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Ernest Mandel: "la crisis sirve, como es sabido, para acentuar la concentración y la centralización del capital."

25/09/2014 02:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Con motivo del centenario del Padre Marx, Ernest Mandel fue invitado a concelebrar en México mediante la impartición de un seminario, "La clase obrera en el pensamiento de Marx", que tuvo lugar durante la primera semana de agosto en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, bajo el copatrocinio de las respectivas divisiones de estudios de posgrado de las facultades de Economía y Ciencias Políticas. Poco antes de partir de nuevo al extranjero el 12 de agosto, Mandel accedió a sostener una entrevista con Nexos en torno al inevitable tema de la crisis mundial, sus salidas posibles y las perspectivas de los países periféricos, y México entre ellos. Ofrecemos sus reflexiones como un rápido e iluminador esfuerzo de síntesis de las varias fracturas que condicionan el rumbo de la economía mundial, sus posibles "soluciones" (una fragmentación general del mercado o una acentuación de los procesos de internacionalización del capital) y sus devastadores efectos sobre el conjunto de los países subdesarrollados y de desarrollo intermedio. Ernest Mandel es autor entre otras obras del clásico Tratado de economía marxista, de El Capitalismo tardío Crítica del eurocomunismo y La crisis, todos editados en México por Era. NEXOS: ¿Cuál es la relación entre las crisis en los países de desarrollo intermedio, como México, y la crisis mundial actual? MANDEL: La crisis mundial, cuyas manifestaciones iniciales se remontan a los inicios de los años 70, no castigó por igual en su primera fase a los países industrializados y a los semiindustrializados. Países como Brasil, México, Corea del Sur, los países de la OPEP mantuvieron un ritmo sostenido de crecimiento económico. Esta desincronización de la crisis engañó a muchos, que creyeron en la posibilidad para ciertos países de eludir los efectos de la crisis y basaron sus proyectos económicos en esa perspectiva. Pero cuando en la recesión que se inicia en 1980 la crisis entró en sincronía en todos los países, los efectos fueron mucho peores sobre los del llamado Tercer Mundo. Ha llegado a alcanzar contornos de verdadera catástrofe económica en los países más pobres. Por ejemplo, ¿sabe usted que la ración alimenticia promedio de un trabajador boliviano hoy es equivalente a la de un prisionero de un campo de concentración nazi en 1940? También aquellos proyectos y planes económicos entraron en crisis. Indonesia ha abandonado planes de inversión por 2 millones de dólares. Algo similar ha ocurrido en los países de la OPEP. Sólo Arabia Saudita y los emiratos del Golfo mantienen sus inversiones y no se sabe hasta cuándo. Puede imaginarse el golpe que esto significa, a su vez, para el capital financiero. Las formas que ha tomado la crisis confirman lo que marxistas hemos sostenido desde siempre: no se puede considerar país, sino que sólo es posible analizar la crisis a partir del conjunto de la estructura mundial de la economía. NEXOS: ¿Qué consecuencias trae esta sincronización de la crisis para los países de desarrollo industrial intermedio y para los menos desarrollados? MANDEL: Enunciaré las siete consecuencias principales que, a mi juicio, está teniendo la crisis sobre los países semiindustrializados y exportadores de materias primas. Primero, hay una bala en los precios de las materias primas y en consecuencia de los ingresos de esos países por sus exportaciones. La gran mayoría de éstas, en los países semiindustrializados, siguen siendo exportaciones de materias primas. Esa baja significó en 1981, para el total de esos países, una disminución del 15% en sus ingresos, y en 1982 una disminución adicional del 12% sobre el total ya disminuido del año precedente. Esto evidentemente ha aumentado su dependencia financiera y los sujeta a la disciplina del FMI. Segundo, la relativa reanimación de la economía que se ha iniciado en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania y Japón, tiene lugar sin un aumento de los precios de las materias primas. Esta nueva desincronización, ahora en la reanimación, se debe entre otros factores a las reservas de materias primas acumuladas por esos países en el periodo anterior. Por otro lado, los mismos países industrializados se han vuelto grandes productores y exportadores de materias primas. Europa occidental, por ejemplo, es el mayor competidor de América Latina en la exportación de productos alimenticios (carnes, cereales) mientras grandes planes de producción para la exportación en estos últimos países (por ejemplo, los proyectos sobre la soya en Brasil) no dieron los resultados esperados. Es sabido además el poder de la presencia de Estados Unidos en la exportación de alimentos. Tercero, las medidas contra la inflación en los países industrializados son, en parte, una hipocresía ideológica; pero también responden a una necesidad. Una inflación incontrolada produce una huelga general de inversión de capitales productivos, que van a la especulación, y afecta la reproducción económica hasta el punto de la parálisis. Las medidas deflacionistas, como los cortes presupuestarios y las altas tasas de interés, forman parte indudablemente del proyecto de un sector de la burguesía imperialista contra la clase obrera y los sindicatos en su propio territorio, contra la burguesía de los países del Tercer Mundo y también contra otros sectores imperialistas. Pero también se les presentan a ellos como una necesidad ineludible para la recuperación del sistema. Esto significa un golpe terrible para los países dependientes que habían financiado su desarrollo anterior con grandes deudas externas. Para México, por ejemplo, la tasa de interés de su deuda externa subió del 6 por ciento en 1977 al 18 por ciento en 1982, a lo cual hay que agregar el efecto de la baja de los precios de las exportaciones. El aumento de la tasa de interés en los Estados Unidos en los últimos días ya cuesta mil quinientos millones de dólares. Cuarto, esto significa un cambio cualitativo de la estructura y de las consecuencias del endeudamiento internacional. Es un hecho confirmado por toda la historia del capitalismo que cada ola de industrialización se ha financiado parcialmente con créditos extranjeros. No hay otro modo, por otra parte, pues si los capitales existieran en el lugar no se trataría de países menos desarrollados que se industrializan. Ahora bien, la deuda externa es soportable si hay crecimiento permanente de la economía. Es el viejo dicho: "Get yourself rich by spending". Pero esto es verdad a corto y medio plazo. A largo plazo, las deudas deben ser pagadas y en una coyuntura peor. De este modo, antes los créditos servían para el desarrollo. Ahora sólo sirven para pagar apenas el servicio de las viejas deudas. Casi toda América Latina ha entrado en este círculo vicioso del endeudamiento externo, con algunas puntas muy notorias como Brasil, México, Argentina y Venezuela. Quinto, de lo anterior se desprende una enorme baja de la inversión productiva en estos países, con el consiguiente aumento del desempleo, ya estructuralmente elevado en muchos de ellos. La disminución de sus recursos impone cortes drásticos en sus importaciones. Pero, dada la estructura y los intereses que gobiernan la sociedad capitalista, hay importaciones que no se pueden cortar: los bienes de lujo, los gastos militares, la energía y, por otro lado, ciertos alimentos básicos. Entonces los cortes se concentran prioritariamente en los bienes de inversión: maquinaria y repuestos, con el consiguiente efecto sobre el conjunto del aparato productivo. Esto repercute a su vez, como puede imaginarse, sobre los países industrializados exportadores de esos bienes. El otro aspecto de esta baja de la inversión productiva es la disminución de recursos financieros, y en consecuencia un alto rapidísimo al crecimiento económico que parecía haberse mantenido en la fase previa de la crisis mundial. México es un ejemplo dramático de esta situación, pero también Brasil, Corea del Sur, Sudáfrica y otros países. Sexto, tenemos entonces, como resultado, una contracción del mercado interno, de la producción industrial, de las exportaciones y de la ocupación, incluso en los sectores no vinculados a la exportación y a las multinacionales. Esto se ve agravado por las tendencias al proteccionismo, y al nacionalismo económico en los países industrializados: hay en el aire un olor a fragmentación del mercado mundial, aunque esto no se haya concretado. Toda la ayuda actual al "Tercer Mundo" es una suma menor que cuanto esos países del "Tercer Mundo" pierden con el proteccionismo de los países imperialistas. En estos últimos hay una lucha muy grande entre quienes quieren cargar toda la crisis sobre el sector más pobre del mundo (asalariados, países pobres) y quienes tienden a comprender que esto significaría para ellos mismos un terrible costo social. Personalmente opino que ocurrirá algo intermedio: los sectores más duros e imbéciles, que por momentos aparecen predominantes en la administración de Estados Unidos (basta pensar en la señora Kirkpatrick) no triunfará a largo plazo porque su política es suicida. Séptimo, el aspecto estructural más importante, es que la crisis sirve, como es sabido, para acentuar la concentración y la centralización del capital. Esto significa una desvalorización de todas las ramas menos productivas: fortalece a los fuertes y elimina a los débiles. Como el grado de centralización del capital es hoy cualitativamente más elevado que en los años 30, esto nos da una diferencia muy grande en las reacciones frente a la crisis. Entonces la reacción fue fundamentalmente nacionalista, con la tendencia al fraccionamiento del mercado mundial, al establecimiento de acuerdos de clearing y aun de trueque y a otras medidas proteccionistas. Este fue el caso de Alemania, Italia, Japón, pero también de Estados Unidos con el abandono del patrón oro en los inicios de la era de Roosevelt. Nacionalismo y proteccionismo fueron la nota dominante. Hoy la economía mundial está dominada por las multinacionales, cuya estrategia es muy diferente, y es preciso entender hasta qué punto es diferente. Por ejemplo, en la industria automotriz de Estados Unidos podemos ver dos reacciones opuestas del gran capital. Una es puramente proteccionista, contra las importaciones japonesas, apoyada por la burocracia sindical conservadora y que sería un suicidio para la industria. La otra propone lo contrario: mantener la tendencia a salir a producir a donde se produce más barato, la tendencia a la internacionalización de los procesos productivos y la descentralización mundial de la industria. Aunque ambas reacciones se manifiesten, la lógica de las multinacionales va en el sentido de esta última. De este modo, la crisis significará un nuevo salto adelante en la internacionalización del capital. NEXOS: ¿Usted considera dominante esta última tendencia? Mandel: Efectivamente, las tendencias al proteccionismo tienen sus límites en los países industrializados. En el interior del Mercado Común Europeo, el proteccionismo no existe. Se ejerce contra Estados Unidos, Japón u otros países, pero no entre las fronteras de los países que integran el Mercado Común. Por otra parte, avanza la integración de ciertas ramas industriales de punta que requieren enormes capitales y recursos tecnológicos. La integración en el sector de aviación europeo es un éxito. Pronto quedarán en realidad sólo dos grandes empresas mundiales en la rama de aviación: por un lado la empresa integrada a escala europea (Francia, Inglaterra, Alemania, Italia) que produce el Airbus, por el otro la Boeing de Estados Unidos, pues es previsible que la Douglas, la otra gran empresa norteamericana que aún subsiste, no pueda sostenerse sin ser integrada. En la competencia entre estas dos empresas, los estadounidenses cuentan con la ventaja que significa su enorme mercado de adquisiciones militares. NEXOS: ¿No podrían, a su vez, los países de desarrollo intermedio responder a esos procesos estimulando su propia producción de bienes de capital y planes propios de desarrollo nacional? MANDEL: Sí, se han hecho proyectos, algunos en marcha, hacia una nueva política de sustitución de importaciones en América Latina, esta vez de bienes de capital. Técnicamente, sería posible, ya que incluso la dependencia tecnológica no es absoluta para países como Brasil e incluso México y Argentina. Se puede suponer que los bienes de capital que producirían tendrían un retraso tecnológico de cinco o diez años con respecto a los producidos en los países imperialistas, pero cualquiera aceptará que es mejor tener máquinas un poco más anticuadas que no tener ninguna máquina porque no hay divisas para importarlas. Sin embargo, esto es posible con una condición: ¿tienen esos países y sus Estados el control del mercado de capital y de las decisiones de inversión, o están en manos de las multinacionales? Pienso que esto dependerá, sobre todo, de la estrategia de los centros más poderosos, es decir, de las multinacionales: si deciden continuar con la industrialización del "Tercer Mundo" o se repliegan en la crisis. Ellos tomarán las decisiones finales, no los gobiernos de estos países: no es un problema de voluntad, sino de lógica del modo de producción capitalista, del capitalismo tardío. No se puede excluir que estos países hagan intentos en ese sentido, pero el centro de toma de decisión de estas políticas económicas, particularmente en lo que se refiere a los bienes de capital, está en los países imperialistas, no en los países dependientes. Aquí se plantea una pregunta: ¿tendremos el mismo fenómeno de los años 30, con la aparición de tendencias burguesas en estos últimos países que, aun recurriendo a demagogia nacionalista, la utilizan para ciertos fines reales y ciertas tareas reales de reorganización de la economía y el Estado? Mi opinión es que no. Aunque ideológicamente esas tendencias puedan existir en estos países, particularmente en aquellos con mayor desarrollo intermedio, hay ahora un peso cualitativamente mayor de los sectores de la burguesía más ligados al imperialismo y asociados a su perspectiva. Ellos tratarán de ubicarse en una nueva división del mercado mundial dirigido por las multinacionales. En esa vía buscarán su salida a la crisis. NEXOS: Si tal fuera la situación, ¿cuáles serían, en su opinión, las vías o formas de salida de la crisis que deberían buscar los trabajadores de estos países y cómo podrían implementarlas? MANDEL: No es tarea de las masas trabajadoras ni de sus organizaciones ayudar al capitalismo a curarse de su crisis. Los trabajadores deben ante todo defender sus conquistas, defender su poder adquisitivo y su empleo, luchar contra el alza de precios y la desocupación defender y extender la seguridad social. Una clase que no es capaz de defender las viejas conquistas nunca podrá conquistar otras nuevas. El descontento y la indignación que se apoderan de las masas a medida que la crisis se extiende y se profundiza deben ser centralizados y canalizados hacia un objetivo preciso: el derribamiento del imperialismo y del capitalismo. Con este objetivo, habría que plantear un programa de acción que combine las reivindicaciones inmediatas y las reivindicaciones transitorias. Evidentemente, éstas son diferentes según los países, ya que parten de las preocupaciones concretas de los trabajadores de la ciudad y del campo de cada país y de sus lazos con las organizaciones de masas. Mientras actúan para lograr la más amplia unidad de acción para objetivos precisos, los revolucionarios deben poner énfasis, sobre todo, en la conquista y la consolidación de la independencia política y organizativa de clase del proletariado. Entre las reivindicaciones transitorias que adquieren una importancia particular en América Latina en el curso de la crisis actual, mencionaré: la adecuación automática, mensual, de los salarios al alza del costo de la vida, la organización de comités de barrio para el control de los precios; el rechazo de toda imposición o diktat del Fondo Monetario Internacional; la moratoria de la deuda externa; un programa de emergencia de obras públicas para reducir la desocupación, programa cuyo eje sea la construcción de viviendas y de obras de infraestructura para los colonos y marginados; la ocupación de las tierras de los ricos por los campesinos pobres; el financiamiento de todas las medidas de emergencia mediante la creación de un Consejo Central del Sector Nacionalizado, incluida la banca nacionalizada, con participación mayoritaria de los representantes de los trabajadores y de los campesinos en dicho sector, y mediante la expropiación del capital extranjero; el control obrero generalizado sobre la producción, como acaba de demandar la Central Obrera Boliviana en su país. Los capitalistas responderán en todas partes, como lo hacen en Bolivia, clamando que semejante programa los lleva a la bancarrota y a la ruina. Los trabajadores responderán que la política de austeridad, de agravación de la dependencia y de capitulación ante el capital internacional los lleva a ellos, los trabajadores, a la miseria y al hambre. Es un dilema que es preciso resolver mediante la movilización y la lucha generales, pasando de la defensiva a la ofensiva. Fuente: Nexos


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