil. El tono alterado, sin embargo, parece reflejar un temor más profundo: que las ciudades, que el llamado municipalismo del cambio, pueda encarnar un proyecto regeneracionista, republicano, de futuro, capaz de hacer frente a la involución autoritaria que estamos viviendo.

El republicanismo es una filosofía, una práctica, que implica mucho más que la crítica de la monarquía. Supone compromiso cívico, defensa del interés general e impulso de una democracia avanzada, innovadora, en el ámbito político, económico, cultural, de las relaciones de género. Y una apuesta clara, obviamente, por el buen gobierno y por la lucha contra la corrupción.

La puesta en práctica de estos objetivos implica a diferentes escalas administrativas. Pero comienza en el ámbito municipal. Las ciudades son el laboratorio en el que se gesta el republicanismo del día a día, el de las cosas concretas. Cuando una ciudad dignifica sus barrios, cuando recupera la gestión pública de bienes como el agua o la energía, cuando planta cara a los grandes fondos especulativos, construye cultura republicana. Lo mismo que cuando amplía los espacios verdes, cuando rinde cuentas ante sus vecinos, cuando se asume como ciudad amiga de la ciencia o como ciudad feminista, más cuidadora y amable.

Este republicanismo cotidiano exige el impulso de una esfera pública vibrante, en la que circulen ideas diversas, contrapropuestas y muy diferentes a las propias. Sobre todo aquellas que no se suelen oír o que están infrarrepresentadas en el espacio público. Por eso, cuando una feria como ARCO ordena, por primera vez en su historia, retirar un cuadro porque en él aparecen fotos pixeladas de personas que el artista considera presos políticos, es la diversidad, la riqueza cultural de la propia ciudad la que se resiente.

En un contexto así, que la alcaldesa de Madrid, velando por la libertad artística y creativa de su ciudad, decida no acompañar a Felipe VI a la inauguración de la Feria, debería verse como una reacción cívica, republicana, elemental. Es más, lo que debería sorprender es que el monarca no haya hecho nada para evitar esta censura absurda. Sobre todo si, como él mismo sostiene, su papel es defender una Constitución que otorga valor preferente a libertades como la de expresión o creación.

Pero el problema es más grave. A lo largo de estos años, la Corona se ha ido configurando como una institución blindada frente a la crítica pública, incluso en términos penales. Esto constituye una anomalía en relación con otras monarquías europeas. Pero sobre todo supone un freno a la innovación, a la creatividad y al dinamismo social, que tienen un impacto evidente en la vida cotidiana. Una ciudad en la que un rapero y otros artistas saben que pueden ir a la cárcel por criticar a una institución no electa y reacia a todo escrutinio público, es una ciudad mutilada en sus potencialidades culturales. Por eso, el republicanismo municipalista del siglo XXI va muchos más allá de la crítica de la monarquía. Pero no puede renunciar a plantearla cada vez que esta aparece vinculada a anacronismos que empobrecen el día a día.

Esta semana, Felipe VI visitó Barcelona con ocasión del Congreso Mundial del Móvil. Lo hizo por primera vez después del discurso del 3 de octubre en el que justificó la represión de gente pacífica. Y lo hizo, también, pocos días después de la sentencia contra el joven rapero y de la censura de la muestra de ARCO. Con ese trasfondo, no debería sorprender que prácticas como el "besamanos", antes poco cuestionadas, aparecieran de pronto como signos inadmisibles de vasallaje. Es más, en Barcelona, mucha gente se preguntó por primera vez por qué un congreso ligado a la innovación y al progreso tecnológico debía estar tan vinculado a una institución anclada en anacronismos impropios del siglo XXI.

La rabia suscitada por los gestos de Manuela Carmena y Ada Colau es la de quienes se sienten amenazados cuando dos alcaldesas dan la cara en defensa de las libertades básicas, de la creatividad y de la innovación. Que es lo que está pasando en España, pero también en otros rincones del planeta, como muestra la prometedora red norteamericana de ciudades refugio contra Trump. Este compromiso puede desquiciar a los que querrían que nada cambie. Pero es la esperanza de muchísima gente que ve en la ola municipalista que se abre paso entre el autoritarismo y el privilegio, el anuncio de una marea de mayor libertad, igualdad y fraternidad.

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Gerardo Pisarello es primer teniente de alcalde de Barcelona.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
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