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14/12/2015

La risa es su fuerte y el canto su debilidad..¡pero entona!

 

  Cuando todavía no había cumplido los 8 años de edad le pidió al Niño Dios que le trajera como regalo navideño un acordeón, aunque fuera chiquitico. Quería imitar a un grandulón ensombrerado, piel morena y diente de oro que en septiembre para las Fiestas de Corralejas de Sincé de ese mismo año, “jaloneó” ese instrumento como solo lo hacen los iluminados.

Pero fue tan modesta la petición del “Niño Tino” que cuando llegó el día y la hora de los aguinaldos, se lanzó primero con desespero  debajo de la cama, luego revisó palmo a palmo cada rincón de la habitación y no encontró nada. Pero cuando estaba a punto de  renunciar en su búsqueda, levantó con desgano la almohada y se topó  con una caja en miniatura de forma  rectangular y adentro de ella, una  violina (armónica o dulzaina) made in China. Su padre, “el viejo Fausto” (q.e.p.d.), de quien heredó no solo  su nombre sino sus marcados apuntes jocosos, le aplacó su desconsuelo, recordándole que el Niño Dios acostumbra como  prueba, enviar primero una violina y que si la aprendía a tocar, la próxima vez si le traería el  acordeón. Por su parte su primo, “El Pocholo”, un mamador de gallo empedernido fue al límite en  su papel de consolador  y remató: que la tal violina no  era mas que  uno de los peines sonoros que  trae internamente el acordeón y para el año entrante buscara en el mismo sitio el “cascarón”, para que terminara de ensamblarlo.

La verdad fue, que el acordeón nunca llegó, pero no porque no  lo hubiesen querido en algún momento sus padres, sino porque tenían el temor  que por culpa de ese bendito aparato se frustraran  las ilusiones de ver a su primogénito exhibiendo un título  universitario,

Lo que no habían calibrado y menos aún calculado  sus bondadosos progenitores, era que con la agudeza de su oído musical, e inusual destreza en el manejo de  sus manos, labios y pulmones, en menos de dos meses ya era un virtuoso en la violina .Había  montado  en su repertorio medio centenar de canciones que ejecutaba a la perfección, como La Perra, La Paloma Guarumera, La  Mafafa, La Picinga, El Compaé Menejo, Dominique, Lirio Rojo, Asi soy Yo, La Cachucha Bacana, El Testamento, Juan Charrasqueado, el Himno Nacional y hasta Pueblito Viejo, enversión guaracha, entre otras. Desde entonces la violina se convirtió en su inseparable machete para el encanto, que con ademanes de malabarista sacaba de sus bolsillos para animar cualquier  reunión, parrandita o evento social que el azar o invitación formal asi lo permitiera. Con el paso de los años  coleccionó violinas  en  todos los tamaños y marcas.

Desde muy temprana edad también fue que se le manifestó su genuina vocación para el relato oral, otra de sus excelsas facetas,  donde gravita  de manera superlativa  el humor y la picardía. Crea una nueva forma para comunicarse con la gente, utilizando para ello los cuentos, chistes, anécdotas y pasajes de personajes famosos o del ciudadano común, que recoge cuando le tocó recorrer por meras circunstancias, veredas, corregimientos, y municipios de Las Sabanas. Estos elementos que son el caldo de cultivo de su creación, los guardas en sus alforjas, los sazona para luego  vaciarlos  como bálsamo contra el tedio, la tristeza y amargura a toda una feligresía. Muchas de las vivencias que logra rescatar las versifica, otro tanto las matiza con melodías arcaicas de nuestros feudos, dando origen, sin proponérselo, a sus primeras composiciones que terminaron  convertidas en unos verdaderos “sainetes” musicales. La aceptación de estos relatos, pese al maquillaje que le  imprime ha sido la habilidad  de combinar el sentimiento agreste con el urbano. Eso ha  permitido que  las carcajadas y festejos hayan llegado sin muro de contención a  todas las capas sociales.

Culminó con éxito la carrera de arquitectura en una Universidad de Bogotá, pese a no claudicar a su apostolado del deleite y en contra del presagio de algunos allegados que sospechaban que terminaría como Aureliano Segundo, el personaje aquel de Cien Años de Soledad  que por culpa del acordeón quedó atrapado a una vida disipada y de parrandas perpetuas. Siempre ha creído que la arquitectura, el canto y la risa, van de la mano…”Yo lo que trato es de conducirlos a un solo vertedero.., para que se defiendan..”

En sus periplos profesionales, contratado algunas veces por el Estado y otras por la Empresa Privada, le tocó vivir en varias regiones de Colombia como el Casanare, Arauca, Medellín, Cartagena y algunos pueblos de la Costa. Más se tardaba en presentar sus credenciales que conectarse afectivamente con su entorno, utilizando como puente sus dos armas inmortales: El canto y el cuento .Esta convencido que esas manifestaciones  artísticas que practica son el gran  producto de “exportación” de su región. “Mi papel, sencillamente es, promocionarlas”. Como buen Arquitecto, en cada uno de esos sitios que le toca pernoctar, edifica un expectante escenario humano para proyectar su talento.

Cuando contrajo matrimonio por segunda vez y el medio cupón  asomaba a su almanaque, revisó su  bitácora, y vio que la brújula estaba siempre  orientada en Sincé, su tierra natal, el teatro de su inspiración. No lo pensó dos veces para establecer allá su nuevo hogar.

Fue en esta población que sus leales contertulios  azuzaron y estimularon hasta el  acoso su humilde compostura, para hacerle notar que ya era hora para que se sacudiera del anonimato y mostrara al gran público, por lo menos, su inédita  propuesta musical. Terminó aceptando con algunas reservas  el consejo, admitiendo que “el tiempo del Señor, es perfecto”. Comenzó por compilar  con el apoyo de especialistas melómanos, lo más selecto de su vasta obra inédita. Se estrenó como cantautor, en un álbum donde incluyó 15 temas interpretados con  acordeón y guitarra de varios géneros rítmicos de la Costa Caribe, todos con el gusto y   sello “Faustiniano”, En el  preámbulo de cada una de las composiciones hace una breve narración del origen de esas historias. Pocos son los hogares sinceanos que no tienen en su discoteca  esta invaluable producción y la disfruten como sus preferidas. Un año más tarde se valió del cantante vallenato de estilo jocoso Horacio Mora, quien saltó a la fama con la canción  Osama bin Laden, para que le grabara media docena de composiciones, de las cuales se destacaron El Alcalde Embustero, y El TLC y Los Zapatos Chinos

Muy pocos son los certámenes y festivales folclóricos de la región en que no  haya  participado y no haya sido reconocida su benévola contribución al folclor tradicional. En la 25 Edición del Encuentro Nacional de Bandas en Sincelejo, ocupó el 1er.lugar, en la modalidad de Porro Tapao Cantao, con la canción Sucre Tierra Mía .También, el pasado Festival de la Leyenda Vallenata, dentro del Concurso de la Canción Inédita, participó con el tema Mi sabana y el Valle y fue de los pocos compositores del otro lado de La Provincia que llegaron a la etapa semifinal. Hoy, suele decir en su consuetudinario estilo:..” estoy afinando el “carrache”(garganta) y “cuacando”(ensayando) la memoria para grabar un C.D. de puros cuentos y chistes que van hacer reír no solamente a toda Colombia sino a pueblos circunvecinos…”

Coincidiendo con las fiestas patronales de Sincé, cuajó con toda su cofradía una gran tertulia, ataviada por supuesto, de licor, anécdotas, evocación, chistes, canto, pero sobre todo, de  profundo arraigo. Dentro de las remembranzas  que sacamos esa vez a colación estuvo aquel mes de Abril del año 1976, fecha en la cual éramos estudiante de bachillerato en Cartagena. Para esos días se alborotó la pasión de “pichones folcloristas” que llevábamos por dentro, cuyo entusiasmo  nos impulsó a  emprender una “juglaresca correduría” a predios del Cacique Upar,  para presenciar en cuerpo y alma  el Festival de la Leyenda Vallenata de ese mismo año. La oportuna “invitación” a esa aventura nació cuando llevamos  nuestros respectivos relojes suizos a una casa de empeño, cuyo dinero a cambio, apenas si nos alcanzó para los pasajes. Pero a pesar a la precariedad en los bolsillos, no impidió  que disfrutáramos a lo máximo una memorable parranda vallenata debajo del legendario “palo e mango” de la Plaza Alfonso López, de un suculento sancocho, mientras nos bañábamos en Hurtado, en ayudar a sostener en los hombros  al Maestro Nafer Durán cuando bajó de la tarima la misma madrugada en que lo coronaron Rey Vallenato, entrar a una caseta que amenizaban Jorge Oñate y “Colacho Mendoza(q.e.p.d), traernos como valioso trofeo en la valija, un casete con la recién canción inédita ganadora Yo soy a Vallenato del autor, Alonso Fernández Oñate, ni nos impidió dejarnos caer por primera vez unos “ristrancazos” de una María Namen” y mucho menos  de codearnos y compartir con los más dignos representantes de la cultura vallenata.

En síntesis, redondeamos como “opulentos” fanáticos  una apoteósica faena a la cita festivalera a pesar de dos imprevisibles lunares, que a la postre terminaron por condimentar también estas anécdotas. El primero, cuando Faustino en su afán y pretexto de poder entrar a la caseta donde tocaba “Colacho”, lo abordó a la entrada con rostro afligido y sin contemplaciones le dijo, que si le podía sostener el sombrero un ratico (prenda que únicamente “Colacho” se quitaba para dormir) para engañar al  portero y  de esa manera lo dejara entrar como otro miembro de su agrupación. ”Colacho” le recriminó con aire imperturbable su osadía, mas sin embargo, con la buena fortuna que su humanismo lo hizo recapacitar al instante, y cuando nosotros comenzábamos a dar la media vuelta de los derrotados, nos jaló por los brazos, metiéndonos a la caseta de un solo zarpazo. El otro desliz fue en la misma susodicha caseta, cuando estábamos a punto de coronar unas novias. La casual conquista se arruinó cuando les tuvimos que comentar, que lamentablemente teníamos que regresar al día siguiente a Cartagena porque teníamos un examen de filosofía y no habíamos repasado nada. No nos acordamos, por efecto de las cervecitas, que media hora antes le habíamos metido el cuento que estábamos estudiando  el primer año de medicina. Extraemos al voleo estas evocaciones para testimoniar el mundo maravilloso y  fascinante donde siempre  se ha bamboleado “El Fausto”: Un gratuito terapeuta de la risa.

Es bien cierto, que han sido muy merecidos los elogios y halagos   que ostenta Faustino en el campo de la música. Pero para este improvisado crítico y amigo de toda la vida, su gran aporte a la cultura popular ha sido incorporar como hábil artesano su chispeante humor irreverente a la tradición oral. Disponer las veinticuatro horas del día de su natural “actuación” para convertirse en el protagonista del jolgorio y la animación en los matrimonios, cumpleaños, velorios, plazas, parrandas, buses, almacenes, reuniones, mítines y pare usted de contar, lo hacen irrepetible y esplendoroso.

Desde la época de los míticos personajes, Homero Zolá, maestro  fecundo del “cuenta chiste” vernáculo, y “Berrequeque”, creador de un trompo de totumo gigantesco que emitía un zumbido fantasmagórico, y de eso ya hace medio siglo, no había emergido en el firmamento de la comarca una nueva figura que sembrara  el recreo espiritual en la población con el tinte de la sencillez, diversión y espontaneidad como lo hace Faustino. Posee  el don de aglutinar en la mente de sus contertulios una a

¿..Que traerá el Fausto, para hoy...?

 Cuando todavía no había cumplido los 8 años de edad le pidió al Niño Dios que le trajera como regalo navideño un acordeón, aunque fuera chiquitico. Quería imitar a un grandulón ensombrerado, piel morena y diente de oro que en septiembre para las Fiestas de Corralejas de Sincé de ese mismo año, “jaloneó” ese instrumento como solo lo hacen los iluminados.

Pero fue tan modesta la petición del “Niño Tino” que cuando llegó el día y la hora de los aguinaldos, se lanzó primero con desespero  debajo de la cama, luego revisó palmo a palmo cada rincón de la habitación y no encontró nada. Pero cuando estaba a punto de  renunciar en su búsqueda, levantó con desgano la almohada y se topó  con una caja en miniatura de forma  rectangular y adentro de ella, una  violina (armónica o dulzaina) made in China. Su padre, “el viejo Fausto” (q.e.p.d.), de quien heredó no solo  su nombre sino sus marcados apuntes jocosos, le aplacó su desconsuelo, recordándole que el Niño Dios acostumbra como  prueba, enviar primero una violina y que si la aprendía a tocar, la próxima vez si le traería el  acordeón. Por su parte su primo, “El Pocholo”, un mamador de gallo empedernido fue al límite en  su papel de consolador  y remató: que la tal violina no  era mas que  uno de los peines sonoros que  trae internamente el acordeón y para el año entrante buscara en el mismo sitio el “cascarón”, para que terminara de ensamblarlo.

La verdad fue, que el acordeón nunca llegó, pero no porque no  lo hubiesen querido en algún momento sus padres, sino porque tenían el temor  que por culpa de ese bendito aparato se frustraran  las ilusiones de ver a su primogénito exhibiendo un título  universitario,

Lo que no habían calibrado y menos aún calculado  sus bondadosos progenitores, era que con la agudeza de su oído musical, e inusual destreza en el manejo de  sus manos, labios y pulmones, en menos de dos meses ya era un virtuoso en la violina .Había  montado  en su repertorio medio centenar de canciones que ejecutaba a la perfección, como La Perra, La Paloma Guarumera, La  Mafafa, La Picinga, El Compaé Menejo, Dominique, Lirio Rojo, Asi soy Yo, La Cachucha Bacana, El Testamento, Juan Charrasqueado, el Himno Nacional y hasta Pueblito Viejo, enversión guaracha, entre otras. Desde entonces la violina se convirtió en su inseparable machete para el encanto, que con ademanes de malabarista sacaba de sus bolsillos para animar cualquier  reunión, parrandita o evento social que el azar o invitación formal asi lo permitiera. Con el paso de los años  coleccionó violinas  en  todos los tamaños y marcas.

Desde muy temprana edad también fue que se le manifestó su genuina vocación para el relato oral, otra de sus excelsas facetas,  donde gravita  de manera superlativa  el humor y la picardía. Crea una nueva forma para comunicarse con la gente, utilizando para ello los cuentos, chistes, anécdotas y pasajes de personajes famosos o del ciudadano común, que recoge cuando le tocó recorrer por meras circunstancias, veredas, corregimientos, y municipios de Las Sabanas. Estos elementos que son el caldo de cultivo de su creación, los guardas en sus alforjas, los sazona para luego  vaciarlos  como bálsamo contra el tedio, la tristeza y amargura a toda una feligresía. Muchas de las vivencias que logra rescatar las versifica, otro tanto las matiza con melodías arcaicas de nuestros feudos, dando origen, sin proponérselo, a sus primeras composiciones que terminaron  convertidas en unos verdaderos “sainetes” musicales. La aceptación de estos relatos, pese al maquillaje que le  imprime ha sido la habilidad  de combinar el sentimiento agreste con el urbano. Eso ha  permitido que  las carcajadas y festejos hayan llegado sin muro de contención a  todas las capas sociales.

Culminó con éxito la carrera de arquitectura en una Universidad de Bogotá, pese a no claudicar a su apostolado del deleite y en contra del presagio de algunos allegados que sospechaban que terminaría como Aureliano Segundo, el personaje aquel de Cien Años de Soledad  que por culpa del acordeón quedó atrapado a una vida disipada y de parrandas perpetuas. Siempre ha creído que la arquitectura, el canto y la risa, van de la mano…”Yo lo que trato es de conducirlos a un solo vertedero.., para que se defiendan..”

En sus periplos profesionales, contratado algunas veces por el Estado y otras por la Empresa Privada, le tocó vivir en varias regiones de Colombia como el Casanare, Arauca, Medellín, Cartagena y algunos pueblos de la Costa. Más se tardaba en presentar sus credenciales que conectarse afectivamente con su entorno, utilizando como puente sus dos armas inmortales: El canto y el cuento .Esta convencido que esas manifestaciones  artísticas que practica son el gran  producto de “exportación” de su región. “Mi papel, sencillamente es, promocionarlas”. Como buen Arquitecto, en cada uno de esos sitios que le toca pernoctar, edifica un expectante escenario humano para proyectar su talento.

Cuando contrajo matrimonio por segunda vez y el medio cupón  asomaba a su almanaque, revisó su  bitácora, y vio que la brújula estaba siempre  orientada en Sincé, su tierra natal, el teatro de su inspiración. No lo pensó dos veces para establecer allá su nuevo hogar.

Fue en esta población que sus leales contertulios  azuzaron y estimularon hasta el  acoso su humilde compostura, para hacerle notar que ya era hora para que se sacudiera del anonimato y mostrara al gran público, por lo menos, su inédita  propuesta musical. Terminó aceptando con algunas reservas  el consejo, admitiendo que “el tiempo del Señor, es perfecto”. Comenzó por compilar  con el apoyo de especialistas melómanos, lo más selecto de su vasta obra inédita. Se estrenó como cantautor, en un álbum donde incluyó 15 temas interpretados con  acordeón y guitarra de varios géneros rítmicos de la Costa Caribe, todos con el gusto y   sello “Faustiniano”, En el  preámbulo de cada una de las composiciones hace una breve narración del origen de esas historias. Pocos son los hogares sinceanos que no tienen en su discoteca  esta invaluable producción y la disfruten como sus preferidas. Un año más tarde se valió del cantante vallenato de estilo jocoso Horacio Mora, quien saltó a la fama con la canción  Osama bin Laden, para que le grabara media docena de composiciones, de las cuales se destacaron El Alcalde Embustero, y El TLC y Los Zapatos Chinos

Muy pocos son los certámenes y festivales folclóricos de la región en que no  haya  participado y no haya sido reconocida su benévola contribución al folclor tradicional. En la 25 Edición del Encuentro Nacional de Bandas en Sincelejo, ocupó el 1er.lugar, en la modalidad de Porro Tapao Cantao, con la canción Sucre Tierra Mía .También, el pasado Festival de la Leyenda Vallenata, dentro del Concurso de la Canción Inédita, participó con el tema Mi sabana y el Valle y fue de los pocos compositores del otro lado de La Provincia que llegaron a la etapa semifinal. Hoy, suele decir en su consuetudinario estilo:..” estoy afinando el “carrache”(garganta) y “cuacando”(ensayando) la memoria para grabar un C.D. de puros cuentos y chistes que van hacer reír no solamente a toda Colombia sino a pueblos circunvecinos…”

Coincidiendo con las fiestas patronales de Sincé, cuajó con toda su cofradía una gran tertulia, ataviada por supuesto, de licor, anécdotas, evocación, chistes, canto, pero sobre todo, de  profundo arraigo. Dentro de las remembranzas  que sacamos esa vez a colación estuvo aquel mes de Abril del año 1976, fecha en la cual éramos estudiante de bachillerato en Cartagena. Para esos días se alborotó la pasión de “pichones folcloristas” que llevábamos por dentro, cuyo entusiasmo  nos impulsó a  emprender una “juglaresca correduría” a predios del Cacique Upar,  para presenciar en cuerpo y alma  el Festival de la Leyenda Vallenata de ese mismo año. La oportuna “invitación” a esa aventura nació cuando llevamos  nuestros respectivos relojes suizos a una casa de empeño, cuyo dinero a cambio, apenas si nos alcanzó para los pasajes. Pero a pesar a la precariedad en los bolsillos, no impidió  que disfrutáramos a lo máximo una memorable parranda vallenata debajo del legendario “palo e mango” de la Plaza Alfonso López, de un suculento sancocho, mientras nos bañábamos en Hurtado, en ayudar a sostener en los hombros  al Maestro Nafer Durán cuando bajó de la tarima la misma madrugada en que lo coronaron Rey Vallenato, entrar a una caseta que amenizaban Jorge Oñate y “Colacho Mendoza(q.e.p.d), traernos como valioso trofeo en la valija, un casete con la recién canción inédita ganadora Yo soy a Vallenato del autor, Alonso Fernández Oñate, ni nos impidió dejarnos caer por primera vez unos “ristrancazos” de una María Namen” y mucho menos  de codearnos y compartir con los más dignos representantes de la cultura vallenata.

En síntesis, redondeamos como “opulentos” fanáticos  una apoteósica faena a la cita festivalera a pesar de dos imprevisibles lunares, que a la postre terminaron por condimentar también estas anécdotas. El primero, cuando Faustino en su afán y pretexto de poder entrar a la caseta donde tocaba “Colacho”, lo abordó a la entrada con rostro afligido y sin contemplaciones le dijo, que si le podía sostener el sombrero un ratico (prenda que únicamente “Colacho” se quitaba para dormir) para engañar al  portero y  de esa manera lo dejara entrar como otro miembro de su agrupación. ”Colacho” le recriminó con aire imperturbable su osadía, mas sin embargo, con la buena fortuna que su humanismo lo hizo recapacitar al instante, y cuando nosotros comenzábamos a dar la media vuelta de los derrotados, nos jaló por los brazos, metiéndonos a la caseta de un solo zarpazo. El otro desliz fue en la misma susodicha caseta, cuando estábamos a punto de coronar unas novias. La casual conquista se arruinó cuando les tuvimos que comentar, que lamentablemente teníamos que regresar al día siguiente a Cartagena porque teníamos un examen de filosofía y no habíamos repasado nada. No nos acordamos, por efecto de las cervecitas, que media hora antes le habíamos metido el cuento que estábamos estudiando  el primer año de medicina. Extraemos al voleo estas evocaciones para testimoniar el mundo maravilloso y  fascinante donde siempre  se ha bamboleado “El Fausto”: Un gratuito terapeuta de la risa.

Es bien cierto, que han sido muy merecidos los elogios y halagos   que ostenta Faustino en el campo de la música. Pero para este improvisado crítico y amigo de toda la vida, su gran aporte a la cultura popular ha sido incorporar como hábil artesano su chispeante humor irreverente a la tradición oral. Disponer las veinticuatro horas del día de su natural “actuación” para convertirse en el protagonista del jolgorio y la animación en los matrimonios, cumpleaños, velorios, plazas, parrandas, buses, almacenes, reuniones, mítines y pare usted de contar, lo hacen irrepetible y esplendoroso.

Desde la época de los míticos personajes, Homero Zolá, maestro  fecundo del “cuenta chiste” vernáculo, y “Berrequeque”, creador de un trompo de totumo gigantesco que emitía un zumbido fantasmagórico, y de eso ya hace medio siglo, no había emergido en el firmamento de la comarca una nueva figura que sembrara  el recreo espiritual en la población con el tinte de la sencillez, diversión y espontaneidad como lo hace Faustino. Posee  el don de aglutinar en la mente de sus contertulios una atmósfera de suspenso al predisponerlos en la ansiedad, para como  quien espera un menú exquisito exclamen cuando lo ven llegar: que nos traerá “El Fausto”, para hoy…?

Terapeuta gratuito de la risa

 

Alfonso Osorio Simahán

ponchosorio@gmail.com

 

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