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La ola invernal en el sector rural*

10/05/2011 02:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nadie duda de la particular fuerza del invierno de este año, de sus devastadores efectos sobre vastas zonas productivas del país y, por sobre todo, del número de muertos y la ruina causados a los marginados de la economía, a los pobres que apenas sobreviven a orillas de ríos, lagos, vías y quebradas.

La escena de la devastación se repite un año sí y otro también, y muestra en su cíclica e ineluctable repetición los rasgos de la indolencia colectiva, porque no hacemos nada para evitar la ruina que en nuestras condiciones trae cada invierno, a sabiendas de que, aparte de la intensidad y la fuerza, las lluvias sucederán al verano como el día a la noche.

Si a la "ayuda humanitaria" que hacemos todos los años, le agregamos los subsidios, las horas hombre de los organismos de seguridad, de salud; los auxilios de todo tipo, los costos en transporte, la reconstrucción de infraestructura y viviendas, albergues y demás, las sumas son enormes y no hemos resuelto el problema, que no es el agua sino el mal uso que le damos.

El agua es tan importante para la humanidad, que las guerras y las invasiones del futuro (Afganistán, Iraq, Libia) no se harán por petróleo sino por agua, y que la humanidad no se esforzará por sacar el oro negro de las entrañas de la tierra en lugares tan inhóspitos como el mar del norte, el océano glacial ártico o las aguas gélidas y tormentosas de la Antártida, sino que irá a esos lugares por agua.

Y pensar que ese precioso y vital líquido, que ya lo quisieran, en tal abundancia, calidad y cantidad, todos los países del mundo, incluidos nuestros vecinos Perú y Chile, ¡a nosotros no solo no nos hace ricos, sino que nos ahoga! Es como si no supiéramos qué hacer con una mina de oro. Bueno, casos se han visto.

Veamos la cuestión del agua más en detalle. Agricultura se escribe con "A" de agua, se dice y es verdad. Los países fuertes en producción agrícola lo son porque han aprendido a manejar ese valioso recurso, ya sea con sistemas de riego para dosificar su uso en el cultivo o en los rebaños, o en reservorios cuando abunda y con drenajes para sacarla de los campos cuando sobra. Ningún agricultor o ganadero puede ser indiferente ante ese insumo vital: el agua.

Frente a esta realidad lo que hacemos es correr, llorar por lo que perdimos, y culpar a las autoridades o a la suerte por lo que nos pasa. Hasta ahora no hemos tomado conciencia de que se trata de un problema colectivo que debemos resolver entre todos.

Ocupamos terrenos que son de los ríos, lagunas, quebradas, ciénagas y humedales, en los cuales ni viviendas, ni asentamientos, ni cultivos, ni rebaños puede haber, porque van en contravía de la naturaleza y ésta tiene mecanismos de defensa que despliega cada cierto tiempo con singular agresividad.

Las emergencias por ola invernal quedarán reducidas a casos excepcionales, si el Estado en cambio de suspender las clases en las escuelas públicas para habilitarlas como alberges, y convocar jornadas de emergencia para auxiliar a los damnificados, reubica a quienes para sobrevivir se asientan en zonas vedadas y asume el manejo del agua como elemento dinámico de la economía nacional.

Mientras el país se organiza a esa sí verdadera revolución, deberá aprender a manejar el invierno y el verano, y actuar con la anticipación que le señalan los meteorólogos y ambientalistas, que con tiempo y buen margen de seguridad, advierten sobre su llegada e intensidad.

Y en cuanto a ciclos se trata, veamos lo que dicen dos estudiosos que saben del tema, S. Fren Singer y Dennis T. Avery, profesor universitario el primero, e investigador del Instituto Hudson el segundo, en su libro: El inevitable calentamiento global, un Best Seller del año pasado:

"Cada 1.500 años se presenta un ciclo de calentamiento, o enfriamiento global, que determina el advenimiento de espacios para el desarrollo y el poblamiento de terrenos que en el ciclo siguiente hay que abandonar, por cuenta del consecuente ciclo frío, que vuelve inhóspitos estos mismos espacios."

Es decir, que debemos aprender que hay ciclos mayores que los minutos que hacen las horas, los días que forman semanas, los meses que se vuelven años, y éstos que forman los siglos. El calentamiento del globo y su enfriamiento posterior son ciclos de 1.500 años. Estamos en el ciclo caliente, que permitió a los vikingos establecerse en Groenlandia, de donde salieron sus descendientes, achicados por el hambre que pasaron durante el ciclo de enfriamiento posterior. El frío mató a los más reacios al cambio, junto a sus rebaños.

Claro que hay ciclos más largos, dicen los autores en el libro mencionado, cuyo título en inglés es: Unstoppable Global Warming, Every 1.500 years. Hace 540 millones de años, aparentemente el globo se transformó de bola de hielo, en un planeta húmedo y caliente, que le dio vida a un mundo microbiano, que el océano transformó en nuevas especies, poniendo los cimientos de la evolución de las formas de vida que conocemos hoy.

Pero, para esta nota, no nos vamos a meter en más honduras. Con lo dicho creemos haber señalado que estamos en un ciclo caliente y largo...

Por Julio Roberto Bermúdez


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Sebastián Celis Maya (3029 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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