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Garoña, un foco de radiación para su entorno. Su desmantelamiento dañaría sólo los intereses económicos de Nuclenor y asociados

09/07/2013 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Átomos para la paz" fue el lema del General Presidente Eisenhower para la Guerra Fría. Uno de sus aliados era el Genral Francisco Franco. De ahí derivaron todas las centrales nucleares que el régimen creó con ayuda norteamericana de espaldas al pueblo español

El permiso de explotación de la central nuclear más antigua del estado español, Garoña, situada en Burgos, terminó un minuto antes de día de San Fermín. Ya en Diciembre 2012, Garoña se desacopló de la red eléctrica para transferir su combustible gastado a la piscina de almacenamiento, una decisión que adoptó por su desacuerdo con las nuevas tasas contenidas en la Ley de Medidas Fiscales para la sostenibilidad energética. Nuclenor quiere que el cierre sea gratis. No está de acuerdo con los impuestos que gravan el combustible gastado y los residuos radiactivos desde el 1 de enero 2013.

El Real Decreto oficialmente ordenaba el cese de explotación de una central con 42 años de vida. Sin embargo, su continuidad no solo no está descartada sino que ha sido anunciada virtualmente. El Gobierno insiste en que la actividad se ha interrumpido por motivos económicos y no de seguridad, se ha sacado de la manga un decreto ley que daría un año más a Nuclenor, la empresa propietaria, para reengancharse a la producción eléctrica.

Las normativas del Ministerio de Industria incluidas dentro del Real Decreto tienen como objetivo flexibilizar las condiciones de reapertura de una central nuclear cerrada por motivos económicos, como es el caso de Garoña. Mientras tanto, Nuclenor ha emitido también un comunicado en el que anuncia que "no renuncia a la posibilidad de encontrar un escenario para solicitar una renovación, en caso de que las condiciones así lo permitiesen" y ha dicho además que "afronta" la declaración de cese de explotación de la actividad asegurando que en el "periodo de transición" no tomará decisiones "irreversibles" para la operación de la central hasta que se presente esa oportunidad de reabrirla en el futuro". No lo dice, pero lo que espera es que la "oportunidad" sea una multinacional nuclearista sea de donde sea que patrocine Garoña y sea negocio para Nuclenor.

Hace unos días, el propio ministro de Industria, José Manuel Soria, dijo que era una "buena noticia" que los propietarios de Garoña (las compañías eléctricas Endesa e Iberdrola) hubieran pedido un nuevo plazo para poder alargar su vida útil y avanzó que su departamento se la concedería si el CSN la autorizaba asegurando que "se cumplen las garantías de seguridad adecuadas para este tipo de instalaciones". Eso está hecho.

Eso refuerza el talante del ministro Soria, empeñado-a como dé lugar-que Garoña siga vivo, aunque sepa que la peligrosidad aumenta con la edad. Literalmente, el Ministerio de Industria ha declarado que dejaba una "puerta abierta" para que su compañía propietaria, Nuclenor, siga adelante con la central, ‘como si de una instalación nueva se tratara‘. ’Todas las facilidades’, y quedan prohibidas las palabras desmantelamiento, fugas radiactivas, residuos nucleares, vejez y desgaste de las instalaciones, etc...

Mientras tanto, los 281 trabajadores de la central siguen haciendo tareas de mantenimiento. En torno a la mitad de los 463 empleados de las 50 subcontratas de la central han sido despedidos.

La espera genera tensión en la plantilla a pesar de que Nuclenor les ha garantizado que, en el peor de los escenarios, les recolocará en otras centrales. De hecho, Nuclenor (participada a un 50% entre Iberdrola y Endesa) ha comunicado a sus casi 300 trabajadores que no habrá despidos, porque considera que el cierre es aún "reversible". El PP sigue siendo generoso.

Nuclenor incorporará las "importantes mejoras" que le obliga la Unión Europea tras las pruebas de resistencia que se hicieron a los reactores después del grave accidente de la central japonesa de Fukushima. Otra falacia más. Si hay dinero, hay la Garoña de siempre con sus achaques, con sus ‘incidentes’ que es como llaman a las fugas que ni tan siquiera son accidentes.

Cumpliendo los requisitos de la llama Ley de Energía Nuclear y con un nuevo permiso de explotación a la vetusta planta nuclear, en las mentes del sector nuclear español se da por hecho que el costo de unos 200 millones de euros que la reapertura de Garoña involucra, estaría a cargo del gobierno o multinacional que quiera subvencionar Garoña. No problems.

Los grupos ecologistas han vuelto a pedir al gobierno un plan de cierre de todas las centrales nucleares españolas, empezando por Garoña, ya que hay motivos más que suficientes para iniciar la transición hacia un modelo sostenible, 100% renovable, que genere empleo y que sea respetuoso con el medio ambiente y con las personas. Los ecologistas exigen a Nuclenor que ponga en marcha ya un plan de desmantelamiento, porque consideran que su reactor es inseguro, por cierto hermano gemelo de uno de los que provocaron el segundo accidente nuclear más grave de la historia: el de la planta japonesa de Fukushima.

Hay un comentario de un usuario de la Cadena SER, del día 8 de julio, que vale la pena reproducir y DIASPORA lo añade a este reportaje:

"Si en vez de a 45 km de Vitoria o 90 de Bilbao (la zona mas industrializada y con mayor PIB e ID por metro cuadrado de toda España con mucha diferencia) o Burgos, Garoña estuviese a 90 o 40 de Madrid se hubiese cerrado hace 15 años. Esta Central nuclear la más antigua de Europa y casi del mundo, con más de 42 años en servicio (planificada para 25) y amortizada hace 30 años, es una vergüenza. Produce tan solo el 1.2% de la energía eléctrica española (cualquier ciclo combinado decente produce mas el doble). Es un peligro tener este cascajo que tiene una cantidad de incidentes al año muy superior a la media, y por su tipo (clase I cuando las de clase III operaban en los 90). Es gemela a la de Fukushima (la de Fukushima tenia muchas mas medidas de seguridad por estar en Japón y en zona de alta actividad sísmica y aun así fallaron muchos sistemas). Cierre de ese peligro YA!!!"

Desempleo en Burgos, pero el fin de un foco de radiactividad que irradia a todo el entorno y lamentablemente no han estudiado las autoridades locales

Los municipios de la comarca de Las Merindades no tenían un plan B ante el posible cierre de la central de Santa María de Garoña (Burgos). No ha sido por falta de empeño. Rafael González Mediavilla, alcalde de Valle de Tobalina, término en el que se encuentra la central, ha dicho ‘Llevamos tres años intentando que se pongan medios para que, de producirse esta situación, no sea tan dramática, pero lo cierto es que estamos sin alternativa’. En su pueblo, de 1.017 habitantes, unas 30 familias dependen directamente de ella y otras 15 de forma indirecta.

‘En 2009, (cuando el Gobierno socialista fijó el cese de explotación para el 6 de julio de 2013) hubo una única reunión para hablar del Plan Garoña. Aquello quedó en nada’, resume. ¿Pero se han estudiado en esas 30 familias los problemas de salud -incluidas las leucemias, el cáncer- y se ha pensado en generaciones futuras?. De los estudios realizados en Chernobyl, basados en otros de Hiroshima y Nagasaki, se deduce que la leucemia hace su aparición tres años después e sufrir radiactividad y la disfunción de tiroides y cáncer de pulmón entre 5 y 30 años después. La mayor preocupación de las autoridades de Ucrania y Bielorrusia es la absorción por el organismo de grandes cantidades de yodo-131 y cesio-137, que se acumulan en la glándula tiroides produciendo hipertiroidismo y cáncer. Es especialmente peligrosa para los niños.

‘Si se cierra Garoña nos tenemos que ir, aquí no hay nada’, se quejaba Francisco Gutiérrez, que trabaja en mantenimiento eléctrico. ‘Los comerciantes están asustados porque la repercusión del cierre sería enorme’ añade Gutiérrez, muy implicado y con cierto sentido de la propiedad sobre la central. Llegó a Garoña en 1988, y ahora, con 43 años, asegura que podría funcionar con seguridad otros ‘15 o 20 años’, que es sin duda lo que les han dicho. Es el reinado de la desinformación.

Porque el desmantelamiento de una central dura décadas: desde 15 años para arriba, 20, 30... En ese tiempo hace falta personal para seguimiento y mantenimiento. O sea el argumento les falla: la fase de desmantelamiento de Garoña generará empleo. Pero una vez de generar miedo a través de la información o de los rumores sobre la pérdida de empleos, en los periódicos burgaleses no se han planteado los problemas eternos que crea una central nuclear.

Es decir, los prorroguistas han manipulado hasta presentar como problema la pérdida de empleos, desviando la atención del verdadero problema. Es el tipo de montaje que entra dentro de las técnicas de manipulación de masas de Chomsky.

En Trespaderne, a 20 kms, de Garoña, toda la zona vive del turismo de la central porque las visitas a Garoña se han constituido en negocio. En 2012 pasaron por el centro de información 12.522 personas. ‘Aquí hay gente con mucho dinero que no sabe ni lo que ha ganado gracias a la central’, añade Gutiérrez. Su padre, ya jubilado, trabajó allí casi 30 años.

En Miranda de Ebro (38.400 habitantes) vive cerca del 60% de la plantilla de Nuclenor. Los autobuses que cada día recorren los 30 kilómetros que las separan vienen cada vez más vacíos.

Los que montaron la central fueron técnicos norteamericanos enviados por Washington. Desde entonces el valle burgalés de Tobalina, ha vivido muy bien de la central y se ha dormido sobre ella, sin crear ningún plan B, como dice su alcalde. El despertar ha sido abrupto, pero puede ser peor si comienzan a aparecer síntomas inquietantes. Hay que conseguir, no el alarmismo, sino mayor preocupación sobre la salud de la población.

El barrio de las Matillas, un conjunto residencial con amplios jardines, en Miranda de Ebro, conserva aún parte del esplendor de la época de Franco. Lo ocuparon los ingenieros norteamericanos llegados de Estados Unidos para la construcción del reactor. Le llamaban el barrio de los americanos. Hoy es el barrio de Nuclenor. Los dueños de las casas eran burgaleses casi todos trabajadores de Garoña, empleados de Nuclenor. Muchos han vendido ya sus amplias casas de cuatro o seis dormitorios y otros lo estén intentando. En la zona, muchos les tenían cierta envidia, porque los trabajadores de Garoña no pagaban electricidad.

Con la desconexión de diciembre, el hotel Tudanca, situado muy cerca de la barriada de Nuclenor, ha dejado de ingresar entre 10.000 y 15.000 euros. ‘En la zona las pérdidas pueden superar el millón’, calcula su portavoz. Las paradas de recarga de combustible llenaban, hasta diciembre 2012, sus 120 habitaciones. Todo ha cambiado. Uno de los consultados cree que las eléctricas han utilizado a la central para chantajear al Gobierno y conseguir sus objetivos. ‘Y los rehenes somos nosotros’, resume. La desconexión hace meses de la red eléctrica no es nada comparable con la ‘desconexión’ de las fuentes de radiactividad.

Las centrales se desconectan de la red, pero la radiactividad ni se desconecta, ni se desenchufa, dura miles de años, y NO hay soluciones para los residuos radiactivos, los tenemos que mantener durante siglos a costa de los ciudadanos.

Garoña genera sólo el 1, 2% del consumo de la electricidad de España. Aquí el perfil de una historia olvidada

El verdadero problema de Garoña es éste:

- Garoña es un gran peligro, que esta poniendo a una gran zona de Euskalherria y Burgos en peligro de contaminación radiactiva. Causa daño al entorno, médico, medioambiental, laboral, psicológico. No sólo se contaminan las personas sino el suelo, el agua, la leche y el ganado.

- No hay solución para las toneladas de residuos radioactivos, porque los cementerios nucleares auténticos y operativos no funcionaron. (Y se les han estado llamando "energía renovable").

Pero hasta el Colegio de Economistas de Burgos refuerza la percepción errada del regidor del Valle de Tobalina. El único desastre es el empleo y las fuentes de euros. Es un lamento coincidente y unánime. Un informe de ese organismo que evalúa la situación del norte de Burgos hasta finales de 2012, constata la ‘ineficacia’ del Plan Garoña, impulsado en 2009 por el gobierno ante la perspectiva de cierre de la central. En 2011, Garoña contribuyó a generar de forma directa e indirecta 239 millones, según datos de la consultora AFI.

-Las centrales se desconectan de la red, pero la radiactividad ni se desconecta, ni se desenchufa, dura miles de años, y NO hay soluciones para los residuos radiactivos, los tenemos que mantener durante siglos a costa de los ciudadanos.

Cuando la España de Franco, entró en la Era Nuclear de la mano del Presidente norteamericano general Eisenhower, una historia olvidada

Justo el día en el que oficialmente se cerraba Garoña, Televisión Española emitió un reportaje dentro del Telediario sobre la historia de la central nuclear, propiedad de las empresas Endesa e Iberdrola. Con imágenes de su archivo, TVE ilustró los 42 años de vida de la instalación con un vídeo de la época en el que aparecía "su excelencia el jefe del Estado, Generalísimo Franco" inaugurando la planta de Santa María de Garoña.

"El inicio de la central nuclear de Garoña", comenzaba el locutor del Telediario, "se remite a tiempos de imágenes en blanco y negro. Era el 21 se septiembre de 1971 cuando el caudillo Francisco Franco accionaba los mandos para que se pusiera en marcha la que fuera entonces segunda central atómica de España".

El Telediario no ha dicho que quien prendió la luz verde para el ingreso de España en la Era Nuclear, fue el presidente norteamericano general Dwight D. Eisenhower que olvidó que el ‘caudillo’ era un dictador, amigo de Hitler, y le tendió la mano con dólares anticomunistas para que el generalísimo sobreviviera de cualquier presión exterior, incluso de las Naciones Unidas...

Sin duda, la fecha clave del inicio de este proceso fue el 8 de diciembre de 1953: el día en el que Eisenhower pronunciaba su ya histórico discurso ‘Átomos para la paz‘, crucial en el nuevo enfoque internacional sobre los usos pacíficos de la energía atómica, para, según el presidente de Estados Unidos, ‘ayudar a solucionar el espantoso dilema atómico, a dedicarse en cuerpo y alma a encontrar el camino por el cual la milagrosa inventiva humana no sea dedicada a su muerte, si no consagrada a su vida’.

Eisenhower ignoraba las consecuencias de extender la energía atómica por el mundo incluyendo las pruebas nucleares en el Pacífico. Seguía aquel proverbio latino, ‘Si vis Pacem para Bellum’ (Si quieres la Paz prepara la Guerra), dirigido claramente a Josep Stalin porque su primer objetivo era sembrar el complejo y el temor en la URSS respecto a la superioridad de Estados Unidos en el terreno nuclear, después que el mundo se olvidara de una vez de Hiroshima y Nagasaki.

La Guerra Fría se había implantado con fuerza ya hace tiempo en las mentes de soviéticos y americanos. Si miramos fríamente hacia atrás el absurdo de los líderes de las dos superpotencias enloquecidas en constante amenaza de destruirse mutuamente y al mismo el resto del mundo, tratando de mantener su credibilidad es evidente. Las cosas parecieron sonreír a Roosevelt, en cuanto a primacía de la bomba. Pero el 24 de agosto 1949 la Unión Soviética hizo estallar una bomba atómica en las extensas llanuras de Kazajstán a lo que siguieron 320 experimentos de bombas atómicas y la de hidrógeno en absoluto secreto, pero menos porque... registraron temblores...

Y, por supuesto, ‘Ike’ Eisenhower quería asegurarse que EE.UU. Seguía a la cabeza de esa absurda carrera y buscó aliados dispuestos a comprometerse a todo. Y pronto encontró un anticomunista seguro, un general como él llamado Francisco Franco, el centinela de Occidente.

Energía nuclear: entre la guerra y la paz. Franco siempre trató de seguir la ruta que Eisenhower le señalaba. Un corderito con dientes de lobo para muchos de sus compatriotas. Durante largos años, la energía nuclear estuvo asociada a la destrucción masiva de Hiroshima y Nagasaki y a los programas armamentistas, construcción de bunkers, verdaderas catacumbas (más que refugios) y lavados de cerebro de Washington y Moscú. Las dos potencias consideraban el choque como inevitable con los militares y los servicios secretos en cabeza. El problema era quien se decidiría a lanzar primero la bombita.

Se preparaban para una destrucción total, pero no para los efectos catastróficos de la radiación que se guardaban en los archivos de ambas potencias. Aquel era el pecado original del proyecto Manhattan, aprobado por el presidente Truman que había que borrar. Pero el pecado de los soviéticos, las bombas atómicas sucias y la de hidrógeno, había proporcionado a antinuclearcitas incluidos muchos sabios y médicos de rango los informes médicos de las consecuencias el uso del uranio enriquecido y del plutonio, el cesio, el cobalto-60, que los sabios y médicos de la URSS estudiaron a fondo. La bomba iniciaría un nuevo Holocausto nuclear y nadie se libraría.

En ese transfondo de secretos militares clasificados, aún dos años antes del abrazo de los dos generales ‘Ike’ y Franco en Barajas ?o quizás como preludio secreto?, Franco creaba en 1951 la Junta de Energía Nuclear (JEN), encargada de investigar y asesorar al Gobierno en todo lo relacionado con la energía nuclear, además de ‘ser responsable de la seguridad, la protección radiológica y la formación del personal’ de los que iban a trabajar en ese campo. El pensar que tal cosa lo podía hacer sin la bendición de Washington suena a chiste de ‘La Codorniz’.

Tiempo después Eisenhower desclasificaba algo de la información científica y tecnología que, hasta entonces, había sido solo de uso militar, firmando además, en 1955, un acuerdo de cooperación nuclear con España, en virtud del cual el Gobierno de Franco recibiría su primer reactor, que formaría parte de la central de Zorita, así como el uranio enriquecido imprescindible para el funcionamiento de la planta.

La España franquista no iba a perder el tiempo en algo que se había convertido ya en una posibilidad soñada, ahora real e inmediata, y en 1958, y ‘a pocos metros de la Puerta del Sol, en el reactor atómico experimental de la Moncloa’, se conseguía desintegrar por primera vez un átomo. El diario ‘Informaciones’ vibró de entusiasmo calificando este éxito sin precedentes como «la culminación de la estrecha colaboración existente entre la Junta de Energía Nuclear, la General Electric Company, y el programa ‘Átomos para la paz’.

El desmantelamiento de Garoña, un problema que hay que enfocar hacia el tema de la radiactividad

España inauguró en 1965 Zurita su primera central nuclear en plena época del desarrollismo franquista. Como recordaba la prensa del régimen, 14 años después de que lo hiciera la primera central del planeta, en Obnisnks (Rusia), España tenía también su central.

‘Zurita es la mayor bomba de circulación, en el mundo, de todas las centrales nucleares hoy en funcionamiento‘, ‘una central en plenas condiciones de eficiencia y seguridad’, donde ‘los técnicos y empleados viven con sus familiares, en un confortable poblado y una hermosa residencia, a pocos centenares de metros‘, relataba ABC el día de la inauguración, en la que el ministro de Industria, el opusdeista Gregorio López Bravo, a la derecha del Caudillo, informaba del avanzado estado de construcción de otras dos centrales, la de Santa María de la Garoña (Burgos) y la de Valdellós (Tarragona), a las que seguirían otras.

Se había plantado la primera semilla para la construcción de centrales nucleares en España, que comenzaría en 1965 con la de Zorita (en servicio desde 1968) y continuaría después con otras nueve: Garoña (en servicio desde 1971), Almaraz I (1981), Ascó I (1983), Almaraz II (1983), Cofrentes (1984), Ascó II (1985), Valdellós (1987) y Trillo (1988). Las mismas cuya seguridad fue puesta en duda a raíz de la fuga radiactiva de Fukushima.

Franco pronto tuvo que intercalar la inauguración de centrales eléctricas con las de presas y centrales térmicas, con el objetivo de solucionar la cada vez más creciente demanda de electricidad en el estado. En 1975, España ya era en la séptima potencia nuclear del mundo, solo detrás de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania Federal, Unión Soviética y Francia, al mismo tiempo que comenzaban las primeras protestas de movimientos antinucleares, que denunciaban, por ejemplo, que la energía nuclear era muy peligrosa, muy cara y muy contaminante.

Las mismas protestas se encendieron tras la catástrofe de Chernóbil, en 1986, después del grave accidente en la central de Vandellós I, en octubre de 1989, o tras la explosión y las fugas en la central de Fukushima, en Japón. ‘¿Son las centrales nucleares un peligro, como se afirma o bien, ¿es un estado de psicosis colectiva por falta de una información adecuada?’, se preguntaba el diario franquista ‘Informaciones’ el 20 de junio de 1975. Años después, tras esos accidentes y en especial del reactor de Fukushima (idéntico al de Garoña), quedaron contestadas estas preguntas del periodismo franquista y también los montajes mediáticos de Nuclenor.

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA


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