Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Diasporaweb escriba una noticia?

Desmontando el mito del Alcazar de Toledo

15
- +
28/05/2019 06:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El asedio al Alcazar de Toledo al comienzo de 36 fue uno de los episodios que ensalzo en mucho la guerra de Franco, tras el Alzamiento de julio 1936.De él va un resumen al cumplirse los 82 años del hecho

El asedio del Alcázar de Toledo adquirió la condición de mito heroico franquista cuando el general Franco decidió que su asalto al Madrid republicano podía esperar, pues –por razones simbólicas- merecía la pena liberar antes a los cadetes, guardias civiles y falangistas que se habían refugiado en la Academia de Infantería de Toledo(el Alcázar), después de fracasar en su sublevación contra el gobierno legítimo de la Segunda República. La dictadura difundió una versión épica y con tintes religiosos de una presunta conversación telefónica entre el coronel José Moscardó(mámimo jefe  militar del Alcázar) y su hijo Luis, (cadete) detenido por las autoridades republicanas. Se dijo que Cándido Cabello, jefe local de Izquierda Republicana y secretario del colegio de abogados de Toledo, instó al coronel Moscardó a rendirse, amenazándole con fusilar a su hijo si no lo hacía.

Al parecer la conversación nunca llegó a producirse. La versión franquista sostiene que el coronel Moscardó se negó a rendirse, pero antes intercambió unas palabras con su hijo, pidiéndole que muriera con entereza. La propaganda de la dictadura aseguró  por los medios de entonces en toda la España en poder de Franco(colegios, iglesias, conventos, pueblo)  que la amenaza se materializó ese mismo día, y el chico murio heroicamente, pero ahora se ha sabido que el joven Luis no fue pasado por las armas ni ese día ni los siguientes sino hasta el 23 de agosto, no por la amenaza, sino en ocasión de una represalia de un grupo de milicianos que tras asaltar la Prisión Provincial de Toledo, fusiló a 40 presos franquistas como venganza por un bárbaro bombardeo aéreo de la aviación alemana de Franco contra la población civil que produjo casi un centenar de víctimas.

Algunas fuentes sostienen que Cándido Cabello se había limitado a informar a Moscardó de la detención de su hijo, sin formular ningún ultimátum. La mítica (y seguramente inexistente) conversación telefónica entre padre e hijo sirvió para ocultar durante años que el coronel Moscardó tomó más de un centenar de rehenes entre la población civil de Toledo, incluidos mujeres y niños. Según Luis Quintanilla, autor de Los rehenes del Alcázar de Toledo (París, 1967), todos fueron fusilados y sus cadáveres se utilizaron para taponar las brechas abiertas por los obuses pero teniendo la magnífica línea defensiva del promontorio de la ciudad y sus viejas murallas al norte, protegido el resto por el río Tajo, todo era cuestión de paciencia.. Pero ya veremos cómo, desde el fracaso de los sublevados en Madrid, la única intención de los defensores de Toledo fue la de esperar que sus compañeros legaran y les librasen del encierro, escribe Quintanilla.

El gobierno republicano, el comandante Rojo, el embajador de Chile y otros diplomáticos sudamericanos realizaron gestiones para liberar a los rehenes y evacuar a las mujeres y niños de los sublevados presos en el Alcázar, pero Moscardó se negó a negociar, sin la autorización del “Gobierno Nacional de Burgos”. Las columnas y del coronel Valera llegaron por fim a las puertas de la fortaleza, cuyas torres ya muy vetustas habían sido voladas por los milicianos.Antes del asalto final, Franco había destituido al coronel Yagüe y le asignó el mando de sus tropas al coronel Varela.

 

 Yagüe ya era famoso, había recorrido 500 kilómetros en cuatro semanas, perpetrando horribles matanzas en Andalucía y Extremadura, lo cual había provocado que sus tropas fueran conocidas como “la columna de la muerte”. Las masacres de Badajoz, Mérida y Almendralejo son particularmente conocidas internacionalmente. De hecho, los corresponsales Jay Allen, Mário Neves y John T. Whitaker presenciaron los crímenes cometidos en Badajoz por los legionarios, los regulares, lo moros. Mário Neves descubrió una enorme columna de humo blanco y, gracias a una conversación ocasional con un sacerdote, localizó su procedencia. Las tropas de Yagüe habían amontonado miles de cadáveres de sus víctimas en el cementerio e incineraban sus restos con gasolina. Horrorizado, Neves envió un despacho telefónico a su periódico, el Diário de Lisboa, comunicando su intención irrevocable de partir hacia otro lugar: “Me voy. Quiero salir de Badajoz, cueste lo que cueste, tan pronto como sea posible y con la firme promesa de no regresar”. No menos sobrecogido, Allen escribió para el Chicago Tribune: “Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. […] La represión comenzó en canto Yague tomó la ciudad. “En la plaza de toros, han fusilado con ametralladoras desde los tendidos a más de 2.000 hombres y mujeres apiñados en los ruedos . Hay más sangre de la que uno pueda imaginar en 2.000 cuerpos”. John T. Whitaker interrogó al coronel Yagüe, preguntándole si era cierto que el coronel había fusilado a 4.000 prisioneros republicanos. Sin ningún pudor, Yagüe contesto: “Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj hacia el norte? ¿Suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar que volvieran a edificar una Badajoz roja?” En La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz (2003), el historiador Francisco Espinosa Maestre documenta la identidad de 1.518 personas fusiladas en Badajoz por las tropas del coronel Yagüe, rebajando el alcance de la represión, pero al mismo tiempo indica que en toda la provincia la cifra total de ejecuciones supera las 14.000. Espinosa, que realizó un minucioso trabajo de campo pueblo por pueblo, sostiene que la represión “no fue una consecuencia de la guerra, sino una de sus razones explicativas fundamentales:…”La violencia formaba parte del proyecto inicial de Franco, Mola y los insurgentes, dispuestos a exterminar a todos los elementos de la sociedad española –políticos, sindicalistas, profesionales, maestros, obreros…- que habían contribuido a articular la alternativa reformista iniciada por la república en 1931”. Para Espinosa, Badajoz es una prefiguración de Auschwitz.

 Para Juan Yagüe, el objetivo primero era Madrid 

El coronel Yagüe era partidario de continuar hacia Madrid, el objetivo primordial, sacrificando –si era necesario- el Alcázar, pues lo esencial era evitar cualquier demora que permitiera al gobierno de la República rehacerse y reforzar la defensa de la capital.Discutía en vano con el Caudillo. Franco entendía que su objeción era plausible, pero atribuía un enorme valor simbólico a la liberación del Alcázar suuficiente como para sacrificar Madrid. De hecho, le confesaría más tarde al periodista portugués Armando Boaventura: “Cometimos un enorme error militar y lo cometimos deliberadamente”. Por eso, reemplazó a Yagüe por Varela, que aceptaba el cambio de planes, aunque no se mostró menos brutal respecto al cambio. Aunque prometió respetar la vida de los milicianos y soldados de infantería capturados en el Alcazar, no sobrevivió ninguno de los 3000 combatientes heridos a los que se atendía en el Hospital de San Juan Bautista. Primero con bayonetas y, más tarde, con granadas, las tropas de Varela los mataron a todos, con el testimonio de Whitaker, que también cubrió la caída de Toledo.A todos, y lo peor_las veinte mujeres embarazadas que se hallaban en Maternidad local  fueron tambien fusiladas contra las tapias del cementerio (Isabelo Herreros, El Alcázar de Toledo. Mitología de la cruzada de Franco, Madrid, Vosa, p. 75). Moscardó, visiblemente deteriorado y con el uniforme lleno de polvo, saludó a Varela con un lacónico: “Sin novedad en el Alcázar”. Al día siguiente, repitió el gesto y palabras ante Franco con la presencia de periodistas y fotógrafos que informaron al mundo de la supuesta “epopeya”. Se comparó al coronel Moscardó con Guzmán el Bueno, que según la leyenda arrojó su propio puñal a los benimerines (una dinastía bereber) cuando le ofrecieron la vida de su hijo a cambio de rendir Tarifa.El mito quedaba al completo.

Por número y profesionalidad, el grupo principal de la defensa del Alcázar recayó en la Guardia Civil mandada por el jefe de la Comandancia de Toledo, el teniente coronel Pedro Romero Basart, que por disciplina se puso a las órdenes del coronel de infantería  y director de la Academia José Moscardó Ituarte.Pero quien impartió las órdenes fue Basart, mientras Moscardó permanecía encerrado en su habitación y en sí mismo hasta que le llegó la hora de la gloria. 

 La intencion de convertir el asedio del Alcázar en un mito minimizó u ocultó ciertos detalles básicos, como que casi no había cadetes en la Academia –el resto disfrutaba del período de permiso- y que el teniente coronel de la Guardia Civil Pedro Romero Bassart fue silenciado. De hecho, sin los 800 agentes de la Benemérita que se sublevaron contra la república y se pasaron a Franco refugiandose en el Alcázar, Moscardó no hubiera podido frenar el asalto de las fuerzas republicanas, pues el resto de la guarnición del asedio estaba compuesta por 110 civiles militarizados.

Hace unos años, el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia definía a Franco como “autoritario pero no totalitario” y destacaba su “frío valor” en el campo de batalla. En Alemania, nadie se atrevería a escribir algo semejante sobre Hitler, tal vez porque Hitler perdió la guerra y, en cambio, el espíritu de Franco siguió flotando en la España que siguió. Sus herederos ideológicos  gobiernaron años y años y la jefatura del estado siguió en manos de la monarquía restaurada por el dictador poco antes de muerte.

Por número y profesionalidad, el grupo principal de la defensa del Alcázar recayó en la Guardia Civil mandada por el jefe de la Comandancia de Toledo, el teniente coronel Pedro Romero Basart, del  que hemos hablado.

Cronologicamente lo que ocurrió fue esto:El 21 de julio de 1936 una guarnición de Guardias Civiles y militares sublevados

contra la república se encerraron en la fortaleza con mujeres y niños. Durante setenta días aguantaron el asedio de los milicianos republicanos hasta que el 27 de septiembre las tropas de Franco liberaron la fortaleza en ruinas. Al día siguiente, el general sería nombrado jefe del Estado nacional

A las 5.30 rompen el fuego las piezas de 15.5 emplazadas en Pinedo, y entre las 30 detonaciones que disparan se oye una de mayor intensidad que llena de polvo y humo muy negro todas las dependencias del Alcázar. Es el 27 de septiembre de 1936, la última entrada del diario del asedio del coronel José Moscardó, que dirige a los sitiados en el Alcázar de Toledo. Es todo un relato novelesco, para mayores y niños de la España que Franco tenía en su poder.Para entonces la fortaleza y sus alrededores son, un amasijo de hierro y ruinas.

"Se supuso que era la explosión de una mina pues en la explanada Este y cerca del Torreón Norte que tiene aproximadamente unos 30 metros de diámetro por cuatro o cinco de profundidad (...) se veía el embudo producido por la mina, Inmediatamente de la explosión y cañoneo, empieza el intento de asalto". Fuera de los muros, el comisario soviético Kolstov presencia el último ataque de las tropas republicanas, mientras a su espalda se divisan ya las columnas del Tabor de Regulares de Tetuán y la V bandera de la legión que avanzan para romper el cerco de los sitiados. La detonación de "mayor intensidad" es la cuarta mina para volar los muros de la vieja fortaleza. Dirigidas hasta los cimientos del edificio, las dos del 18 de septiembre, las minas derribaron el torreón suroeste, y la fachada oeste. A los sitiados les quedaban provisiones para seis días como mucho. El guión de la épica  del asedio del Alcázar fue en sí mismo un guión inmejorable para la propaganda franquista, de un irresistible atractivo, que lo reprodujeron todos los medios entonces existentes con ayuda de “Afa” alemana y del ministro Goebels. . Lo protagonizó el entonces coronel Moscardó, aunque sería Franco, el 21 de septiembre de 1936, cuando ya llevaban dos meses de asedio, el que le daría la forma definitiva. Las tropas de Africa como se llamaban a sí mismas las de Franco, avanzaban desde julio hacia Madrid para tomar la capital y poner fin a la República. Cuando llegaron a Maqueda, la capital estaba a tiro. Las defensas republicanas carecían de orden y armamento, su línea era débil, el camino estaba  casi expedito, las puertas de Madrid aguardaban expectantes

 

Franco, que había prometido su liberación inmediata, cambió la decisión que cambiaría el transcurso de la guerra justo en Maqueda: abandonar la marcha hacia Madrid y dirigirse a Toledo, a socorrer a los sitiados. Una escueta orden que escondía un meditado plan que le encumbraría como líder indiscutible de los sublevados. La República lo había convertido también en un símbolo. La Republica dedicó esfuerzos ímprobos para lograr la rendición del atrevido general: hasta el presidente del gobierno Largo Caballero fue en persona a comprobar su la amenaza de Franco era cierta ya que ninguno de los dos bandos tenía valor militar.

Setenta días antes, el 21 de julio de 1936, el coronel José Moscardó Ituarte director de la Escuela de Gimnasia del Ejército, oficial de mayor graduación en Toledo, había declarado el Estado de Guerra, que se leyó en la plaza de Zocodover. Antes, había dado orden de recoger todas las municiones de la fábrica de armas de la ciudad hacia el interior del Alcázar para encerrarse con una compañía de la Guardia Civil y algunos estudiantes de las academias. En total unos 1.000 hombres, 693 de la benemérita.

Fue precisamente al final de la toma del Alcazar que el general Franco obtuvo el mando unificado de sus fuerzas durante la guerra civil española

Muchos no habían elegido encerrarse dentro sino todo lo contrario, pero  no hubo más remedio, y no todos eran familias de los Guardias Civiles sublevados ni enemigos de los alzados.

Con ellos, a más de medio millar de mujeres y niños  se los llevaron también a su interior. "Desde este momento empezó el asedió del Alcázar, adonde se llevó al Gobernador Civil con sus familiares y varias otrs personas  izquierdistas en calidad de rehenes", tal y como declararía por escrito el entonces general José Moscardó el 5 de julio de 1939. Los elementos que convertirían "el asedio" en en epopeya y en un episodio rayando el mito y amplificado por el franquismo y la propaganda nazi.Todo, pronto no tardaría en aparecer.

Según e relato que se difundió por entonces,

 El jefe de las milicias de Toledo, Cándido Cabello, pidió hablar por teléfono con el coronel Moscardó:

"Coronel, más le vale rendirse cuanto antes...

"El Alcazar no se rendirá jamás"

Jefe de Milicias: Son Uds. responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí a mi lado.

Coronel Moscardó: ¡Lo creo!

 

Tomado de 'El Alcázar de Toledo".  A Luis Moscardó no le fusilarían en los diez minutos siguientes, ni al día siguiente, ni diez horas después. Lo harían el 23 de agosto junto a una saca de otros sesenta presos de Toledo. La conversación, la heroicidad de Moscardó y la vileza de los milicianos se convirtieron en uno de los hitos del bando nacional. Sin embargo, no parece que cumplieron su amenaza, ni que su muerte fuera consecuencia de la conversación sino una saca de presos como otra cualquiera. El propio Moscardó dudaba de que lo fueran a asesinar, tal y como escribiría a su esposa en una de sus cartas, durante el asedio: Carta de José Moscardó a su esposa, 25 de julio de 1936

"No te quiero decir la amargura que tengo sabiendo que nuestro Luis está en poder de esa gente. Ya sabrás que el jefe me llamó por teléfono el día 23 y me dijo que si en el término de diez minutos no nos rendíamos, lo mandaba fusilar, y por si yo dudaba, le hizo venir al teléfono y hablara conmigo para convencerme de que era él. 

La versión de la conversación telefónica la pusieron en duda por algunos autores después de la guerra, especialmente por Luis Quintanilla -que vivió el asedio desde las filas republicanas- en su libro 'Los Rehenes del Alcázar' (1961) y el corresponsal del New York Times Herbert L. Mathews en 'The yoke and the arrows' (1957), aunque el norteamericano se retractaría públicamente en una carta pocos años después. Los argumentos fundamentales fueron que para entonces la línea telefónica estaba cortada, aunque en realidad estaba intervenida, al menos durante las primeras semanas: los sitiados no podían realizar llamadas pero si recibirlas.La conversación fue como todo entonces improbable.

 

Las cartas de Moscardó son reveladoras, aunque parece poco probable una invención de la escena en una misiva personal. Por otra parte, se recogieron varios testimonios en ambos lados de la línea que aseguraron escuchar una conversación como recogerían Luis Togores y Alfonso Bullón de Mendoza. Un aspecto menos difundido es que apenas un día después, un grupo de los Guardias Civiles sitiados hicieron una incursión en la ciudad, mataron al dirigente del PSOE, Domingo Alonso, y se llevaron de rehenes a su mujer y sus hijas.

 Carne de caballo racionada.Lo de la carne de caballo es exagerado y no es ningún heroismo. En Francia se comía carne de caballo. El encierro entre los muros del Alcázar pronto demostraría su brutalidad: como albergaba la academia disponía de una nutrida despensa, pero al ser periodo vacacional estaba casi vacía. Dentro había cerca de 1.800 personas, a las que no les faltó el agua, debido a los pozos que disponía la fortaleza y que aunque, racionada, no escaseó, pero sí la comida. Las incursiones para lograr víveres fueron en su mayoría fallidas.

Se lograron algunos sacos de trigo de un depósito cercano pero la base de la alimentación, racionada fueron los caballos

Con el trigo o faltó ni el pan base de la alimentación, racionada, fueron los caballos y las mulas de las cuadras de la academia en el perímetro exterior de la fortaleza aún bajo control de los sitiados. 190 caballos de los que al final sólo quedó uno. Hubo carne para todos.

 El fuego de artillería fue incesante durante todo el asedio, aunque fueron las minas las que provocaron los mayores destrozos. Las autoridades republicanas se volcaron en su destrucción. Hubo dos grandes asaltos y un intento de negociación que le fue encomendada al prestigioso Vicente Rojo, que había dado clase en el Alcázar. Rojo entró en la fortaleza para parlamentar con Moscardó el 8 de septiembre, ofreciendo la evacuación de las mujeres y los niños primero con los rehenes después y la rendición al final. No se fusilaría a nadie.

 

Mientras, en el Palacio de los Golfines, en Extremadura, el cuartel general de Francisco Franco, se dirimían las tensiones entre los golpistas. Franco era ya 'Primus inter pares' como reconocían abiertamente ya la mayoría de los generales sublevados. El éxito del avance de su Ejército de África, con las columnas del general Yagüe cosechando victorias y la confianza cada vez mayor que depositaban los nazis con von Richthofen, mano derecha entonces de Hitler, en el liderazgo de la fuerza aérea de Franco, le habían situado como líder. Canalizaba ya la ayuda alemana, pero necesitaba el golpe de efecto. El Alcázar, por su simbolismo y la atención internacional, era el objetivo. Según el historiador Paul Preston, Franco supeditó la dirección militar a su éxito político: (*) "Franco perdió dos semanas mientras tomaba brutalmente Toledo con los moros y se ocupaba de lo relativo a su propio ascenso político. Esa dilación constituiría la diferencia entre una excelente oportunidad para entrar fácilmente en Madrid y el hecho de tener que emprender un largo asedio como resultado de la reorganización de las defensas de la capital y la llegada de la ayuda extranjera".'Sois cojonudos'La Junta de Defensa se tenía que reunir el día 28, aunque un acuerdo del día 21 tenía entre en sus puntos el de concederle la jefatura militar. Sin embargo, la decisión de desviar el avance sobre Madrid para liberar el Alcázar le otorgaría mucho más. Franco sustituyó a Yagüe, partidario de seguir hacia Madrid, por su amigo de las campañas del Rif, el general Enrique Varela. El día 21, siguiendo las órdenes de Franco se dirigió a tomar Toledo. Seis días después, estaban a las puertas. Para el historiador Luis Suárez, la decisión de Franco no implicaba renunciar a la capital, porque creía que ambos objetivos podían lograrse (**). Primó el golpe propagandístico.

A las nueve de las noche las tropas marroquíes alcanzaron el esqueleto y los escombros de la antigua fortaleza

 

Después de la ofensiva republicana de la mañana del día 27, y la explosión de la última mina, las columnas de Asensio, la vanguardia de Varela, llegaron a Toledo. A las nueve de las noche el Tabor de Regulares de Tetuán, alcanzó el esqueleto y los escombros de lo que una vez fue la antigua fortaleza, seguidos de un destacamento de la Legión. Unos soldados macilentos les recibieron con vítores a España. Rápidamente descendieron del éxtasis patriótico: "Sois cojonudos". La mañana siguiente el coronel Moscardó recibió al general Enrique Varela: "En el Alcázar, sin novedad".Pero la cita con la historia estaba, ese mismo día, en Salamanca. Los generales golpistas de la Junta de Defensa, entre ellos Kindelán y Cabanellas, se habían reunido para firmar el decreto que unificaría el mando de las tropas rebeldes. Pero en la redacción del decreto no sólo se incluyó el de la jefatura militar para Francisco Franco, sino el de la jefatura del Estado. Mando absoluto.Según Luis Suárez: "Kindelán recuerda que cuando leyó el decreto hubo vacilaciones porque Cabanellas y quienes le apoyaban no querían que nadie pudiera acumular en su persona tal plenitud de poder. Pero durante el almuerzo las noticias amplias del éxito logrado en Toledo, donde la resistencia enemiga había cesado y de las aclamaciones populares en Cáceres, quebraron toda resistencia", Se introdujo un aclaración "mientras dure la guerra", que molestó enormemente a Franco y su mención pronto desapareció.A Moscardó, el peso de la épica le alcanzaría. Varela le había propuesto para la Laureada, la más alta condecoración militar, pero cuando salió de los muros derruidos, había perdido dos hijos. La defensa del Alcázar fue una gesta notable de nulo valor estratégico, tanto para los rebeldes como para los republicanos. Ambos altamente magnificados, lo cual les venía bien a ambos. No evitó que los dos lados lo convirtieran en una cuestión de prestigio.

Franco llegó dos días más tarde de la liberación y les arengó afirmando que "habían ganado la guerra", en un momento de exaltación. Se refería al cónclave del día anterior en el que había sido nombrado Jefe del Estado. Franco quería decir que con el mando único no habría forma de detenerles: "El 1 de octubre habiendo triunfado en Toledo, Franco asumiría el mando supremo; sus compañeros de armas le ofrecieron la dictadura, que rechazó: exigía más, la Jefatura del Estado, la del Gobierno y el mando absoluto sobre todo el Ejército" (***). Ya no eran rebeldes, sino el Ejército Nacional. Todos, bajo su mando supremo, para la guerra, y para la eventual paz.(*) 'Franco', Paul Preston (Debate)(**) 'Franco', Luis Suárez (Ariel)(***) 'Franco y el Tercer Reich' Luis Suárez (La Esfera de los libros)

 

A finales del año 1936 Von Richthoffen fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor en el Pais Vasco tomando el cargo en enero de 1937. Destacó su papel de organización, poder y mando durante la campaña del norte contra Euskadi y fue considerado uno de los principales responsables del bombardeo de Guernica y Durango. La aviación alemana en el norte y en Madrid, Barcelona y la Batalla del Ebro, fueron decisivas para la victoria franquista. Richthofen regresó a Alemania a finales de año y en noviembre de 1938 fue ascendido por Hitler a comandante en jefe de la Legión Cóndor en España. Con el final de la contienda es nombrado mayor general del Reich y condecorado con la Cruz española de oro y brillantes. Tuvo una destacada actuación en la Segunda Guerra Mundial en el frente este y en especial en Stalingrado a cargo de los suministros de las tropas en la ciudad. En 1944 fue retirado del servicio por enfermedad y muere al año siguiente siendo prisionero de las tropas norteamericanas.


Sobre esta noticia

Autor:
Diasporaweb (1560 noticias)
Visitas:
57
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.