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¿Cómo repercute el envejecimiento en la sociedad moderna?

08/03/2018 10:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una sociedad cada vez más longeva y, por consiguiente, más envejecida, provoca una serie de problemas en la sociedad. Veamos algunos de ellos

La repercusión de este fenómeno es muy amplio y a todos los niveles de la estructura social. Por supuesto, el crecimiento de la población anciana determina un aumento de los gastos estatales, para el mantenimiento de esta fracción, por lo general, no productiva económicamente. Esto no sólo porque aumentará su número y proporción, sino porque se prolongará también la cantidad de años que estas personas vivirán en esta etapa de la vida.

La repercusión del envejecimiento y de las enfermedades que se le asocian, sobre los sistemas, de salud, son evidentes. Los ancianos constituyen los mayores consumidores relativos o absolutos de servicios de salud y medicamentos en cualquier país, lo que por supuesto determina una preocupación especial, aún en los países económicamente más desarrollados.

Todas las tendencias demográficas tienen consecuencias sociales importantes. El logro del desarrollo sostenido exige un equilibrio adecuado entre los factores sociales, económicos y ambientales y los cambios en el crecimiento, distribución y estructura de la población. Ello exige un esfuerzo importante por parte de los gobiernos y las instituciones internacionales.

La sociedad moderna no puede ni debe prescindir del porcentaje de la población mayor con que cuenta, debe aprovechar al máximo sus potenciales y contribuir a que los mismos tengan una vida con calidad para su última etapa. En esta último etapa de vida, las personas pueden tramitar su testamento vital para dejar constancia de los cuidados médicos que desean recibir. Los ancianos son parte integrante e indivisible de la sociedad moderna. Las personas de edad deben desarrollar su vida activamente, recibiendo y aportando de y a la sociedad, de manera que contribuyan al desarrollo armonioso de la misma.

Se define al envejecimiento poblacional como un aumento en la proporción de personas en los grupos de más edad de la población, por lo general, considerando como tales a los de 60 años y más.

Se ha calculado que en los países con alta fecundidad y mortalidad relativamente baja (etapa II de la transición epidemiológica), cada madre tiene más de una hija adulta viva (2, 8 hijos cuando la madre tiene 60 años). Al pasar a la etapa IV en que disminuye la fecundidad, es decir, después de la transición epidemiológica, cada madre tendrá sólo una hija viva (1, 2 hijos cuando la madre tiene 60 años). En el primer caso, la familia extensa todavía puede funcionar bien, pero es menos probable que funcione en el segundo. En países de baja fecundidad, la probabilidad de que una hija de 45 años tenga una madre viva es de 0, 69 y sigue siendo alta aún a la edad de 55 años; las probabilidades correspondientes son sólo moderadamente menores en los países de alta fecundidad con mortalidad descendentes.

El estado debe aprovechar al máximo el potencial de las personas mayores y contribuir a que las mismas tengan una vida con calidad para su última etapa

Con frecuencia, la longevidad alcanzada en muchos países ha dado por resultado que surjan familias multigeneracionales. En países con bajas tasas de mortalidad, están llegando a ser numerosas las familias con cuatro generaciones en línea descendente o ascendente (no necesariamente ocupando la misma vivienda). Todas esas familias de cuatro generaciones tienen uno o más miembros ancianos y muchas tienen miembros ancianos de dos generaciones. Las familias más viejas, con progenitores muy envejecidos, pueden tener que llevar una carga excesivamente pesada.

Las proporciones de progenitores ancianos en relación con hijos adultos, dan una idea de la variación de la carga que significa el sostén de los ancianos dentro de la familia. Esas variaciones pueden medirse mediante coeficientes de dependencia familiar, definidos como el número de personas de 60 a 74 años que constituyen un porcentaje de la cifra correspondiente a las personas de 40 a 44 años. Cuando las tasas de fecundidad y de mortalidad son mayores, tales coeficientes tienden a ser bajos, sobre todo en los países en desarrollo.

Si las personas mayores continúan siendo económicamente activas, se evita la necesidad de que la familia, la comunidad y el estado las sostengan. Hay una variación considerable en la proporción de estos ancianos, sobre todo en el caso de los hombres.

En 1980, la proporción de hombres de 65 años y más, activos económicamente, en América del Norte y Europa era entre 20 y 22%; las cifras correspondientes a América Latina, Asia y África variaban desde 42% para Iberoamerica hasta 58% para África. Los coeficientes de actividad correspondientes a las mujeres de 65 años y más son mucho más bajos, pero también sufren variaciones considerables. Europa y América del Norte tienen coeficientes de 6 a 8%, mientras que los de África y Asia son de 16 a 19%.

Los agudos cambios demográficos que han de presentarse en los próximos decenios exigen respuestas inmediatas, para que las sociedades, de forma ordenada y planificada, enfrenten las consecuencias que estos acarrean. Toda esta situación demográfica exige cambios económicos y sociales importantes. Es necesaria la formulación de estrategias y la exploración de nuevos métodos de atención a los ancianos, además de que se establezcan programas más eficaces para estas personas.


Sobre esta noticia

Autor:
Óscar Mld (6 noticias)
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Reportaje
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