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Santa Teresita del Niño Jesús, nos enseña que la santidad no se trata de hazañas ni proezas, tan sólo de amor

14/12/2011 12:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Historia de un alma" narra la vida y obra de una mujer que no cometió pecado alguno que ofendiera a Dios

“¡Qué grande es el poder de la oración! Me parece que es como una gran Reina que tiene en todo momento libre entrada ante el Trono de Dios y obtiene de El todo cuanto le pide a favor nuestro”. Estas bellas y sabías palabras las escribió, muy seguramente inspirada por el Espíritu de Dios, Santa Teresita del Niño Jesús, una de las grandes santas que tiene nuestra Iglesia Católica. Había escuchado su nombre y sentía respeto por el sólo hecho de que era llamada “Santa”, pero no sabía nada sobre ella. En estos días me prestaron un libro que se titula “Autobiografía de Santa Teresita del Niño Jesús”, y cuenta, bajo el subtítulo de “Historia de un Alma”, su vida y obra. Inicia relatando detalles de su pueblo y los años de su infancia, marcados por la muerte de su madre, cuando ella tenía tan sólo cuatro años. Su adolescencia transcurre en medio de alegrías y tristezas, pero con la presencia de una familia hermosa y muy unida, cuyo centro y motor es su padre, a quien ama profundamente, no solamente por el vínculo que los une, sino porque ella lo describe como un hombre dulce, amoroso, comprensivo y que ha sido uno de los más grandes ejemplos que ha tenido, tanto así que lo ve como un santo. Sus hermanas también son parte importante de su vida, con quienes también compartió como religiosa, ya que todas se consagran a Dios.

Mi interés no es hacer una reseña sobre este libro, sino destacar rasgos de su personalidad que me dejaron sorprendida, ya que parece casi un absurdo que haya existido alguien con la grandeza espiritual de Santa Teresita. Es que hay que conocer su vida para que puedan entender, y quizás sólo lo comprendan personas que estén verdaderamente interesadas en la cosas de Dios, porque si aún nosotros, los que nos hacemos llamar creyentes, muchas veces no aceptamos todo aquello que cuestione nuestro comportamiento, no se puede esperar mayor cosa de quienes aún no han tomado este camino. Lo digo porque a medida que leía este libro me sentía maravillada, otras veces avergonzada y otras muy triste, al pensar en que mientras existió alguien a quien le atormentaba la posibilidad de cometer un pecado mortal que ofendiera a Dios, la mayoría de nosotros hemos pasado nuestra vida sufriendo por cosas que ni siquiera tienen que ver con Dios, aún afirmado que somos creyentes y practicantes.

Este libro también nos confronta con muchas realidades: La ausencia de valores, la ausencia de fe, la falta de amor a Dios y sobre todo los falsos valores, ya que hemos disfrazado el pecado para sentirnos tranquilos y para no tener que rendirle cuentas a nadie y mucho menos a nosotros mismos. Y es que Santa Teresita nunca cometió un pecado mortal, su único afán era amar a Dios y amar al prójimo a través de su consagración como religiosa, cuya vocación se centró en algo muy específico: La Oración. Ella al consagrarse, además de hacer sus votos de castidad, pobreza y humildad, dedicó su vida a orar por la santidad de los sacerdotes y por la conversión de los pecadores. Es por esto que se refiere a la oración como una “Reina” ya que ella logró a lo largo de su “corta vida”, pues murió a los 24 años, la conversión de muchos pecadores, y lo sigue haciendo desde el cielo. Se me olvida decir que la Virgen María siempre estuvo presente en la vida de la santa, ya que todo el tiempo le encomendaba sus actos, pues ella cuenta en sus notas autobiográficas como salió de grandes apuros gracias a su intercesión, pues, dicho por ella misma, Teresita del Niño Jesús tenía sus “grandes defectos” que fueron causa de muchas tristezas en su vida.

Al consagrarse, además de hacer sus votos de castidad, pobreza y humildad, dedicó su vida a orar por la santidad de los sacerdotes y por la conversión de los pecadores

Y es que hay que leer el libro para poder entender por qué un santo no se hace de la noche a la mañana, y que ese mérito lo tienen muy bien ganado. Lo digo porque en estos tiempos, de auges tecnológicos, los santos son subvalorados y son vistos como bichos raros. Precisamente en estos días un joven estudiante de literatura decía que uno de sus profesores hablaba de los santos y preguntaba: “¿Qué méritos tiene un santo? ¿Qué legado le han dejado a la humanidad? ¿Dé que les sirve ser santos? Él lo decía porque el tema de la clase eran los grandes escritores y sus méritos, y los quería confrontar con los santos, cosa absurda porque cada quien tiene lo suyo, es decir, cómo no amar la literatura y cómo no amar las cosas de Dios, si al fin y al cabo todo viene de Él, y es quien concede los carismas a los grandes escritores, así éstos nunca lo reconozcan. Con estas preguntas cuestionó a los alumnos y como nadie respondía el estudiante del que les hablo le contestó: “Los santos no son santos por ellos mismos, se hacen santos para que otros sean santos”. Palabras más, palabras menos, fueron para mí muy conmovedoras y contundentes. Cuenta él, que el profesor guardó silencio por unos segundos, no dijo nada y dejó de hablar de santos. Cuando este joven me contó su experiencia yo no tenía idea que iba a escribir sobre este tema, pero hoy justo me viene ese recuerdo y vale la pena compartirlo porque el día que escuché esta historia me conmoví mucho, ya que ver a un joven de 21 años hablando con tanta seguridad sobre cosas espirituales, y sobre todo con la certeza de que lo que dice no sólo es cierto, sino que él mismo lo vive, me llena de alegría, pues hoy vemos como la juventud ya no quiere creer en cosas de Dios ni mucho menos en “santos”. También estoy segura, que gracias a estas palabras, hay un ser en este mundo confrontando su sentir sobre los “Santos”.

Finalmente, creo que no es posible pasar esta vida sin cometer pecado alguno, pero es reconfortante e inspirador, comprobar que si existen personas con la capacidad de amar tanto a Dios, que no se atreven a ofenderlo ni siquiera con el pensamiento. También quiero invitarlos a buscar la “Autobiografía de Santa Teresita del Niño Jesús” para que saquen sus propias conclusiones y sepan que en qué termina la “Historia de un Alma”.

“¡Qué grande es el poder de la oración! Me parece que es como una gran Reina que tiene en todo momento libre entrada ante el Trono de Dios y obtiene de El todo cuanto le pide a favor nuestro”


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