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¿Nos merecemos esta suerte?, … Colombianos

21/10/2011 16:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los congresistas están como institución a la cabeza de la corrupción; los juristas están corrompidos en toda su estructura; los funcionarios públicos preocupados de enriquecerse a la mayor brevedad;

La corrupción política en la historia republicana de mi patria Colombia, nos llevaron a un conflicto que desde 1811 no cesa y todo con el ideal de poner nuevo orden. Este orden aparentemente tenía fines altruistas, idealistas como los derechos de las gentes y en especial la libertad. Nos esgrimieron la moral, el sentimiento de justicia, la paz, el desarrollo general y se modificaron las cartas constitucionales para consolidar esos ideales, pero ha ocurrido todo lo contario. Una sociedad díscola que no tiene una plena identidad y que permitió que fuera permeada en lo moral y espiritual merece esta vida que lleva, pero pronto tocara fondo para resurgir de esas cenizas y va a cesar la horrible noche porque no aguantamos por mucho tiempo más esa debacle y no podemos tragar más polvo y menos derramar más sangre y llanto.

Hemos librado demasiadas guerras internas y ese horror nos tiene atribulados y sometidos, pero hay guerras más crueles y Colombia las está viviendo, son guerras que desgarran todo sentimiento de moral, respeto, convivencia, desarrollo y tolerancia, siendo de ellas la degradación moral la que más nos está costando.

Esa degradación no nos permite alcanzar la paz que tanto anhelamos y, no alcanzaremos esa paz porque entre otras cosas “somos un pueblo visceral”. Cuando nos sentimos atacados de inmediato desarrollamos toda clase de respuestas y sí tenemos que llegar a la violencia pues no nos cuenta nada hacerlo y más, si lo podemos forjar hasta saciar el más bajo instinto mucho mejor; esa intolerancia generalizada nos tiene mordiendo el polvo de la violencia y la falta de justicia.

Estamos viviendo una época sin precedentes en cada actividad de esta sociedad y no importa si la influencia de nuevos acontecimientos y descubrimientos del mundo nos atropella, porque estamos totalmente atareados en decirnos groserías, en atacarnos de manera personal por todo y todo, porque respiramos un aire envenenado y lleno de pasiones, amores y odios que se traduce en altisonantes ataques personales destrozando todo principio de convivencia.

Elegimos a nuestros amigos no por lo que son capaces de hacer en beneficio y bien del interés común sino todo lo contrario, del interés personal que me atañe, preocupa y me importa solo a mí. Nos quejamos de la corrupción pero soy el primer ser en tierra que lo promueve. No es una Institución en particular, es toda una sociedad que está consumida en ella y cada día lanza gritos de desespero para salir de la copa pero parándose en los demás para emerger de ese ahogo, luego a este ritmo y querer, jamás saldremos de la corrupción generalizada.

Los congresistas están como institución a la cabeza de la corrupción; los juristas están corrompidos en toda su estructura; los funcionarios públicos preocupados de enriquecerse a la mayor brevedad; los corruptos decididos a guardarse su botín; segar la vida con tal de mostrar resultados para mi honor de guerrero y enaltecer mi uniforme; asesinar sin discriminación alguna y exigir que debo ser liberado de toda responsabilidad así reciba el titulo de terrorista; ese es el panorama real de una sociedad que renuncio hace mucho rato a los principios morales y que prefirió hacer un trueque con tal de tener los bolsillos llenos para gastarlos luego en bacanales y francachelas, por eso es que las locomotoras no pueden despegar y arrancar con fuerza para llegar al final de su meta que es hacer de Colombia un país libre de guerras, de violencia, de intolerancia y gocemos de convivencia pacífica.

Abramos y activemos el tercer ojo que todo ser humano posee para que miremos más allá de lo que tenemos en frente

Solo por un minuto pensemos ¿qué sería de Colombia si la corrupción fuera casi que inexistente?, estoy seguro que nos miraríamos como una potencia mundial, nos verían como una real potencia, actuaríamos como potencia, pero a donde vamos y mostramos el pasaporte de inmediato somos vigilados, esculcados, confrontados, aislados y apresados, porque el sello personal lo tenemos bien tallado en la frente. Nos quejamos del trato de las autoridades mundiales y no estamos consientes que somos nosotros los únicos merecedores de la califican que nos dan. Solo los países que tienen confrontaciones por religión nos superan en crueldad, en violencia, en intolerancia, pero con todo y eso nos superan en el respeto a lo que como sociedad son y somos.

No nos cansamos de maravillarnos de los avances científicos y tecnológicos que llegan a nuestra amada nación a diario y mucho menos nos cansamos de sustraernos la moral, único patrimonio que de verdad debería estar estampillado en nuestra mente y corazón. Nadie dice que no pueda ser multimillonario, o presidente del país, o presidente de una alta corte, o el mejor banquero, o el mayor inventor, o el mejor tendero, o el mejor médico, o el mejor vendedor, lo que yo no puedo es ser el mejor a costa de asesinar, a costa de destruir la fe de las personas, a costa de robarle sus ingresos económicos, a costa de desfalcarle sus principios y virtudes.

Pero si de los que estoy hablando se caracterizan por su corrupción, ¿qué debo decir de los que permiten que los pisoteen de esta manera sin que se revuelquen en su conciencia?, que es peor: hacerlo o dejarse hacer; tener dinero pero ausente de dignidad; que debo pensar de quienes dejaron endosar su moral para evitar el enojo del verdugo.

Nunca antes habíamos vivido una edad de oro por los ingresemos que tenemos, por el desarrollo que nos atropella, por las comodidades que el adelanto nos brinda, pero tampoco me había sentido tan desesperado ante las amenazas que me ocupan y ocupan a mi núcleo familiar, de que vale tener una riqueza material si no la puedo disfrutar con tranquilidad; tengo como salir a disfrutar para que mis compatriotas se beneficien y sin embargo me secuestran, me roban, me atracan, me hieren, me asesinan en una vía, en un restaurante, en una playa, en una habitación de hotel, en fin en cualquier parte. Mientras el mundo pide que este país hermoso y bendecido por la naturaleza en su diversa riqueza produzca lo que necesita, yo me ocupo de destruirlo, de impedir su avance, de hacer que las minas queden desoladas, las fábricas se silencien, los centros culturales se vacíen, las iglesias apabulladas con sus muertos, claro los que logran ser enterrados porque son muchos los NN de esta nación. Ya no cabemos en soberbia, prepotencia, locuacidad, viveza, corrupción, injusticia, desigualdad, en codicia, por lo que es necesario que miremos al interior de nosotros mismos y tomemos la decisión de darle un vuelco total a esta vida comunitaria e individual.

Esta crisis debe y tiene que servir para poner punto final a esta vida desenfrenada que llevamos de la cual no tenemos una meta real y a futuro. Toda crisis siempre deja resultados buenos y malos lo importante es que los resultados malos nos sirva para crear conciencia de qué debemos cambiar y los buenos resultados para fortalecer una sociedad que tiene un potencial impresionante. No esperemos que nadie venga a hablarnos de Paz, simplemente despojémonos de prevenciones y sentemos a hablar y a trabajar por ella; dejemos de lado la corrupción o al menos si la redujéramos a menos de uno en la escala a diez con el fin de darle la oportunidad a todos de gozar de bienestar; oremos cada uno en nuestras iglesias para alcanzar la felicidad y al salir de esos sitios sagrados lo pongamos en práctica y no como hacemos hoy que nos encomendados para que la tarea de asesinar sea bien ejecutada y no nos pase nada a quienes la ejecutamos. Ocupemos los cargos y allí demos lo mejor siendo la honestidad y la lealtad para con su empresa, los más altos principios de respeto. Que los jueces sean los más respetuosos de la justicia y no sentencien a una persona a toda una vida de pena y dolor porque simplemente no comparte su posición ideológica. El llamado es a toda la sociedad, es a toda la nación, es a todo el pueblo que requiere urgentemente reposar sus odios y apagar la sed de venganza, de lo contario nuestro diario vivir seguirá siendo incierto, doloroso, postrero, de ruina, de angustia, de pobreza para la gran mayoría.

Esta puede ser una nación verdaderamente grande, poderosa, amable, feliz, dichosa y en sus manos y solo en sus manos está el lograrlo y disfrutarlo. La esperanza es la herramienta a la que nos debemos aferrar. Abramos y activemos el tercer ojo que todo ser humano posee para que miremos más allá de lo que tenemos en frente.


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