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Así Era Ramón Corona Madrigal

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01/12/2017 08:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La encontrada personalidad de Ramón Corona

 

Ni santo ni demonio; un hombre de carne y hueso, con virtudes y defectos. Ramón Corona Madrigal, el general que defendió a Mazatlán como ningún otro mexicano lo ha hecho.

En enero de 1859, en el marco de la Guerra de Reforma, Plácido Vega Daza recibió una carta del señor Teodor Amie Gazan, ciudadano francés, quien le decía "He visto al coronel Corona en Rosario –un joven, y creo que ahí tiene usted a un hombre con el que usted puede contar… “ Es ésta una de las primeras noticias que se tienen sobre el hombre que durante la Intervención Francesa defendió a Mazatlán y el sur de Sinaloa, como nadie más. Fue él quien durante años por tierra y por mar peleó contra el invasor francés, Ramón Corona Madrigal, el verdadero héroe de la Intervención Francesa en Sinaloa.

Pero, cómo era él físicamente, cómo era su trato con las demás personas, qué tipo de persona era él.  Los historiadores oficialistas nos pintan personajes diablos o santos; no a hombres o mujeres, personas de carne y hueso con virtudes y defectos.  Y, como todo ser humano, Corona tenía éstos y aquéllas; era un ser magnánimo, pero a la vez rencoroso, no olvidaba una ofensa. Físicamente, en abril de 1866 el periódico parisino Figaro lo describió así: “Corona, el verdugo de los prisioneros de Los Veranos, es un tigre con cara de humano, se dice que es un joven de veintitrés años, de una belleza femenina, rubio y completamente imberbe.”

Plácido Vega y Ramón Corona perdieron la amistad y se convirtieron en enemigos. Vega sí mostró en una ocasión la posibilidad de dejar atrás los rencores, mas de Corona no se supo que tuviera esta disposición. Y derivado de esta enemistad, aun cuando el ejército francés ya casi tomaba Mazatlán, Corona planeó y ejecutó el golpe de estado que derrocó al gobernador alfil de Vega Daza, el sonorense Jesús García Morales, lo tomó preso  y luego nombró a su sustituto.

En California, y específicamente en San Francisco, dos mexicanos fueron muy populares debido a sus hazañas en contra de los invasores franceses; uno era el general Plácido Vega Daza, quien había sido enviado a esa ciudad por el propio presidente Benito Juárez para la adquisición de armas: El otro, con el paso de los meses y las batallas contra los franceses, se hizo aún más popular a pesar de encontrarse en el área de Mazatlán, y no era otro que Ramón Corona Madrigal. Por ello no resulta raro que los mexicoamericanos residentes en California al término de la invasión francesa le rindieran tributo a Corona. 

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La tarde del 19 de mayo de 1867, en el Consulado de México en San Francisco,   un elevado número de mexicoamericanos se dio cita para examinar un objeto muy especial. Se trataba de una espada diseñada por el joyero A. Mendoza de dicha  ciudad. La cual era dedicada “al más uniformemente triunfador de los Generales Republicanos de México, y victorioso de muchas duras batallas en contra de los Invasores Franceses”.  Otorgada al general mexicano por residentes de California y de Nevada, la hoja de la espada era de acero de alta calidad;  hecha de oro y esmalte, la empuñadura consistía de un águila, una serpiente y un nopal, es decir los elementos del escudo nacional. Una dama, sólo ella, había donado un bello diamante para que fuera colocado en la guarda del arma. Seis diamantes más rodeando un gran rubí formaban una rosa. La vaina era de plata mura con puntas de oro sólido finamente trabajados. Justo antes de la guarda se halla un escudo con las letras R C así como una corona de laurel. En la vaina se leía la siguiente leyenda en español: “Los Mejicanos locales que residen en California y Nevada, acogiendo la idea del C. Cónsul de la República José A. Godoy, dedican esta espada el C. General Ramón Corona por el valor que ha desplegado triunfando de los franceses y traidores. San Francisco, Cal. Mayo de 1867”  Tan bello objeto, cuyo valor entonces fue de dos mil dólares,  fue enviado  a Mazatlán  días después para ser entregada al “Héroe de la Intervención Francesa en Sinaloa”.

El 9 de agosto de ese mismo año zarpó de San Francisco, California, rumbo a Mazatlán, el bergantín británico Hermina. A bordo, entre muchos pasajeros más venía un hombre que había  sido oficial en las filas del Ejército de Occidente. Si bien el nombre de este soldado se desconoce, la misión que lo había llevado al puerto californiano es digna de ser recordada.  De su propio pecunio, Ramón Corona le había pagado la adaptación de una pierna artificial, es decir una prótesis. En total eran tres de sus compañeros de armas a quienes él, Corona, había pagado dichas extremidades artificiales utilizando su propio dinero.

 

No en vano  la viuda Betty Bowman, una mujer estadounidense descrita como bellísima,   se había enamorado de Corona y había terminado casados el 2 de octubre de ese mismo año. No en vano ella se interpuso entre Primitivo Ron y su esposo cuando aquél lo atacó a cuchilladas.

Así era, pues, todo indica el general Ramón Corona Madrigal; enemigo acérrimo, pero a la vez muy amigo de sus amigos. Manuel Enciso, hombre muy allegado a Plácido Vega, por órdenes de Corona varias veces  fue encerrado en prisión por el simple hecho de ser amigo de Vega. Fue él pieza principal en el derrocamiento de Jesús García Morales y luego, en la de Antonio Rosales.


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Autor:
Antonio Lerma Garay (80 noticias)
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Reportaje
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