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Ruibal, honoris causa

04/02/2018 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sopa de Tierra 1937

Ruibal, honoris causa en este principio de febrero helado en Madrid. Portavoz de la resistencia ajena al engranaje de la industria. Marinero en tierra, hijo del agobio, huésped de la Pensión Triana, bendito desobediente, predicador desde la duna de Bolonia, náufrago en Isla Mujeres, almadrabero de lo s mares del surf, chirigotero sin pito de carnaval, poeta consonante, músico asonante. Con los versos en la boca y la melodía en los huesos. El imaginario ruibaliano es uno y son muchos. Existe porque tú lo imaginas. Su cancionero ?el que lo probó, lo sabe? es de aquí, pero suena de allá, ida y vuelta. Punto de partida y eterno retorno. El artista, el autor, el intérprete, el hombre... esos son el mismo siempre. Con la verdad por delante. La suya. Artista honesto y mayúsculo en su reino de lo cotidiano, flamenco sin patrias ni fronteras. Con un quejío como de sonido negro y un proyectar la voz como si le brotara del alma.

Venía el maestro maqueado como un pincel tras convocar a un escenario de excepción, el madrileño Teatro Circo Price, con la invitación bajo el brazo de una celebración casi en familia y rodeado de invitadas de lujo. Aunque aquello estaba claro que no era una noche más, como no lo fue, el poeta de El Puerto de Santa María fue una vez más el de siempre ?sencillo y afable, comunicativo, humilde, con ese puntito siempre socarrón...? y sonó como siempre. Es decir, como nunca. "¡Por fin todo el mundo se ha enterado! ¿Habéis visto qué canciones, que ni una es regular? ¿Cómo se pueden hacer 500-900.000 canciones y que sean todas buenas? ¡Y cómo nos trata a las mujeres! Como diosas, como lo que somos", exclamó con todo su ángel Martirio al hacer acto de presencia en el escenario para compartir dos temas con Javier, uno de su puño y letra tan emblemático como La Boda, y un segundo al que el portuense le puso música para unos versos de la propia Maribel Quiñones y Kiko Veneno, Una roca en el mar.´

El músico y poeta portuense, al final del directo, acompañado por la mayoría de las invitadas a la velada en el Price

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El músico y poeta portuense, al final del directo, acompañado por la mayoría de las invitadas a la velada en el Price

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Ese "¡Por fin!" de Martirio fue de puro placer por ver a su amigo del alma abarrotar otra vez una gran plaza en la capital, 35 años después de iniciar una carrera cosida con pulso de cirujano y toda la paciencia del que no busca nada más que a sí mismo. Ocurría esto después de haber recorrido mundo y haber compartido pista con grandes domadores y fieras de su oficio. A él, que canta a lo eterno y carga desde hace tres décadas y media (se dice rápido) con la pesada maleta de una trayectoria libre e insobornable, le concedieron el año pasado el Premio Nacional de las Músicas Actuales. Premio a la constancia de permanecer a espaldas de las modas y los triunfos exprés, de los artistillas de cartón piedra y los estribillos en serie. Premio a no caer en clichés de consumo rápido, ni en venderse al mejor carné. El recital se titulaba Presente femenino. Pero no porque Ruibal quisiera apuntarse a una moda políticamente correcta, al #metoo, o aspire a erigirse en portavoz macho alfa de las pandoras, sino porque lleva toda su vida cantando a la mujer y, sobre todo, "aprendiendo de ellas". Se llamen la Gloria de Manhattan, la Reina de África, la Flor de Estambul o la Viñera de postín de la santa madre que le parió.

Más allá de todo, por encima de auditorios y aforos, Ruibal no defiende el triunfo (que rima con efímero) ni el reconocimiento (que suena a ojana), sino que su pan nuestro de cada día pasa por algo más sencillo: reivindicar su verdad y ese poder de comunión con su audiencia. Sin más. Hace unos meses le disfrutamos en un directo intimísimo en Galileo Galilei casi sin más acompañamiento que sus seis cuerdas, ahora nos arranca el ole de las tripas ante un auditorio varias veces mayor, rodeado de su poderosa banda y de otros invitados de relumbrón como el tres cubano de Raúl Rodríguez, un sonido de la frontera que sienta a este directo como un guante. Y sigue siendo (es) el mismo de siempre. Hasta con esos mismos chistes que, admitió, "llevo contando desde hace unos 20 años: estamos yendo tan para atrás que lo mismo cualquier día conocemos a Isabel la Católica". La cosa no cambia. Arrancó más o menos como siempre: de menos a más. El recital lo inició con Tu vida en prenda y acabó en los bises con Para llevarte a vivir e Isla mujeres, ese himno en el que ya el público, rendido a su maestría, le lleva en volandas.

Javier y Estrella, elegía a Morente

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Javier y Estrella, elegía a Morente


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Autor:
Criticic (1574 noticias)
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ctxt.es
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Reportaje
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