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La Elecciones del 9 de Marzo

04/03/2014 16:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Colombia elige congresistas el domingo. Al rededor de la paz, el presidente Santos busca la reelección y tener los congresistas que le faciliten la componenda apaciguadora. Los sectores obreros, patrióticos y populares persisten en la organización y la lucha

Aprovechemos las Elecciones Parlamentarias para Confrontar y Denunciar el Continuismo

Al llegar una nueva contienda electoral, hacemos un análisis general de la situación de las fuerzas obreras y populares y, también, por supuesto de sus contradictores de clase, con el objeto de conocer los avances y retrocesos y potenciar las fuerzas del pueblo.

El gobierno de Santos enfila sus fuerzas con el propósito de su reeleción, apoyándose en el proceso de paz que adelanta con la guerrilla de la Farc.  De igual manera necesita que las bancadas parlamentarias, queden a su favor, para que le aprueben las normas del apaciguamiento.

Si de manera somera hiciéramos un recuento de los procesos de paz en Colombia diríamos que producida la independencia de España, los enfrentamientos entre Gólgotas y Draconiamos o Radicales terminó en un proceso de paz que desfavoreció a los sectores avanzados del país en 1885, desarrollado en la Constitución de 1886 que fortaleció a los grandes terratenientes; el nuevo enfrentamiento de los radicales bajo la dirección de Uribe Uribe, también terminó mal, con un pacto de paz en el barco norteamericano Wisconsin en 1902 y la posterior pérdida de Panamá y de las inversiones de Colombia en el Canal. La paz de 1957 que unió a liberales y conservadores en el frente nacional, con la colaboración de Rojas Pinilla y la Junta Militar, hizo parte del acuerdo bipartidista igualmente tutelado por el gobierno norteamericano, sus corporaciones imperiales y socios internacionales en contra del país. En el proceso de paz con el M-19 y la constitución de 1991, montaron las políticas neoliberales, que entrega a manos llenas lo que queda de país, y ahora, mediante el colaboracionismo y la actual componenda pacifista, profundizan estas mismas políticas y perpetúan el continuismo.

Las movilizaciones y paros de los indígenas, de los estudiantes y de los campesinos son las recientes muestras del descontento generalizado; por su parte, el movimiento obrero atomizado tiene pendiente su demostración de argumentos y de fuerza dirigiendo los nuevos escarceos del proceso de independencia, soberanía y de nueva democracia. Todo dirigido frente al gobierno de Santos que persiste en impulsar las inversiones de las transnacionales, quienes avanzan sobre los puntos estratégicos de la economía colombiana, la producción energética, minera y de materias primas, acabando con la producción nacional y regional, tras mantener endeudando al país, privatizar las empresas, desmontar los servicios sociales del Estado y descentralizar para que el gran capital pueda penetrar en cualquier punto de la geografía nacional a saquear y cobrar por cualquier obra o servicio, por medio de concesiones, peajes y otros impuestos indirectos, donde el llamado Estado Social de Derecho lo usan para que les abra los negocios y les pague todo tipo de “estímulo a las inversiones” y los llene de privilegios por medio de los Tratados de Libre Comercio –TLC y las alianzas público-privadas, mientras que los funcionarios con altos honorarios y pensiones, facilitan la subasta del país, acentúan los manejos clientelistas, el despilfarro y la corrupción.

La paz no puede conseguirse con base a tierra arrasada

En Colombia y en general en el mundo, con contadas excepciones, no hay quién defienda el interés nacional, proteja a los productores de cada país y reconozca los derechos de los trabajadores; la resistencia civil y patriótica de los pueblos, está apenas recomponiendo fuerzas después del desmonte del bloque internacional socialista en 1978. En esa vía, la concentración de la tierra y de las empresas en manos del sector financiero internacional es cada vez mayor; le ha correspondido al movimiento de los indignados enrostrar a los grandes banqueros del mundo como los causantes de las crisis y de  la austeridad y el sacrificio, tanto en los países desarrollados como en el segundo y tercer mundo; somos testigos de cómo intervienen en los asuntos internos de los países, destruyen naciones, crean conflictos, dividen los pueblos, saquean el petróleo y las riquezas mientras hablan de libertad, pluralismo y de democracia participativa.

Las fuerzas políticas en la puja electoral tratan de mostrarse independientes del gobierno, pero los hechos los condena, el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido de la U, Cambio Radical, participan y coparticiparon del actual gobierno de una manera y otra y aspiran en su mayoría al continuismo con la reelección de Santos y el respaldo a la componenda de la paz; el Centro Democrático difiere en que defiende la mano dura en el proceso de paz. Alianza Verde con menos compromisos, coincide en los puntos centrales de los partidos gobernantes; el Polo y la UP tratan de mostrarse como oposición, sin embargo su accionar, no promueve reversar las privatizaciones, hablan de renegociar los TLC, no de acabar con las formas neoliberales y socialdemócratas de explotación y dominio, buscan alguna autonomía en las relaciones internacionales pero no defienden a fondo la soberanía del país, les preocupa mantener los umbrales electorales y llegar al parlamento para ganarse algunas lisonjas, no están en la tarea de organizar al pueblo para la segunda independencia; aceptan la focalización de los recursos, entregar subsidios y hacer populismo pero no desarrollan las soluciones que acaben con la dependencia del país, el envilecimiento de la clase obrera y las clases populares porque sus posiciones son complacientes.

En el pulso de la etapa anterior a elecciones, el presidente Santos dejó caer su ira contra la justa protesta de los campesinos, dio respaldo al alcalde Petro en la aplicación del toque de queda y en la militarización de Bogotá y ordenó el envió de 50.000 policías y militares a romper el paro campesino en las concentraciones de las carreteras del país. Esa es una verdad de apuño que muestra el lado oculto de la verdadera tragedia colombiana.

En resumidas cuentas, la clase obrera, el campesinado y los sectores populares y patrióticos no tienen candidatos a las cuerpos legislativos, por tanto tomamos una posición en estos comicios de acuerdo a nuestras condiciones materiales y sociales, la cual no es otra que mantenernos dentro de la mayoría del contingente abstencionista, que siempre gana las elecciones con el 54% del promedio de la votación, pero que su impotencia no puede resolver nada, porque requiere de los nuevos dirigentes y organizaciones para enfrentar la aplanadora oligárquica e imperialista. Por tanto la tarea es reconstruir las organizaciones y estar a la altura en las nuevas contiendas sociales, políticas y electorales. La revolución nunca se ha detenido tiene altibajos, avances y retrocesos, pero cada vez cuenta con mayores y mejores experiencias para encarar los retos, cualquiera que tenga que enfrentar.

Las elecciones no deben encubrir la componenda pacificadora ni reforzar el continuismo

La paz que necesita el pueblo no es violenta ni amañada, es auténtica.

Comité Cívico Popular de Bogotá.

Marzo de 2014.


Sobre esta noticia

Autor:
Odger (14 noticias)
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Nota de prensa
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