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MANKERRILLA 1ra parte

23/05/2009 23:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

(El Cóndor de Oro)Todo lo que logras ver desde aquí, es tuyo, -es tuyo si lo conquistas-. Si luchas por lo que quieres, si mantienes en tu corazón la llama encendida de lo que aprendiste durante estas lunas que estuviste a nuestro lado

Huinao “Uña de tigre” y Raimilla “Flor de oro”, son dos Cóndores de las montañas, ellos dos, son pareja y este año han anidado y sacado un pichón. Un lindo y precioso polluelo.

El pichón tardó un poco en romper su cascaron, pero al hacerlo, de este salió un escuálido y húmedo pajarraco, con un fino pico, unas patas largas y algo robustas.

¡Oh! _Exclamaron_

¡Que feo es! _ Pensaron todos _

Lo miraban y lo miraban, y él con sus ojos aun hinchados, sólo miraba a sus padres y tiernamente se dejaba acicalar por ellos. Era un polluelo de Cóndor, tierno, fuerte y altivo, de cresta casi roja, con ojos marrones amarillentos y unas garras cortas, curvas y romas, que brillaban como el oro, su mirada desorbitada y su cuello casi pelado, grisáceo el cual esperan sus padres que rápidamente se torne muy, muy blanco y que se confunda con el blanco de las nubes del cielo.

Este polluelo nació con un apetito voraz y rápidamente se fue convirtiendo en un bello pichón de cóndor, _ante los ojos de sus padres_.

Raimilla y Huinao, querían verlo fuerte y se les hacía que si no comenzaban su tarea de alimentarlo rápidamente, el polluelo podría verse mucho mas mal, de lo que había nacido, así fue, que de inmediato se dieron a la tarea.

Entraban y salían del nido, trayéndole los manjares que encontraban a su paso.

No descansaban, mientras volaban y trabajaban para su polluelo, vigilando el nido desde lo alto, para asegurarse que este pequeñuelo estuviese protegido.

Kolvmanke “Cóndor Café”, era un cóndor solitario, de muchos años en estas montañas, ya que su pareja había muerto por causas humanas, el ya estaba dispuesto a morir solo, sin embargo, era un cóndor protector, pero respetuoso.

Estando Huinao, cerca al valle Rumírayen “flor de primavera”, se cruzó en su vuelo con Kolvmanke

¡Hola! _ Hermano Cóndor_

¡Hola! Huinao.

¿Dónde vuela hoy Raimilla?,

Esa hembra tuya es buena madre, pero es sobreprotectora…

Dile que yo Rumírayen, la he visto exponerse de mala forma, por cumplir con las exigencias del pequeño Mankerrilla.

Dile… que se debe cuidar de Quilín ”Tigre rojo”, Pillancar “Demonio gris” y Panquilef “Tigre veloz”, todos ellos han visto como baja al valle cuando el sol ya está cayendo, acosada por los caprichos de Mankerrilla.

Por el contrario, dile que puede confiar en Milapichun “Pluma de oro” y en Lancomilla “Cabeza dorada”, donde quiera que las vea, ellas siempre la protegerán y la orientaran, así como tu Huinao, tú también puedes confiar en ellas y enseñarle a Mankerrilla, que ellas siempre lo pueden ayudar.

Solo deberán invocarlas con mucha fuerza y de inmediato estarán a su lado.

¡Recuérdalo!

¡Si, Se lo diré!

¡Se los diré! _ Respondió Huinao_.

Y nuevamente, retomó cada uno su vuelo.

Mientras tanto, allá en lo alto de la montaña, en el nido, Mankerrilla crecía rápidamente, su cuerpo desde su nacimiento, fue largo y flacuchento, pero, de mente activa y movimientos vivaces.

El pichón de cóndor quería volar como sus padres, quería ser como Huinao.

Mankerrilla intentó hacerlo en más de una ocasión, pero sólo obtuvo golpes y picotazos de Raimilla y de Huinao, en una de aquellas ocasiones, se torció su pico y por poco se lo arranca al agarrarse del nido intentando no caerse al abismo y fue tanto el susto, que prometió que jamás volvería a intentarlo, mientras tanto sus plumas no estuviesen completas y largas como las de sus padres.

Desde el alto de la cumbre, Mankerrilla alcanzaba a mirar hacia abajo y con cortos saltitos, se hacía al borde del nido, intentando mirar lo que hacían sus padres cóndores, para después el intentar imitarlos.

¿Dónde estás mamá?, ¿dónde estás papá? ¡Gritaba y se seguía asomando!

Desde muy alto en el cielo, sus padres también lo miraban, sin que él pudiera verlos…

Y a cada grito y a cada salto,

Su mamá quería bajar a ayudarlo.

_¡Espera! decía -papá Cóndor-.

_¡Espera! que él no te vea.

Déjalo que el ya nos ha visto lanzarnos al vacio, el ya nos ha visto, como batimos nuestras alas para tomar altura, y también como las estiramos para planear sobre el valle cuando salimos de las altas montañas…

¡Espera!

_No vaya a ser que él nos vea.

Ambos Cóndores papá y mamá, ¡se aman mucho! y saben que también aman profundamente a su hijo, pero este jovenzuelo, quiere volar para hacer todo lo que sus padres hacen…y no mide sus consecuencias.

Manquirrilla se quedó como clavado en la tierra, hasta que reaccionó

Sus alas aun no están fuertes y su plumaje aun no está completo, en su cola no están todas las plumas.

Pero el sólo Grita… ¡Papá! … ¡Mamá! …

Y vuelve a asomarse desde el nido y de inmediato se echa para atrás…

Le falta confianza, pero también le falta crecer y hacerse fuerte, para enfrentar su vida.

Mankerrilla, crecerá y se volverá un bello cóndor, saldrá en búsqueda de su pareja y abandonará el nido, pero todo esto deberá hacerlo a su debido tiempo, si él decide dar un salto que aun no puede dar, caerá al vacio y es seguro que sus padres no podrán hacer mucho por él y el sólo… deberá salvarse… o resignarse a morir.

Huinao y Rimilla se turnan para enseñarle a su hijo como enfrentar los retos de crecer, como enfrentar la montaña, aquella que es su hogar o puede ser, su misma tumba, como respetar las grandes alturas, el bello valle y también el temible “Nauto”.

Raimilla, lo ama y quisiera que nada, pero absolutamente nada, le llegase a pasar a su pequeño Mankerrilla.

Raimilla lo acicala y le muestra una y otra vez como se lanza desde el nido al vacio, vuela y planea para volver nuevamente al nido.

Raimilla y Huinao trataban de mostrarle a su hijo, como con amor, su esfuerzo por hacer todo cuanto el les exigía, todo cuanto ellos se habían propuesto para bien de su familia, se hacía realidad.

Si ellos salían en búsqueda de buena carroña, Antiman el “ Condor del Sol”, les proporcionaba su alimento y el suficiente para ellos y su hijo, y ellos se lo agradecían, haciendo círculos en el cielo ascendiendo con el aire caliente que subía desde el valle hasta las altas montañas, terminando este ritual al aterrizar sobre su nido y acercarse para darse calor y entregarle toda la confianza de su compañía a Mankerrilla, si tenían alguna dificultad en el valle, Milapichun hacia su aparición al llamado de los cóndores padres, y entre luces blancas resplandecientes, sus enemigos se enceguecían, mientras ellos lograban alzar vuelo y elevarse hasta los altos picos rocosos, si tenían alguna diferencia de pareja Rumírayen siempre tenía un consejo para ellos, y con un picotazo en sus alas o en sus cabezas, los llamaba a convencerse de que en esta vida, sus almas estaban predestinadas a unirse y fundirse como pareja.

Por su parte Huinao, le enseña a ese prospecto de cóndor, a ese alocado pichón, a ese condor que quería ser un cóndor adulto, a usar sus garras y su fuerte pico, le enseña a agudizar su vista, a escoger su presa desde las alturas, la buena carroña y a planear con precisión sobre ellas, hasta el momento exacto en el cual no tengan ningún peligro para alimentarse.

Huinao, lo tomaba con su fuerte pico, lo empujaba hacia el abismo, _ Pero le dacia:_

Pequeño Mankerrilla, allí está tu vida…

Todo lo que logras ver desde aquí, es tuyo, -es tuyo si lo conquistas-. Si luchas por lo que quieres, si mantienes en tu corazón la llama encendida de lo que aprendiste durante estas lunas que estuviste a nuestro lado.

Las lunas pasaron y una tras otra, Mankerrilla se fue tornando mucho más fuerte, sus plumas crecieron y de su plumón inicial ya no quedaron residuos.

Sus padres Cóndores… ¡ lo han cuidado bien!.

Raimilla y Huinao le dan sus últimas instrucciones.

Allí está Nauto (“el de abajo”) y a él sí que debes temer.

El nos pone alimento en el bosque o en el valle y se esconde, para que nosotros bajemos hasta allí, siempre se oculta camuflándose como un ser inofensivo, nos da confianza, nos pone a nuestro alcance todo el alimento que necesitamos y cuando ya le hemos tomado seguridad, nos traiciona y nos apresa dejándonos en sus jaulas doradas, en hermosas prisiones de oro esmaltado, pero, escúchanos muy bien y nunca lo olvides, el aun no sabe que lo hemos visto atrapar a nuestros otros amigos cóndores, por eso es que podemos aprovecharnos de lo que él nos da, pero con la precaución de mirar cuando el nos va a atrapar, en esos días siempre se viste de blanco, así que ten cuidado de bajar a deleitarte con sus ricas viandas cuando lo veas vestido así. Puedes estar seguro que si ese día bajas, el te atrapará y nunca más, podrás volver a estar con tus congéneres, con tu familia.

El es a quien todos nosotros debemos temer realmente.

Cuídate también de de Quilín”Tigre rojo”, Pillancar “Demonio gris” y Panquilef “Tigre veloz”, por el contrario puedes confiar en Milapichun “Pluma de oro” y en Lancomilla “Cabeza dorada”, donde quiera que las veas, ellas siempre te protegerán y te orientaran, así como podrás confiar en nuestro hermano Kolvmanke “Cóndor Café, el también te podrá proteger cuando tu lo veas y lo necesites, solo pídeselo. Solo deberás invocarlos con mucha fuerza y de inmediato estarán a tu lado.

Pasada la ultima luna en aquel nido condoril, Mankerrilla, hizo su primer intento de vuelo acompañado de sus padres, se lanzó al vacío y comenzó a caer, sus ojos desorbitados y sus alas quietas, hacían que su caída se hiciese en picada, sus padres a su lado comenzaron a decirle: ¡ muy bien hijo!, -lo estás haciendo muy bien-, ahora comienza por abrir tus alas. El joven cóndor al escuchar a sus padres como lo animaban, obedeció y abrió sus alas, aminorando con este solo movimiento, su velocidad de caída y por ende su eventual y seguro golpe contra la montaña.

Huinao le decía, bate tus alas fuertemente y déjalas abiertas, has que el viento que tienes en tus alas te eleve, hazlo suave y firmemente.

Mankerrilla cerró sus ojos, extendió sus alas, dobló un poco sus plumas de la cola y de sus mismas alas y de inmediato sintió como su cuerpo comenzó a ascender.

Muy bien hijo. _ le dijeron Huinao y Raimilla

Así se hace. _ ¡Muy Bien!

¡Bravo! -Grito Manquerrila. _Al mismo tiempo que abría sus ojos_.

Que Hermosa es la montaña papá. ¡Qué hermoso es el valle!.

¡Que bello es volar!, ¡Que fastuoso es sentir esta libertad!

Muy bien hijo, allí viene Raimilla. _ Tu madre_

Bien Mankerrilla, hoy es tu Amuway “tu partida”, ahora estás listo para ir a buscar tu propia suerte.

Hasta pronto, Madre, Hasta pronto, Padre.

Adiós hijo.

Era un polluelo de Cóndor, tierno, fuerte y altivo, de cresta casi roja, con ojos marrones amarillentos y unas garras cortas, curvas y romas, que brillaban como el oro

¡Que la naturaleza te proteja, que te coloque en tu vida todo lo que sea bueno para ti y tu suerte sea llana de buenos momentos!


Sobre esta noticia

Autor:
Marcio Lunnetti (6 noticias)
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