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Regresar a Keynes

08/05/2012 11:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Que hace la UE frente a la presente crisis? Todo lo contrario de los preceptos keynesianos. El resultado una crisis que se arrastra y de la cual no vemos la luz al final del túnel

Regresar a Keynes

Por: Teresa M.G. Da Cunha Lopes

Keynes refutaba la teoría clásica de acuerdo a la cual la economía, regulada por sí sola, tiende automáticamente al pleno uso de los factores productivos o medios de producción (incluyendo el capital y trabajo) y postuló que el equilibrio al que teóricamente tiende el libre mercado, depende de otros factores y no conlleva necesariamente al pleno empleo de los medios de producción, es decir, que los postulados liberales clásicos dependen de una premisa que no es necesariamente correcta o “general”.

Así, Keynes postuló que la posición de estos sobre el equilibrio de la oferta y la demanda, sería correspondiente a un caso “especial” o excepcional, en tanto que la teoría debería referirse al proceso “general” y a los factores que determinan la tasa de empleo en la realidad, en consecuencia llamó a su proposición : la “Teoría general”.

En términos no técnicos, el liberalismo económico clásico supone que cuando se produce un bien se han producido también los medios para su compra (en la medida en que para producirlo se ha gastado dinero, ya sea en inversiones de capital, compra de materias primas, sueldos y otros).

En esa situación, lo racional es comprar (debido a que mantener dinero sin uso no produce beneficios; en todo caso, el posible ahorro es equilibrado por el endeudamiento). Sigue además que para fomentar crecimiento económico hay que fomentar la producción: a más producción, más dinero, más compras, etc.

Así, en el largo plazo, no solo todo lo que se produce es lo mismo que todo lo que se compra sino que todos están interesados en que el sistema funcione a máxima capacidad (se logra un equilibrio entre la producción y la demanda agregada que tiende al máximo uso de los recursos, incluyendo el pleno empleo).

Ahora bien, contrariamente a esta posición de los liberales, para Keynes no es la producción la que determina la demanda sino la demanda la que determina la producción (Teoría general sobre el empleo el interés y el dinero, caps. 1 y s.). Esto porque los empresarios -o quienes intentan serlo- invierten sobre la base de una percepción central: la diferencia entre la tasa de interés y la tasa de ganancia; a la mayor diferencia en favor de la última, lo más posible es que se invierta.

Pero esa tasa de ganancia depende de la demanda.

Mientras tanto los consumidores -ya sea que consuman o “ahorren” (defieran consumo)-, su demanda no sólo se determina cuando la tasa de interés sube sino también con relación a la percepción de la evolución futura, tanto de sus ingresos como de los precios de bienes de consumo.

Se establece así una relación compleja, en el laberinto de la cual nos encontramos hoy perdidos.

Keynes aduce que el problema comienza cuando contemplamos el circuito económico en su conjunto .

Sucede que las decisiones acerca del ahorro y las opciones acerca de inversiones son hechas por diferentes personas y, posiblemente, en momentos diferentes. Sigue que no hay necesidad que esas decisiones tengan que coincidir, de hecho, esas variables no convergen a una situación de estabilidad o equilibrio económico - situación que se transforma en el caso especial en el cual las inversiones igualan a los ahorros en una situación de expansión de producción y precios relativamente altos con relación al salario medio, pero con tendencia a la deflación.

De hecho, Keynes va tan lejos como sugerir que–debido a una serie de factores; entre los cuales, el principal es una tasa de interés excesiva- la situación tiende a oscilar alrededor de un punto en el cual los recursos no son utilizados efectiva o plenamente, ya que tal tasa de interés tiende a deprimir la economía en general (¿les suena?).

En otras palabras, Keynes postuló que, en ciertas situaciones, y contrario a lo planteado por la visión clásica, es económicamente racional no gastar dinero. Por ejemplo, si los precios están bajando es racional no comprar hoy porque con el mismo dinero se comprará más la semana que viene. Por el mismo motivo, disminuye la cantidad de gente interesada en utilizar préstamos (los ahorros de otros): si los precios bajan, no solo se comprará más la semana que viene sino que las tasas de interés y los sueldos serán menores.

Igualmente, una baja del empleo o de los salarios - amenazando futuros ingresos- puede llevar a otra en la demanda, y por lo tanto a una baja en la producción, llevando a su vez a más desempleo.

Así, sucede que la economía establece un punto de equilibrio nuevo donde convive perfectamente en una situación lejana de la utilización óptima de los medios de producción. Específicamente, en la década de los treinta del siglo XX, durante la Gran Depresión, con una alta tasa de desempleo. Y, como un espejo distorsionado por la historia, en la presente crisis en que nos encontramos inmersos desde el 2008.

Así pues, debido a que la relación “ahorro igual a la inversión” no se establece solo o automáticamente a través de la acción del mercado, parecería conveniente encontrar alguna manera de armonizar esas variables.

Keynes postula que la única fuerza capaz de hacer eso es el Estado.

Para tratar de entender el funcionamiento real de la economía y sus diferencias con los esquemas formales del dogma clásico, Keynes desarrolló los conceptos de propensión a consumir, multiplicador de la inversión, eficiencia marginal del capital y preferencia por la liquidez.

La propensión marginal a consumir es la variación del consumo cuando el ingreso disponible varía en una unidad, es decir, la relación entre una variación en el ingreso y la modificación correspondiente en el gasto en consumo.

Si la propensión a consumir es débil (¿quién quiere consumir hoy?) y las oportunidades de inversión no son atrayentes (¿dónde están?, ) una parte del ingreso que no se consume tampoco se invertirá y la demanda efectiva se reducirá, por lo que la economía se contraerá y el nivel de empleo descenderá.

De manera que como el ahorro y la inversión no siempre están en equilibrio, al Estado le corresponde actuar para asegurar que el nivel de inversión necesario para multiplicar la actividad económica y garantizar el pleno empleo.

En términos prácticos, y para contrarrestar la espiral negativa de los años treinta, Keynes proponía que -en momentos de estancamiento económico- el Estado tiene la obligación de estimular la demanda con mayores gastos económicos.

Teóricamente, hay tres maneras que el Estado puede financiar esos gastos:

1. Aumentar los impuestos.

2. Imprimir más dinero y

3. Endeudamiento fiscal (uso de los dineros que la población está ahorrando).

Keynes basa sus sugerencias sobre un dinero con valor relativamente estable, por lo que no es partidario del incremento indiscriminado en su “producción”. Aunque para Keynes el incremento de impuestos era legítimo si se orientaba al aumento de la inversión pública y de la demanda, consideraba adecuado financiar el incremento del gasto fiscal a través del endeudamiento, en lugar de dedicar todos los impuestos recaudados al pago de deudas.

El otro lado de esa política es que el Estado debe pagar esa deuda cuando sus ingresos aumenten, debido al incremento por ingresos de impuestos cuando eventualmente haya un auge; ese aumento en los ingresos se debe al auge o expansión en la economía, no a un incremento en la tasa de impuestos.

En otras palabras, la propuesta de Keynes es que el Estado debe jugar en general un papel contracíclico en la economía: estimulando la demanda en momentos de recesión y restringiéndola en momentos de auge. De esta manera, los ciclos económicos se aminoran y no se transforman en crisis.

¿Que hace la UE frente a la presente crisis? Todo lo contrario de los preceptos keynesianos. El resultado una crisis que se arrastra y de la cual no vemos la luz al final del túnel.


Sobre esta noticia

Autor:
Teresa Da Cunha Lopes (267 noticias)
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Tipo:
Opinión
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