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¿Presa de la desesperacón; ¡ha pensado quitarse la vida alguna vez?

03/11/2009 16:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si está desesperado, sepa que todavía hay salida para el laberinto en el que se encuentra. La luz al final del túnel se encuentra en Dios

Fernando Alexis Jiménez

Si la tristeza pudiera plasmarse en una pintura de variados colores, con degradaciones de negro a gris, ese cuadro sobre lienzo podría verse reflejado en los ojos de Martha Lucía. Había regado tantas veces sus mejillas con lágrimas, que su fuente de llanto se secó y sólo podía transmitir su angustia con una mirada desesperanzada, que se perdía en el infinito a través de la ventana de la habitación de hospital donde se encontraba recluida.

--Mi vida ya no tiene sentido—dijo, sin evidenciar ninguna sensación en su rostro. Impasible y llena de desasosiego.

Su brazo estaba unido a un canal de provisión de suero. Las muñecas de sus manos vendadas. Seis horas atrás se había cortado las venas después de una acalorada discusión con su esposo. “Ya no le encuentro propósito a mi existencia”, reflexionó después del incidente--. Vivir o morir da lo mismo. Al menos si muero, dejo de sufrir”. Minutos después tomó la fatal decisión. La empleada del servicio la descubrió a tiempo, nadando en la sangre que brotaba incontenible de su cuerpo.

Creía que sus problemas no tenían solución. Ya no amaba a su esposo. Sus hijos no le prestaban atención ni le obedecían cuando les llamaba la atención. Tres meses antes la despidieron de su trabajo como auditora en una empresa constructora, y las facturas de cobro por el vehículo que había comprado recientemente, se iban acumulando en un escritorio. Para completar el panorama oscuro, había roto relaciones con su madre.

--¿Qué puedo hacer?—se preguntaba mientras caminaba sin rumbo fijo por las calles angostas e interminables de la urbanización que habitaba.

Les confieso que personalmente no sabía cómo abordar a alguien que se considera al borde del abismo. ¿Qué palabras podía utilizar para traerle una voz de aliento? Reconocí mi incapacidad frente al asunto tan delicado como el de Martha Lucía. Oré a Dios y comencé a compartir con esta joven mujer los principios que estudiaremos con usted:

Millones en la encrucijada

El hecho de que cada día aparezcan más consultas por estés y ansiedad, evidencian la íntima relación entre estas manifestaciones de inestabilidad emocional con los cada vez más creciente número de personas que no se aceptan a sí mismas. Ven todo con una lente gris. Consideran que la vida no tiene sentido. Incluso, llegan a pensar que el suicidio es la única salida al laberinto que enfrentan.

Presos de la angustia, la incertidumbre y la sensación de que no le encuentran gusto a nada, hombres y mujeres se limitan únicamente a transitar por la vida. Horas van y vienen e importa poco si es un lunes, o un domingo radiante.

Progresivamente el cúmulo de problemas y la pesada carga que arrastran con su existencia, lleva a decenas de personas en todo el mundo a encerrarse en sí mismas. Entran en una gigantesca burbuja que los margina de todo y de todos. Levantan barreras a su alrededor e interactúan con los demás sólo en lo fundamental. “La vida no tiene sentido”, se repiten una y otra vez, alimentando su desaliento.

Alguien te conoce

Cuando experimentamos períodos de crisis o atravesamos un prolongado desierto signado por el desaliento, creemos que nadie nos comprende. Estamos tan inmersos en un pequeño mundo de desesperanza, que consideramos que nadie podría entender la angustia, dolor, expectativas y desasosiego que nos asaltan.

¿Le ha ocurrido alguna vez? Sin duda que sí. Todos los seres humanos hemos llegado alguna vez a pensar que nadie podría siquiera ayudarnos a salir del callejón oscuro en el que nos encontramos.

¡Pero se equivoca! Hay alguien que no solo le conoce sino que además se interesa en sus problemas. Sabe qué siente usted y desea ayudarle. Ese alguien es nuestro amado Dios y Padre. Él sabe hasta el más mínimo detalle de usted y de mi desde antes de la creación del universo, y estuvo atento a todo el proceso de formación desde que fuimos concebidos en el vientre de nuestra madre.

Así lo ilustró bellamente el rey David cuando escribió: Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.”(Salmo 139:1-3, Nueva Versión Internacional)

Es a Dios a quien debemos y podemos acudir cuando nos encontramos frente a situaciones difíciles. En esas etapas de nuestra vida en las que nos abandonan aquellos que suponíamos ingenuamente que nos iban a brindar su apoyo. Y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos descubrimos que todos salieron, que no escuchamos un consejo sabio o al menos comprensivo y tolerante, y que el panorama luce cada vez más ensombrecido.

Realmente sí somos valiosos

¿A qué se debe el que millones de personas en todo el mundo no se valoran? Lo sabemos bien: a la baja autoestima, que no es otra cosa que la perspectiva que cada quien tiene acerca de su verdadero valor.

Y pienso en Roberto, que por muchísimo tiempo fue el borracho del pueblo. Todos estaban acostumbrados a los patéticos espectáculos que ofrecía en medio de la embriaguez. Es más, muchos esperaban verlo aparecer por la calle principal del caserío al caer la tarde. Llegaba invariablemente dando tumbos ante las risotadas de todos.

Pero un día alguien le habló de su verdadero valor en Dios. No se focalizó en su adicción ni en el ridículo que protagonizaba, sino en el valor real que le asistía como ser humano.

Cuando por fin comprendió que él, con todos sus errores, era realmente motivo de interés para el Supremo Hacedor, experimentó un cambio dramático. Asumió que beber no era ninguna salida al laberinto sino por el contrario, el elemento que contribuía a restar a su verdadero valor.

Traslade a hora este hecho a su propia existencia. Desconozco cuáles son las fallas que haya cometido por años. Permítame ir más allá: No importa cuántas veces haya caído, incluso en el pecado. ¡Hoy tiene una nueva oportunidad! La misma que le ofrece Dios para cambiar.

Recuerde siempre que además de conocernos hasta en los más mínimos detalles, Él.—nuestro Padre celestial—nos valora enormemente: Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.¡Te alabo porque soy una creación admirable!¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado cuando en lo más profundo de la era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando aunque no existía uno solo de ellos.”(Salmo 139:13-16, Nueva Versión Internacional)

Dios tiene la salida al laberinto

Dado que Dios es el primero y más grande fundamento para nuestra existencia, podemos desarrollar tres cimientos para elevar nuestra autoestima: “En Dios soy aceptado, soy importante, y soy capaz de hacerlo todo”.

Es cierto que nuestros familiares y amigos a través de su comprensión y apoyo ejercen una poderosa influencia en nuestro ser. Su por el contrario, sólo encontramos crítica y rechazo, ahora sabemos que nuestro amado Dios nos comprende, escucha, ayuda, acepta y fortalece.

En Dios podemos ser transformados

Si Dios nos conoce y examina, hasta lo más profundo de nuestro ser, sólo él conoce áreas en las que debemos cambiar y crecer. Con su ayuda, podemos vivir la transformación que tanto anhelamos. Usted y yo fuimos concebidos a imagen y semejanza de Dios, por tanto, concebidos con una naturaleza especial y enormes potencialidades para llegar muy lejos, a límites que apenas podemos soñar. ¡Todo es posible para Dios!

El propio rey David escribió: Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.”(Salmo 139:23, 24. Nueva Versión Internacional)

Cuando tomo mi teléfono celular, aprecio la luz que ilumina mi estudio e incluso, mientras digitalizo este material en el computador personal, pienso que todo partió de ideas de personas inquietas que desarrollaron su inventiva y creatividad por encima de las burlas y las críticas. Fueron, y algunos hoy día, han sido seres excepcionales—como lo somos usted y yo—con la diferencia de que ellos sacaron a flote sus enormes potencialidades, aquellas que tal vez tuvieron dormidas por mucho tiempo. ¿Cómo se logra dar lo mejor de nosotros? La respuesta es sencilla: en Dios.

Pueden separarnos del amor de Dios

¿Comete los mismos errores que ayer? ¿Ha llegado a sentirse al borde del abismo, gobernado por el fracaso y la impotencia frente a circunstancias que escapaban de sus manos? La lista de factores que influyen en nuestra vida y que nos inducen a pensar que jamás podremos cambiar o salir adelante, es interminable.

¿Acaso las circunstancias o las personas pueden apartarnos del amor y verdadera valoración que Dios tiene de nosotros? En absoluto. El apóstol Pablo lo explicó con claridad al escribir: Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”(Romanos 8:38, 39. Nueva Versión Internacional)

A Juan Franco lo encontró agobiado por el peso de haber caído nuevamente en el consumo de drogas. Arrastrado por el dolor de volver atrás. Llevaba tres meses consumiendo estupefacientes. Lo hacía después de haber logrado escapar de ese flagelo y tras concluir favorablemente un proceso de rehabilitación. Había contraído matrimonio con una joven bonita e inteligente, y tenía un trabajo del que derivaba buenos ingresos. Ahora se encontraba en una encrucijada.

--No tengo solución. Soy un caso perdido--, me dijo con tono de derrota en su voz.

--¿Has orado?--, le pregunté.

--No; creo que mi error es tan grande que Dios no escucharía mis oraciones--. Esta muy apesadumbrado.

Hablamos un buen rato, hasta que comprendió por la Biblia que Dios lo seguía amando y quería darle una nueva oportunidad. ¡Debía aprovecharla para reemprender el proceso de cambio y de crecimiento personal y espiritual!

La vida sí tiene sentido. ¿La razón? Usted es valioso para Dios, de una manera que usted jamás llegará a comprender en su verdadera dimensión: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.”(1 Juan 4:10, Nueva Versión Internacional)

Lea el texto cuantas veces considere oportuno. Asimile el hecho de que Dios lo valora y lo acepta con debilidades y errores, y quiere ayudarle en el proceso de cambio. ¡Hoy es el día para emprender el cambio hacia ese cambio que tanto desea! Depende de usted y de nadie más que de usted. ¡Con ayuda del Señor Jesucristo podrá lograrlo!

A propósito ¿Ya tiene a Jesucristo en su corazón?

Recuerde que el más grande paso que podemos dar, es recibir a Jesucristo en el corazón como único y suficiente Salvador. Hoy es el día para que lo reciba. Dígale en oración: “Señor Jesús, reconozco mis pecados y te agradezco que viniste a morir en la cruz para borrar mis faltas, traerme perdón y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Como sin duda dio este paso, tengo tres recomendaciones finales para usted: la primera, que aprenda diariamente en la Biblia los principios maravillosos que le permitirán crecer en las dimensiones personal y espiritual; la segunda, que haga de la oración un principio de vida. Es esencial y además, valiosa para su ser. Por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida jamás será la misma!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no deje de escribirme a fernandoalexis@aol.es y si lo prefiere, llame al (0057) 317- 4913705.

© Fernando Alexis Jiménez

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Sobre esta noticia

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Fernando Alexis Jiménez (59 noticias)
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