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Juanmi2311Miembro desde: 11/07/19

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12/07/2019

El filósofo Zygmunt Bauman adelantó y vaticinó cómo sería el comportamiento y la idiosincrasia de la sociedad postindustrial, la sociedad del siglo XXI. Una sociedad donde la tecnología, el consumismo y la celeridad serán los elementos encargados de guiar nuestro comportamiento cotidiano

La sociedad actual, la del siglo XXI, ha adoptado patrones comunes de comportamientos particulares y distinguibles de eras y siglos anteriores. Son formas de comportamiento muy concretos donde el mundo se percibe acelerado, artificial, maleable, moldeable... y líquido.

En siglos anteriores, la vida del ser humano estaba meridianamente predefinida desde la infancia. Si tus padres eran herreros, tú trabajabas como herrero y si tus padres eran panaderos, esa profesión desempeñabas. Todas las instancias de la sociedad estaban programadas, ya contaban con un sino concreto. Esto era aún más acusado en siglos donde existía sociedad de clases de forma práctica y donde alcanzar cierto estatus social era áltamente complicado, por no decir imposible. Un rico no podía casarse con un sirviente y/o viceversa. Todo se percibía dictado, como por orden divina. La sociedad tenía un orden impuesto.

Sin embargo, el sistema de producción fue cambiando con los siglos y sociológicamente la sociedad cambiaba de mentalidad y de predisposición. El cambio más notable en este sentido se produjo con la llegada de las fábricas, la revolución industrial y la incipiente irrupción del capitalismo en el siglo XIX en Reino Unido. Cabe recalcar que, personalmente, opino que el aspecto que define los demás ámbitos de una sociedad es el sistema económico (tal y como Marx afirmó). Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, y a medida que la sociedad iba adoptando un nuevo sistema de producción, la sociedad cambiaba su parecer... Si bien en la edad media el sistema de producción era el feudalismo y la servidumbre, donde una persona trabajaba para un amo, la era industrial, aunque adoptaba fórmulas de explotación laboral similares a las de épocas anteriores, ya había cierto margen de libertad de elección: trabajabas para tí (en teoría) y ganabas dinero.

Naturalmente, toda la ristra argumentativa está referida a la europa occidental, pues no todos los países del mundo vivían bajo un mismo sistema económico. Existían países (y existen) con economía proteccionista, economía liberal capitalista, economías comunistas y socialistas...

El tiempo pasaba y el sistema capitalista se instalaba en la mayoría de países occidentales con Estados Unidos a la cabeza. Y la sociedad, a partir de esta nueva coyuntura, adoptó formas de comportamientos que se adaptaban a lo que el nuevo sistema económico demandaba. Para sobrevivir hay que tener dinero (hablando bajo premisas capitalistas) y para tener dinero hay que trabajar (a no ser que se provenga de una familia pudiente).

Las relaciones laborales son inestables, las separaciones y divorcios aumentan casi de forma exponencial, queremos acabar todo rápido, no queremos pararnos en lo verdaderamente relevante

Nos remontamos ya a principios del siglo XXI, una época donde los avances tecnológicos marcan una época y la llegada de internet vaticina el estancamiento de lo analógico por lo digital. Ya todo había cambiado. La forma de comunicación, de rellenar formularios, de enviar mensajes, de viajar... Todo se ha masificado y globalizado. Esto ha ido acorde a una carta de derechos humanos y libertades que nos permiten tener libertad, decidir nuestro futuro, y, a través de la meritocracia, acceder a puestos privilegiados de la sociedad ocupando y escalando los estatus sociales. Estamos ante un paradigma nuevo y el ser humano aún se está adaptando. Además, nuestra genética nunca ha presenciado esta nueva forma de vida (insalubre) en la que el sedentarismo, la mala alimentación y el automatismo dictan nuestra cotidaneidad.

El cambio de sociedad anteriormente descrito propició la aparición no solo de ventajas y oportunidades, sino de desgracias y de incongruencias también, como hemos ya adelantado. Nos creemos más libres, pero estamos anclados al móvil; creemos que somos libres, pero tenemos que ir a trabajar a diario; creemos ser libres de comprar productos, pero compramos influenciados por la publicidad... Es la sociedad que describío Bauman en su teoría de la sociedad líquida. Una definición algo distópica de las sociedades capitalistas modernas, donde todo está en el aire, no tenemos nada claro. Y donde el ser humano está confuso debido a la maleabilidad de los elementos que conforman la realidad.

Las relaciones laborales son inestables, las separaciones y divorcios aumentan casi de forma exponencial, queremos acabar todo rápido, no queremos pararnos en lo verdaderamente relevante. Consumir y comprar son los verbos más llevados a la práctica en nuestra sociedad. La simbiosis que se produce entre las nuevas tecnologías y el modo de producción capitalista causa una sociedad desorientada, desamparada y moldeable.

O estamos muy felices, o nos ahogamos en un profundo malestar producido por el aburrimiento de no tener estímulos nuevos. La masiva cantidad de estímulos, citas y eventos a los que estamos sujetos hoy en día produce por un lado insensibilidad ante hechos verdaderamente relevantes y por otro lado causa saturación. Vivimos atados, atrapados en una gran telaraña sociológica donde las modas y las redes sociales marcan un determinado patrón de comportamiento diario. Todo está sujeto a una indomable incertidumbre constante que provoca malestar y que causa que la sociedad se vuelva egoísta, consumista e individualista. Eso sí, queremos ser bien vistos y aceptados socialmente, por ello, subimos nuestra vida entera a una red social. Los "likes" causan alivio a los adictos al móvil, tal y como la cocaína al drogadicto.

El carácter primitivo humano de cooperar, colaborar, ayudar al prójimo... está quedando cada vez más en desuso. No se atisba un ápice de generosidad alguna en las sociedades modernas, o al menos no la suficiente. A mi juicio y percibiendo el panorama desde mi particular punto de vista misántropo, estamos abocados al fracaso.

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