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Los mejores diez economistas colombianos (ya fallecidos)

10/07/2011 08:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Recientemente, The American Economic Review (AER), tal vez la revista académica de economía más prestigiosa a nivel internacional, celebró sus primeros 100 años escogiendo los mejores 20 artículos de toda la historia. Anif se puso en la tarea de analizar el material seleccionado, encontrando algunos sesgos de selección por parte del comité escogido para ello. En primer lugar, notamos un sesgo de carácter generacional, ya que el 85% de los artículos escogidos se había publicado durante el "corto" período 1960-1980. Este período "coincidía" con la era en que la mayoría de los miembros del comité seleccionador había estado en las cúspides de sus carreras académicas. Un segundo sesgo (bastante obvio) era que las escogencias se inclinarían a favor del "mundo anglosajón", de donde era originaria la AER. Sin embargo, en el resto de temas encontramos un balance bastante adecuado en términos de áreas (macro vs. micro) y en campos específicos (monetaria, crecimiento, laboral, fiscal, etc.), donde 12 de los 20 artículos seleccionados incluían autores que habían recibido premios Nobel de Economía (iniciados tan sólo en 1969).

Se afirma con razón que los pueblos que no estudian y reconocen su historia son proclives a repetir sus errores. Siguiendo el ejemplo de la AER, nos ha parecido conveniente hacer un homenaje a los economistas colombianos (ya fallecidos) con el fin de resaltar sus virtudes y aprender de sus legados. La historia de los economistas y de su formación académica es más bien reciente. Por ejemplo, las dos facultades más prestigiosas de economía de Colombia aún no completan sus primeros 100 años, pues la de la Universidad de los Andes data de 1948 y la de la Universidad Nacional de 1952. No es extraño entonces que el grueso de las actuaciones en el campo económico colombiano del período 1925-1970 haya estado dominado por abogados que fungían de economistas. A partir de allí, vendría una "profesionalización" del manejo económico y una interesante amalgama entre los técnicos y los políticos, dando origen a los llamados tecnopols. Para escoger y honrar a los mejores economistas (académicos y prácticos) ya fallecidos del período 1925-presente, decidimos realizar un sondeo entre economistas y abogados con amplia experiencia en el debate académico y manejo de la economía colombiana.

En esta nota reportaremos y analizaremos los resultados de cerca de 40 encuestados que amablemente decidieron colaborar con Anif en esta tarea de corte histórico. Las respuestas individuales permanecerán confidenciales, como lo prometimos; lamentamos no haber incluido algunas respuestas que nos llegaron extemporáneas; hemos excluido algunas pocas respuestas que no se ceñían a lo requerido (incluyeron economistas aún vivos) y, por supuesto, respetamos las señales (implícitas) de algunos encuestados que nos daban a entender que tendríamos que esperar un tiempo más, antes de que ellos fallecieran, para poderlos incluir en la "lista corta" de los candidatos a ser seleccionados como los mejores economistas de Colombia.

Como veremos, los cinco mejores economistas colombianos (ya fallecidos) escogidos por dicho panel de encuestados fueron: 1. Álvaro López Toro (académico "puro" dedicado a los temas de población-migración); 2. Esteban Jaramillo (ministro de Hacienda y tratadista de las finanzas públicas); 3. Carlos Lleras Restrepo (Presidente de la República y gran político liberal); 4. Juan Luis Londoño (ministro de Protección Social y académico especializado en temas sociales), y 5. Ulpiano Ayala (viceministro de Hacienda y académico dedicado a los temas de seguridad social).

Nuestro análisis indica que estas escogencias parecen haber estado libres de sesgos a favor del "añejamiento" (preferencia por los fallecidos hace mucho tiempo), aunque pudo ocurrir algo de sesgo por "muerte prematura" (2 de 5 y 3 de los 10 primeros seleccionados fallecieron a los 37-46 años frente a la media de 65 años, algo más de una desviación estándar). Tratamos de inferir posibles sesgos de votantes con mayor conocimiento fiscal prefiriendo a economistas con grandes ejecutorias en ese campo o, de forma similar, banqueros centrales vivientes prefiriendo a banqueros centrales difuntos. Cerca de un 50% de los escogidos se destacó por ejecutorias fiscales, pero ello no parecía provenir de votantes-fiscalistas, y sólo un 10% de los escogidos tenía un claro sello de banquero central, sin una correspondencia clara con votantes-banqueros.

Encuesta y metodología utilizada

Como ya señalamos, se le preguntó a economistas y abogados "experimentados" sus preferencias por los tres mejores economistas ya fallecidos, académicos y/o prácticos, cuyas ejecutorias correspondieran al período 1925-presente.

Para facilitar sus respuestas, se les proporcionó a los votantes los 20 más conocidos, en orden alfabético, dándoles la opción (explícita) de incluir cualquier otro no mencionado en dicha lista. Recibimos 39 respuestas, de las cuales sólo 3 escogieron menos de 3 nombres, pero 10 votantes sugirieron nombres adicionales, siendo el más común el de Lauchlin Currie (economista de origen canadiense, nacionalizado en Colombia y quien vivió 44 años en el país de sus 91 de vida). Hemos supuesto que las respuestas dadas revelan preferencias jerárquicas (1 a 3), no simplemente alfabéticas (sólo 5 de las 39 aparecían como tales).

Resultados

El cuadro 1 reporta los resultados de los mejores 10 economistas ya fallecidos con actuaciones durante el período 1925-presente, según este sondeo, ocupando los tres primeros lugares: 1. Álvaro López Toro (1926-1972); 2. Esteban Jaramillo (1874-1947), y 3. Carlos Lleras Restrepo (1908-1990). Este ordenamiento corresponde al ranking jerárquico (cuyos votos se ponderaron según el orden de preferencia reportado).

Nótese que dicho ordenamiento sólo se vería ligeramente alterado en terceras y cuartas posiciones si suponemos voto no preferente.

Sesgos de elegidos y votantes

Desde el punto de vista de los elegidos, exploramos dos tipos de posibles sesgos a favor de: 1. Aquellos fallecidos hace mucho tiempo, teniendo supuestamente el

"factor histórico a su favor" (el cual denominaremos "añejamiento"), y 2. Aquellos fallecidos tempranamente (sesgo de "muerte prematura"), donde existe evidencia de un factor de "héroe" en aquellos gobernantes, por ejemplo, que fueron asesinados sin conocerles sus posibles malas ejecutorias (J. E. Gaitán y L. C. Galán en Colombia; o JFK y M. L. King en Estados Unidos). De hecho, puede afirmarse que no ha habido mejor gobernante que aquel que nunca llegó al poder. Desde el punto de vista de los votantes, puede existir un sesgo a favor de quienes se identifican con su especialidad. En particular, un economista fiscalista podría tener un sesgo de voto a favor de aquellos que estudiaron y/o impulsaron este tipo de políticas; o es posible encontrar banqueros centrales vivientes eligiendo a banqueros centrales fallecidos.

El cuadro 1 indica que no existe un "sesgo de añejamiento", en parte porque se trata de un área social relativamente nueva (con tan sólo unos 60 años de economía como profesión); por ejemplo, las fechas de fallecimiento de los tres mejores economistas son diversas (1972, 1947 y 1990). En cambio, parece existir algo de sesgo por "muerte prematura" (2 de 5 y 3 de los 10 primeros seleccionados fallecieron a los 37-46 años frente a la media de 65 años, algo más de una desviación estándar).

El gráfico 1 presenta el resumen de nuestro análisis de posible sesgo de los votantes identificándose con el interés de los elegidos. Allí clasificamos el posible sesgo de los votantes y elegidos en su especialización como fiscalistas vs. banqueros centrales (una simple preferencia de orientación en sus carreras profesionales). Alguien con una clara inclinación hacia temas fiscales lo registramos con sesgo 3 fiscal; o los inclinados hacia temas de banca central se registran con sesgo 3 banquero; aquellos sin preferencia manifiesta aparecen como neutros (obviamente esta clasificación es subjetiva y se basa simplemente en nuestra percepción de votantes/elegidos). Aunque cerca de un 50% de los escogidos se destacó por ejecutorias fiscales, ello no parecía provenir de votantes-fiscalistas, y sólo un 10% de los escogidos tenía un claro sello de banquero central, sin una correspondencia clara con votantes-banqueros. Dicho de otra manera, los votantes no parecen estar ejerciendo sesgos a favor de su rama de desempeño. Muchos banqueros eligieron a fiscalistas, mientras muchos fiscalistas eligieron indistintamente fiscalistas, banqueros o neutros.

Comentario ANIF


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Sebastián Celis Maya (3029 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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