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Cómo detener la violencia en el fútbol con un poco de humor y un buen libro. Lo semejante, de Jean Simó

06/03/2018 13:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tras los incidentes del pasado 22 de febrero en Bilbao, en los que resultó muerto un policía tras sufrir un infarto durante los enfrentamientos entre los hinchas del Athletic de Bilbao y los del Spartak de Moscú, la opinión pública parece estar despertando de su absurdo letargo

Solo hubo un fallecido pero podrían haber sido más. Los telediarios muestran sin asombro alguno imágenes de los ultras avanzando sus intenciones violentas a través de las redes, mostrando sus entrenamientos para pelear, sus mensajes amenazantes a los hinchas del equipo rival. Y en lugar de ser expulsados por su club, en lugar de prohibirles la entrada en el campo, se les escolta hasta el estadio como si fueran personas importantes, como si no tuviéramos capacidad para frenar sus maldades, como si debiéramos plegarnos a sus deseos para que el partido no acabe en tragedia.

Y así lo entienden ellos porque se lo permitimos. Es bochornoso comprobar como el resto de aficionados y ciudadanos asumen esta violencia como algo natural y recurrente y, lejos de frenarla, la toleran y se amoldan a ella.

Un día antes del citado partido, los reporteros televisivos se acercaron a San Mamés para preguntar a los vecinos qué opinaban sobre los altercados posibles y cómo se comportaban frente a esa amenaza. Varios vecinos señalaron las inconveniencias, afirmaron que sus hijos no irían al colegio por precaución, y uno, incluso, afirmaba: “Nos quedaremos en casa para evitar problemas y veremos el partido” tras lo cual ríe satisfecho ante una realidad que no tiene nada de cómico.

¿Qué estamos haciendo con el fútbol? ¿Por qué permitimos entre risas que los violentos campen a sus anchas?

Si duda es por dos razones esenciales: porque el fútbol mueve mucho dinero y porque somos tan estúpidos como para pensar que no es nuestra responsabilidad o no podemos cambiarlo.

Hemos dejado que un encuentro deportivo se convierta en algo horrible, en una manera de humillar al contrario, de sentirse superior y de demostrarlo con la violencia física y verbal. Hemos permitido que grupos de ideología racista, xenófoba y agresiva enarbolen los títulos de los más fieles seguidores para encubrir sus horribles hazañas tras una bandera.

Tal y como dice el autor, “si el fútbol se jugara según sus reglas sería un deporte”. Y sería un deporte bonito y noble

¿Qué hay en el concepto de este deporte que provoca unos seguidores tan diferentes a los seguidores pacíficos y deportivos de otros? ¿Por qué permitimos que la conducta oficial de la afición en el campo sea insultar y menospreciar al rival cuando no lo permitimos fuera?

El artista multidisciplinar Jean Simó, harto de décadas de soportar incrédulo esta conducta social ha decidido rebelarse en un libro cuya portada representa a una pelota de fútbol que imita la cara de Hitler. A través de una metáfora salvaje y llena de humor, el autor nos presenta un ensayo enajenado y lúcido en el cual se compara la euforia de los hinchas del fútbol con la adoración nazi. Va aportando anécdotas humorísticas pero también datos contrastados de tragedias sucedidas en nombre del deporte rey que podrían haberse evitado. Plantea la incongruencia de vivir en una sociedad orientada a los valores de progreso, tolerancia y respeto, que sin embargo se desfoga los domingos humillando e insultando a sus semejantes por la gracia de una pelota de fútbol. Plantea la incongruencia de que a pesar de lo anterior quien no disfruta de este deporte llega a ser considerado “raro”. Plantea la necesidad de despertar y darnos cuenta de que solo se trata de una simple pelota de fútbol y que las muertes y agresiones en su nombre no se pueden permitir si deseamos ser seres humanos.

Y va aún más allá y postula un dilema moral a los lectores:

Los que no disfrutan de este deporte tal y como está concebido hoy en día deberían ser valientes y expresarlo.

Los que disfrutan de él ignorando las consecuencias violentas y ofensivas que lo rodean están fomentando que la situación continúe como está.

Para los que disfrutan insultando al contrario, al árbitro o a sus propios jugadores, para los que ejercen la violencia contra sus semejantes, para los que se asocian bajo una bandera que justifique sus horribles actos, Jean Simó propone el adjetivo de subhumanos. Puesto que ellos consideran lícito insultar a lo “diferente” también podrán ser menospreciados. Puesto que no ven el error en sus actos menospreciarlos es la manera de que se enteren. No escoltándolos por las calles. No permitiendo que lo vuelvan a hacer. No considerándolos tu afición. Expulsándolos de los clubes. Desterrando la violencia verbal y física del campo y fomentando la deportividad de disfrutar de un buen juego, sin faltas ni trucos, que gane el mejor.

Tal y como dice el autor, “si el fútbol se jugara según sus reglas sería un deporte”.

Y sería un deporte bonito y noble del que podríamos disfrutar todos.

 

¿Qué hay en el concepto de este deporte que provoca unos seguidores tan diferentes a los seguidores pacíficos y deportivos de otros?

Visita la obra aquí.

 


Sobre esta noticia

Autor:
La Equilibrista Editorial (3 noticias)
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