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Nicolás, su ignorancia sobre la historia política mundial

06/02/2019 21:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Y no se comprende del todo la fuerza con que surgió el nacionalismo alemán en el siglo XIX

La Tecla Fértil.

En este tiempo nuestro, tan trastornados de nuevas tecnologías que propagan libertades infinitas para todos, es necesario separar el grano de la paja para saber que todas estas promesas ilimitadas son sólo un anzuelo que beneficia tan sólo a unos cuantos grupos poderosos de capital que no tienen el más mínimo interés en la redistribución de la riqueza. El neoliberalismo, pues, les está haciendo su campaña.

Y, precisamente creer que nuestro presidente, Nicolás Maduro Moros es socialista, es como pensar en la distribución equitativa de las riquezas y, darles poder a los pobres, un gran engaño.

Oh, Alemania mía, yo partiré, y con la bala y el sable derramaré la sangre francesa. Oh cielo, envíanos a miles de franceses, queremos que duerman bien tranquilos, y llegaremos a ellos con nuestros cañones, plomo y pólvora”. En 1813, las palabras del poeta nacionalista Ernst Moritz Arndt excitaban el ardor patriótico de los prusianos contra la opresión napoleónica. El mismo Arndt, por cierto, cuyo poema Des Deutschen Vaterland (La patria de los alemanes) acabaría siendo el oficioso himno nacional de Alemania antes de su unificación. Quienes repasan la sangrienta historia que ha enfrentado a franceses y alemanes a lo largo de los siglos empiezan habitualmente a contar por la guerra franco-prusiana de 1870-1871, para seguir después con la Primera y la Segunda guerras mundiales. Pero la serie empezó antes.

Y no se comprende del todo la fuerza con que surgió el nacionalismo alemán en el siglo XIX sin las guerras de conquista de Napoleón. De hecho, el hermanamiento carolingio francoalemán de los siglos VIII y IX está también teñido de sangre. El celebrado Carlomagno, el primer europeo, amplió su imperio –que en el momento de heredarlo se extendía ya por la zona occidental de lo que hoy es Alemania– por la fuerza militar, conquistando Baviera y Sajonia por las armas, y sometiendo a los levantiscos sajones a una brutal represión hasta conseguir doblegarlos. En el 782, por ejemplo, Carlomagno ordenó como represalia la masacre, cerca de Verden (Baja Sajonia), de 4.500 sajones, decapitados por negarse a convertirse al cristianismo... A Carlomagno, rey de los Francos –no lo olvidemos, una tribu de origen germánico, nada que ver con el mito de los galos irreductibles–, se le describe como un hombre sensible y culto. Pero, ante todo, era un guerrero.

En la ciudad de Aquisgrán –Aachen en alemán, Aix-la-Chapelle en francés–, en la frontera de Alemania con Holanda y Bélgica, donde Carlomagno instaló la capital imperial, en una sala gótica del Ayuntamiento donde antaño se levantó la asamblea carolingia, la canciller Angela Merkel y el presidente Emmanuel Macron firmaron un 22 de enero, un nuevo tratado bilateral entre Alemania y Francia. Complementario del tratado del Elíseo de 1963 suscrito por Adenauer y De Gaulle –el de la reconciliación entre los hermanos enemigos–, el nuevo tratado de Aquisgrán habla no sólo de cooperación, sino también de “integración” francoalemana dentro de la UE. Hermanos bajo Carlomagno –cada uno con sus tradiciones y sus lenguas, eso sí–, franceses y alemanes quedaron separados en el año 843 con el desmembramiento del imperio. Muerto sin pena ni gloria el heredero de Carlomagno, el emperador Luis el Piadoso, los tres hijos que le sobrevivieron se reparten ese año sus dominios en un tratado firmado en un lugar que acabaría siendo sinónimo, mucho tiempo después, de todos los horrores: Verdún. Carlos el Calvo se queda lo que acabará siendo Francia –heredando la flor de lis del blasón carolingio–; Luis el Germánico, la futura Alemania –con la otra mitad del escudo, el águila–, y Lotario, un reino en el centro entre los otros dos de fugaz existencia. Desaparecido prematuramente Lotario, sus dos hermanos se acabarán repartiendo, en principio amistosamente, sus territorios. Pero esa inestable zona central, llamada Lotaringia, que el analista Alain Minc considera la “falla continental” de Europa desde el punto de vista político y militar, será el escenario de todas las guerras posteriores entre Alemania y Francia, que lucharán por su control. Como diría nuestro

Con la emergencia de algunos nacionalismos en algunos estados que forman la Unión Europea, parece que simultáneamente emergen también partidos políticos de la ultraderecha con programas xenófobos y en contra de los derechos humanos, como si en un debilitamiento de las democracias, en la sociedad se soltaran las furias. Sobre la necesidad de un federalismo europeo, hay un libro que es necesario leer: El federalisme vist per Isidre Molas. Conversa amb Manel Vega (editorial Base), en el que después de una clase magistral de historia sobre las raíces del federalismo, hay en el capítulo 9 “La idea federal como propuesta política de futuro”, donde dice que es necesaria una Constitución europea de mínimos para Europa, con unas leyes y una justicia europea. Y cito textualmente: “El neoliberalismo defiende que son los mercados los que tienen que decidir; dicho de otra manera, la libertad del capital. Pero la riqueza no la crean los mercados, sino que la crean las personas: empresarios, técnicos y trabajadores (…) la democracia, en cambio, exige que los representantes de los ciudadanos participen en la creación de las condiciones de futuro de estos últimos, de ellos mismos”. Y también: “La Unión Europea emergente será un espacio potente si conjuntamente tiene un sistema común marcado por el Estado de bienestar y de derecho, basado en la libertad de las personas y las reformas sociales para distribuir las condiciones de vida para nivelar los estadios de dignidad material de las personas”. Vivir pactando con las diferencias y con el respeto hacia cada cultura y costumbres siempre que estén comprendidas en las leyes de mínimos de la Constitución europea. Una federación de estados diferentes con leyes de proximidad de cada Estado, pero bajo el paraguas de la federación.

El milagro de Europa es la reconciliación francoalemana,

. La reunión de los hermanos enemistados después de tanta sangre vertida. Europa es la reunión de Alemania y Francia. Sin ella, Europa no existe. El Reino Unido se puede marchar de la UE. O Polonia. O España. Pero mientras las dos potencias continentales sigan unidas, subsistirá. Si un día este núcleo se rompiera, la Unión Europea desaparecería, liberando todos los demonios nacionalistas que han llenado el continente de camposantos. El nuevo tratado de Aquisgrán puede parecer relativamente anodino, falto de épica. Una de sus principales novedades es el acento que se da a la cooperación bilateral en el terreno de la defensa (lo mismo que se quiere impulsar a nivel europeo en el seno de una UE bastante desorientada). Ambos países se comprometen, por ejemplo, a organizar despliegues militares conjuntos en el exterior y a tratar de realizar proyectos comunes en materia de exportación de armamento. Una nueva cláusula –a modo de doble seguro, que reforzaría la existente en la OTAN– establece que Alemania y Francia se comprometen a asistir al otro “por todos los medios disponibles, incluida la fuerza armada”, en caso de una agresión militar exterior en territorio europeo (Ultramar es otra cosa) Berlín y París se proponen asimismo acrecentar la colaboración en su diplomacia internacional –incluso intercambiando personal y apoyando la presencia de Alemania como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU–, instituir una zona económica integrada francoalemana –mediante una progresiva convergencia normativa– e incrementar la cooperación transfronteriza, incluyendo aquí –¡ojo!, algo que ha excitado a las fieras nacionalistas de derechas y de izquierdas– el fomento del bilingüismo en los territorios fronterizos, como las históricamente disputadas Alsacia y Lorena. ¡La Lotaringia! Pero, en cierto modo, lo más importante del tratado de Aquisgrán no es su contenido, sino su mera existencia.

Al observar, una cisterna y dos cajas largas o containers reflexiono y da tristeza como nuestro presidente Maduro ignora la historia y la gran hermandad existente entre Alemania, Francia y España. De verdad, no sabe, lo que es bombardear un puente y aislar dos pueblos hermanados, como es Colombia y Venezuela. Su único deseo es que los venezolanos no recibamos medicinas y alimentos ante la emergencia.

Jesús y su misericordia, a esa esperanza debemos agarrarnos para mantener la lucha por la tolerancia, la convivencia y la vida. Orar para que se vayan, no son socialistas, es un club que domina un país, apoyados por grupos heterogéneos del poder irregular.

Por esto, Es una profesión de fe en Europa, y en la paz que el continente ha conquistado en las últimas siete décadas. Y que, hoy, nuevas fuerzas de todos los colores, en todos los países, del Norte al Sur, desprecian con insolente ignorancia y pavorosa insensatez. Aunque las buenas noticias son escasas en este territorio herido de los derechos humanos, a veces se quiebra el hielo y nace la esperanza.

En su Memoria de la ética el filósofo Emilio Lladó asegura que “no es tolerable que el imperio de la indecencia domine en la política”.

La escritora rusa Tatiana Tolstoi contó una vez una cosa curiosa. En la época soviética, la televisión emitía una serie muy popular, y en ella, como quien no quiere la cosa, en las casas de los personajes había siempre fruteros rebosantes de fruta. Los ciudadanos de a pie que veían la serie no comían nunca fruta, porque no la había en las tiendas, pero cada uno por su lado estaba convencido de que esa escasez debía de ser una particularidad de su región.

Vivimos, tiempos desmesurados. Porque, ¿a quién le importa un poco de concentración más o menos en este mundo demencial en que vivimos? ¿A quién le ­importa un hipotético deterioro de la ­salud mental en el imperio de lo visible, del culto al cuerpo y de la salud física? Un solo informe demostrando que el uso excesivo del smartphone contribuye a la pérdida de los pelos de las cejas sería mil veces más efectivo para frenar la adicción. Me temo que hasta concienciarnos de los estragos habrá que esperar un tiempo. Largo. Ver en lo mismo al neoliberal Nicolás Maduro que favore a Washington, es dejar la dama a tientas, ante Tanta falsedad. Tenemos que ser libres.

On la emergencia de algunos nacionalismos en algunos estados que forman la Unión Europea, parece que simultáneamente emergen también partidos políticos


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Emiro Vera Suárez (1159 noticias)
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