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Julia Pastrana. Entre la memoria y el olvido

01/02/2014 13:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En febrero de 2014 se cumple un año de la repatriación a México de Julia Pastrana (Sinaloa, 1834- Moscú, 1860), conocida con el mote infamante de la "Mujer mono"

 

                                                                                                      Ricardo Rincón Huarota

Entre los pocos mexicanos que conocían el “mundo civilizado” del siglo XIX, se cuenta una mujer excepcional, Julia Pastrana (Sinaloa, 1834 - Moscú, 1860), quien en distintos momentos de su vida viajó a lomo de mula, en carromato, en tren y en barco por Estados Unidos y Europa. En febrero de 2013, a 153 años de su muerte, los restos embalsamados de Pastrana regresaron a su tierra natal atravesando el cielo desde Noruega.

Lamentablemente, las causas que originaron sus viajes hasta esas lejanas tierras nada tuvieron que ver con el estudio, el trabajo o el placer, sino con razones ligadas a la discriminación y la explotación del ser humano. El de Pastrana ha sido uno de los casos de trata de personas más humillantes que ha documentado la historia.

Julia nació con un raro mal genético: medía 1.37 mts. y padecía de malformaciones craneales y dentarias (hiperplasia gingival) que la hacían lucir como una mezcla entre ser humano y orangután. A todo ello se sumaba una hipertricosis generalizada congénita lo cual provocaba que todo su cuerpo estuviera cubierto por un oscuro y grueso vello. Por su fisonomía era presentada, incluso después de muerta, por Theodore Lent, su manejador y esposo, en “espectáculos de monstruos”, primero en EUA y después en circos de varias capitales europeas. Ahí, la anunciaba como “la indescriptible”, “el híbrido maravilloso”, “la mujer oso”, “la mujer mono”, o “la mujer más fea del mundo”. Desde el 13 de febrero de 2013 sus restos reposan en un sepulcro del Panteón Municipal de Culiacán.

Desde su llegada a suelo mexicano, mucha tinta ha corrido en torno a su biografía, a su deshonroso cautiverio y a su azaroso periplo post mortem, pero poco se ha hablado sobre un debate que surgió antes de la repatriación, en torno al destino final que deberían tener los restos de Julia. En su momento, tal deliberación provocó posiciones encontradas que incidían directamente sobre el recuerdo o desinterés que, se pensaba, podría haber sobre el caso Pastrana.

Por una parte, el sociólogo Roger Bartra defendía la idea de que, para rememorar y dignificar la historia de la mujer ––quien fue una excelsa cantante y bailarina––, su cuerpo debía ser exhibido de manera permanente en el Museo de Antropología, por ser un caso “tan transparente de machismo y de racismo, (que) hay que mostrarlo, para aprender cómo era esa sociedad, que es de donde venimos". (Reforma, 23-11-11). Por otro lado, la investigadora y artista visual mexicana, Laura Anderson, quien inició las gestiones en Noruega para que el cuerpo fuera regresado a México, respaldaba la propuesta de que los despojos fueran sepultados bajo el canon del ritual católico. Cabe mencionar que esta solución fue finalmente adoptada, en virtud de que la autoridad noruega impuso la inhumación como requisito para el retorno de los restos de Pastrana.

Bartra sustentaba su iniciativa en la experiencia adquirida con otros casos de cuerpos que habían sido repatriados y la ejemplificaba con el del “Negro de Banyoles”, que fue enviado de Barcelona, donde se exhibía en un museo, a Botswana. Ahí fue enterrado con honores, pero hoy su tumba se encuentra olvidada, abandonada y llena de basura.

El de Pastrana ha sido uno de los casos de trata de personas más humillantes que ha documentado la historia

 Si bien en su estado natal Julia ha sido merecedora de homenajes oficiales y mesas redondas que han abordado los duros pasajes de su vida, estos intentos no pasan de ser meros recuentos anecdóticos de una coterránea que fue vejada y discriminada en el extranjero. También existen proyectos para dar a conocer la biografía de Pastrana a través del cine y de obras literarias, pero persiguen fines lucrativos y comerciales. Uno se cuestiona si esas iniciativas son suficientes para perpetuar la memoria de un personaje que podría ser enaltecido como un paradigma para la defensa de los Derechos Humanos en México y también podría preguntarse: ¿acaso el Estado mexicano no tendría que intervenir de manera más directa, a través de la instrumentación de políticas públicas, a fin de que el caso Pastrana no se pierda en el olvido?

 La idea de Bartra de exhibir a la sinaloense no llegará nunca a materializarse ya que, como quedó visto, sus restos fueron sepultados y el féretro cubierto con una gruesa capa de cemento para evitar su profanación.  

Sin embargo, siguiendo algunas de las observaciones del estudioso, considero que  cabría la posibilidad de difundir el caso de Julia Pastrana como un hecho flagrante de discriminación que no debiera repetirse, a través de distintas acciones por parte de las autoridades, como la divulgación de la historia del personaje en los libros de texto gratuitos, desde una perspectiva de los Derechos Humanos.

Por ejemplo, en otros casos hemos visto cómo la comunidad hebrea ha construido diversos recintos, tales como el Museo del Holocausto o el Museo Memoria y Tolerancia, para alertar sobre los peligros del genocidio, la discriminación y la violencia. Sin el afán de comparar dos hechos de gravedad distinta, en México debería existir el Museo Julia Pastrana que permitiera rememorar su vida y reivindicar su estatus de ser humano. Sabemos que esto sería difícil dada la precariedad económica por la que atraviesa la administración pública, tanto a nivel federal como estatal; no obstante, podría diseñarse una exposición museográfica itinerante de menor costo que viajara por todo el país y que funcionara también para crear conciencia de respeto hacia los individuos, especialmente para la mujeres dado que, de acuerdo con datos de la ONU publicados apenas el 24 de noviembre de 2013, “la violencia en contra de las mujeres continúa como una de las más grandes calamidades de nuestro tiempo.” (Aristegui Noticias 24-11-13)

Según cifras oficiales dadas a conocer por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), “el 47 % de las mujeres mexicanas de 15 años y más ha sufrido algún incidente de violencia emocional, económica, física o sexual a lo largo de la relación sentimental, en tanto que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que el 26.3 % de las mujeres asalariadas en México, ha padecido discriminación laboral de sus contratistas. (Ibid)

Las cifras anteriores plantean la necesidad de profundizar la lucha para la eliminación de la violencia y discriminación contra la mujer, por lo que la divulgación a nivel nacional del caso de Pastrana sería un aliciente adicional en pro de esta tarea.

Finalmente, otra acción a seguir para dignificar a la sinaloense es la de crear un código de ética entre los diversos actores interesados en contar su historia, para erradicar la costumbre de nombrarla por los apelativos infamantes de que fue objeto en vida, para sólo llamarla por su verdadero nombre: Julia Pastrana.

Es necesario erradicar la costumbre de nombrarla por los apelativos infamantes de que fue objeto en vida, para sólo llamarla por su verdadero nombre: Julia Pastrana

 


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