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Profetas interenantes e intemperancia política bordean Latinoamérica, los falsos espirituales

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24/02/2021 08:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El país debe entrar en una nueva cosmovisión ideológica y política y alejarnos de lo religioso. El silencio y la apostasía y el levantamiento de delincuentes como líderes comunitarios

La Tecla Fértil

La I Guerra Mundial provocó la muerte de más de 10 millones de hombres, 28 millones de heridos, tres millones de viudas y seis millones de niños huérfanos. Fue una guerra total que afectó también en forma de aldeas quemadas, fusilamientos como represalia, hundimiento de barcos mercantes o bloqueos navales para diezmar gradualmente, por el hambre, a poblaciones enteras. La guerra total también generó unos valores que se volvieron contra la República de Weimar y el Régimen liberal de Italia en forma de soldados deshumanizados con base en su hombre nuevo, que no dudaban en imponer su voluntad mediante la violencia. Langmead-Casserley señaló que “el totalitarismo se basa no sólo en la voluntad de poder de estadistas autócratas sino también en el deseo de seguridad y la tendencia a adorar y propiciar de las masas de ciudadanos […] La seudodivinidad del Estado contemporáneo, quizás más que una divinidad que haya usurpado con arrogancia sea la que le imponen a masas de individuos inseguros y frustrados, que piden con insistencia algún objeto poderoso y venerable de fe y de confianza. Sólo hay que enumerar las situaciones que soportaron los alemanes desde 1918, para comprender la magnitud de la crisis existencial que minaría la fe en la ciencia, en el progreso y en la religión revelada; provocando una efervescencia social, como la denominó Émile Durkheim en la Revolución francesa.

Dicen que Miguel de Unamuno, en su fatídico discurso del 12 de octubre de 1936, afirmó que "la nuestra es solo una guerra incivil", y la verdad es que la guerra que desgarró España entre julio y de 1936 y abril de 1939 no era ni civil ni española. Cada país de Occidente reaccionó al conflicto con una intensidad difícil hoy de imaginar. En la lejana retaguardia de Hispanoamérica, sobre todo, la guerra se vivió y se sufrió como si fuese en carne propia. Cinco años de republicanismo habían convertido la antigua madre patria en un espejo donde se veían reflejados muchos de los temores y aspiraciones de las repúblicas hispanoamericanas, y cada país se escindió en disputas airadas, apasionadas, en torno a la guerra y a las nociones de la sociedad y del ser hispano defendidas y encarnadas por los distintos bandos: republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, por un lado; monárquicos, católicos y fascistas, por el otro. Nunca se había escrito tanto sobre España: poemas, narraciones, obras dramáticas, testimonios, crónicas, ensayos, artículos periodísticos y panfletos.

El presente libro, el primero de la colección Hispanoamérica y la guerra civil, estudia y muestra el impacto que tuvo la guerra en los intelectuales de Ecuador, un país que estaba viviendo un momento de verdadero esplendor en su literatura. La guerra civil trastornó el campo intelectual ecuatoriano, impulsó un encendido diálogo sobre los deberes del escritor y se convirtió en un tema casi ineludible para todos los intelectuales.

 Por otro lado, como no había enemigos en suelo alemán cuando se desmoronó el frente occidental alemán, aunque si fuesen palpables los efectos de la hambruna en la población civil provocadas por el bloqueo naval aliado, a muchos alemanes la derrota les pareció una traición interna o una conspiración con participación de actores raciales interrelacionados; que se intensificó cuando el acuerdo de paz de Versalles criminalizó a los alemanes alegremente, mientras entregaba su economía a un dominio extranjero hasta un horizonte cercano a 1988. Así las instituciones más venerables se desmoronaron y los revolucionarios se entregaron a las hordas asiáticas agitadas desde Rusia, para sembrar el caos en toda Centroeuropa. Es más pronto se relacionó el movimiento bolchevique con los judíos, porque en las nuevas repúblicas socialistas de Múnich, Berlín y Budapest muchos de sus dirigentes eran judíos radicalizados, atraídos por la visión mesiánica del marxismo, en un periodo donde el orden moral cimentado en valores constantes, se desbarató con la caída libre del Reichmark –la moneda alemana-. En este contexto se entiende la indignación de Karl Löwith: “Familias antiguas y bien situadas se quedaron empobrecidas de la noche a la mañana, mientras que jóvenes advenedizos adquirían grandes fortunas mediante la especulación bancaria… Ni siquiera los cuatro años de guerra consiguieron desbaratar la moral y todo este caos enloquecido, que erosiona a diario los fundamentos básicos de los individuos e infundía una falta de escrúpulos y una audacia desesperada a la generación más joven… Las virtudes de la burguesía alemana fueron arrastradas por este torrente, un torrente marrón y sucio que también arrastraba el movimiento que se formó en torno a Hitler”. Y precisamente la devaluación universal socio-económica de Alemania que reseña Löwith, provocó que el nihilismo artístico y el pseudorradicalismo de los artistas modernos vilipendiasen al viejo orden social, promoviendo una nueva generación de <<políticos-artistas>> de izquierdas que contribuyeron a minar a la República de Weimar; mientras la izquierda tildaba de fascista a todo adversario situado a su derecha, subestimando de forma notoria el auténtico fascismo.

Presidente, apersonorese del país, necesitamos verdaderos economistas

Llegados a este punto no se sorprenderán si les digo que la mentalidad apocalíptica desarrollada entre las dos Guerras Mundiales tenía un poso de relativismo moral y cultural muy propio de una guerra civil; donde sobresalían los profetas del fin del mundo en la izquierda. Un ejemplo de ello fueron las palabras del ministro húngaro Oskar Jaszi, durante la orgía de violencia de Béla Kun en el Budapest soviético: “se ha encendido la chispa del marxismo. De hecho, como todo auténtico movimiento de masas, se inflamó primero con poderes de carácter religioso […] El capitalismo tenía los días contados, la revolución mundial estaba próxima, Lenin no tardaría en unificar las fuerzas obreras de toda Europa en un solo sindicato revolucionario […] En los cerebros de esas personas estaba viva la nueva deidad: la fe en la dialéctica ineludible del llamado desarrollo económico que traerá consigo la caída del malvado capitalismo y, con la inevitabilidad de las leyes de la naturaleza (leyes divinas) dará a la luz la nueva sociedad, soñada por todos los profetas, la tierra de la paz, la igualdad, la hermandad, la sociedad comunista.

Es una característica del mundo de hoy, un ataque feroz a la monarquía española, una hambruna, un ataque certero a la moneda nacional desde el núcleo de la nueva izquierda neoliberal y un factor religioso para achicar a la sociedad civil desde un poder militar y una fuerza civil, teniendo al Vaticano y a los principales pastores protestantes que no cumplen con La Biblia como ejes de una transformación y, luego los botan, como hicieron con Chávez y solo utilizan sus simbolismos y figura, al igual que Darío Vivas, este excelente hombre de bien, amigo de Carlos Andrés Pérez construyo algunas de sus vitales propagandas en el escenario político.

Vladimir Puti, un hombre preparado desde su niños en todo el ámbito personal de vivencias ideológicas y políticas fue llamado para consensuar a Rusia y llevarla a lo que es hoy, un Estado Moderno, desarrollado y un buen hábitat, donde los niños pueden jugar y las niñas y mujeres sentirse seguras  como pilares de un integrismo nacionalista, fuera de lo religioso y el fanatismo divino que es un engaño a la conciencia, Dios, Jehová, existe y somos nosotros mismos, lo religioso es dogmático y dominio de masa, lo espiritual es avanzar y tener un conocimiento lógico, es la razón y el manejo del desarrollismo.

En Sudamérica estamos en una guerra espiritual y económica básico, una rectoría de presuntos delictivos.

En Alemania había una atmósfera secular mesiánica que anhelaba a un caudillo que les guiase en la vieja tradición de Federico Barbarroja o Bismarck. Max Weber indicó la llegada de un futuro Führer durante una charla en una librería de Münich, que formaría parte de <<la política como vocación>>, de la que Karl Löwith escuchó y comprendió en su condición de alumno que: “al final de las conferencias, Max Weber había profetizado lo que pronto sucedería: que aquellos que no eran capaces de soportar la dura suerte de los tiempos volverían a arrojarse en brazos de las viejas iglesias y que los <<políticos de convicción>> que se embriagaban con la revolución en 1919, se convertirían en víctimas de la reacción, cuya irrupción preveía en un plazo de diez años […] era absurdo esperar que los profetas nos contasen lo que debíamos hacer a nuestro mundo desencantado. Weber extraía su lección de esto: deberíamos ponernos a trabajar y abordar las exigencias del día; esto es claro y simple” . Pero los jóvenes germanos no siguieron el camino de prudencia que les mostraba Weber y prefirieron soslayar los partidos tradicionales para abandonarse a órdenes y sectas, cultos extraños y partidos políticos que preconizaban la obediencia absoluta. No olvidemos que la crisis económica que deprimió a Alemania desde 1919 a 1933 provocó el fenómeno de los <<profetas>> itinerantes, que deambulaban por todo el país descalzos, melenudos y barbudos cobrando dinero por profetizar el fin del mundo, pedir la renovación moral y la creación de un nuevo tipo de hombre para que desarrollase una nueva sociedad. Dichas profecías era un síntoma peligroso de la condición espiritual que vivía el pueblo alemán. Como dijo Hamlet, ¡El tiempo está dislocado! Y la crisis postbélica llenó Alemania de cientos de miles de vagabundos que en su mayoría propugnaban la desnudez y las relaciones sexuales de corte informal5; a la par que, volvía a unir religión y política, en el plano político generalmente de la izquierda –anarquistas, comunistas, socialistas o nacionalistas- que fue muy bien visto por un clero protestante que admira el entusiasmo de sus seguidores, tanto como por la vanguardia artística de Dada y de la Bauhaus que aprobaban los happenings provocadores. Ahora bien, con el fracaso revolucionario de 1918-1919 la mayoría de los profetas reorientaron sus entusiasmos hacia la conciencia y el desarrollo personal. Pero lo privado y lo personal pronto entró en política con el discurso hitleriano de revolución político-moral

Recogen dólares para apetencias personales y ya tenemos un Estado delictivo

 

 

 

 

 


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1728 noticias)
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Reportaje
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