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Semerucas, para pasar el hambre Maduriano

10/01/2018 21:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los ventanales, gotean las luces de la niebla y la vida comienza desde el mar,

Fuente Literaria

 

Ella, se escapó sobre las vertientes de las olas para su pequeña isla, ya el invierno pasaba y los delfines saltaban sobre las olas. Ignoro, donde se ha ido, el mar tiene su baúl, donde el éter y los recuerdos están allí presentes. Alguna idea se escapa y razonar es difícil, todo no debe ser maquinal.

Los ventanales, gotean las luces de la niebla y la vida comienza desde el mar, son recuerdos melancólicos y que aturden, más cuando se tiene alguien del gen que su única función es maldecir al padre que le dio el Ser.

La tarde, se escapa, los nichos son como la niebla, necesitamos una escapada. Estamos siendo sometidos por un verdugo que nos hace oscura la vida, nuestros niños tienen hambre,

Espero, que la vida sea más fructífera, las mañanas deben ser más frecuentes.

De hambre me muero, junto a otros venezolanos. Repito, me muero. Pero, llevo una eternidad a régimen, como si viviera poseído por el espíritu de un ángel. Ya no recuerdo, mi última cena, que mojé sopas en grasa de ternera, nos mata de desnutrición, estos mal nacidos.

Ni deshuesé un codillo con las manos, ni eructé chorizo a la brasa. Ya dijo Federico García, Lorca para más señas, que podía pasear a ciegas por Puerto Cabello y reconocer cada rincón por su olor. Pues yo, tras un infinito guardando la línea, he desarrollado súper poderes. Soy un perro trufero que detecta un solomillo a kilómetros de distancia, un zahorí capaz de encontrar una churrería en el desierto yermo y desolado.

Ya voy navegando, sobre las olas del mar para no ser detectado por los enemigos, debemos sentirnos bien

Esto de esculpir la silueta es un reto insufrible. Te sentirás mejor, me decían. Te verás más ágil y joven, me comentaban. No rozarás el ictus cada vez que te pongas los calcetines, me mentían. Si algo he notado en todo este tiempo es que se me escapa la energía en cada respiración, a cada paso. Se me ha llegado a nublar la vista, a flaquear las piernas, a sentir tembleques en la curcusilla, a creer que era la hora de reunirme con Dios. Lo he probado todo, desde el mañanero zumo de limón a infusiones de alpiste en ayunas, y puedo asegurar y aseguro que prefiero hacerme del Valencia F.C antes que seguir así un día más. Me levanto por la mañana, me despeloto frente al espejo cual modelo de la extrema ungida Interviú, meto barriga, saco barriga, me pongo de un lado, luego del otro, vuelvo a meter barriga, y no noto la diferencia, no siento progreso alguno. Una engañifa. Aún recuerdo con dolorosa emoción cuando vacié el frigorífico de todo lo que engorda. Cada tripa de salchichón, cada táper de albóndigas, cada hamburguesa, era como si me amputasen una extremidad. Ahora lo abres, el frigo, y huele a endivia, a té de cola de caballo, a yogur desnatado, a pescado, a vegano, a la profesora de yoga, a náufrago en una isla. Para empezar a llorar y morir deshidratado.

Hoy me he comprado un tetrabrik de caldo que promete. Lleva agua, cebolla, espárragos verdes, hinojo, jengibre, menta fresca, apio y alcachofa. Un suculento veneno que no veo el momento de probar, de paladear, de sufrir. Alguien debería introducir este modo de vida como pena en el Código Penal. Le condeno a cinco meses de dieta hipocalórica. Ante semejante amenaza alcanzaríamos una sociedad japonesa, perfecta, ordenada, respetuosa.

Esta noche me he despertado nervioso, agitado, como un yonqui en el punto álgido del síndrome de abstinencia. Huelo a panceta crujientita, me incorporo, sigo el olor a oscuras por el pasillo, me golpeo el pie con algo, cojeo hasta la cocina, se suma un aroma a morcilla con cierto toque de plato de cuchara de la abuela. Salivo como un chivo huérfano, enciendo la luz y no veo nada, no encuentro nada. Me desespero, enloquezco, me doy cabezazos contra la encimera, me vuelvo a la cama y lloro como un niño chico, desconsolado.

No he dormido, he dado más vueltas que un manco remando.

Ahora entiendo cómo se sintió Kiko Rivera en aquella playa de Supervivientes. Un héroe ese chaval, un ejemplo a seguir. Es más, desde aquí me solidarizo con los miles de conductores atrapados durante horas por la nieve en la AP-6, sin una bolsa de patatas a mano. No imagino peor ayuno, peor pesadilla.

No hay comida, mis cocineros protestan, los niños muriéndose a chorros en mi planeta, es angustiante.

Con los pseudo socialistas, comenzó todo esto, Así que ya ven, así malvivo, dando bocados al aire, sorbos a la nada más insípida, muriéndome a chorros. Y eso que hace mucho tiempo que empecé este calvario

No puedo más. No me acostumbro a esta existencia Zen, mitad Bruce Lee, mitad cabra montesa. Calma absoluta, mente controla cuerpo, alejado de excesos, renunciando a comilonas. Mañana es mi segundo día a dieta, puede que cene ensalada de tofu, con suerte soñaré con panecillos,

Ya no recuerdo, mi última cena

Este gobierno debe volarse, porque las olas del mar se ponen intensas-.

Fuente Literaria

Semerucas, para pasar el hambre Maduriano.

Ella, se escapó sobre las vertientes de las olas para su pequeña isla, ya el invierno pasaba y los delfines saltaban sobre las olas. Ignoro, donde se ha ido, el mar tiene su baúl, donde el éter y los recuerdos están allí presentes. Alguna idea se escapa y razonar es difícil, todo no debe ser maquinal.

Los ventanales, gotean las luces de la niebla y la vida comienza desde el mar, son recuerdos melancólicos y que aturden, más cuando se tiene alguien del gen que su única función es maldecir al padre que le dio el Ser.

La tarde, se escapa, los nichos son como la niebla, necesitamos una escapada. Estamos siendo sometidos por un verdugo que nos hace oscura la vida, nuestros niños tienen hambre,

Espero, que la vida sea más fructífera, las mañanas deben ser más frecuentes.

De hambre me muero, junto a otros venezolanos. Repito, me muero. Pero, llevo una eternidad a régimen, como si viviera poseído por el espíritu de un ángel. Ya no recuerdo, mi última cena, que mojé sopas en grasa de ternera, nos mata de desnutrición, estos mal nacidos.

Ni deshuesé un codillo con las manos, ni eructé chorizo a la brasa. Ya dijo Federico García, Lorca para más señas, que podía pasear a ciegas por Puerto Cabello y reconocer cada rincón por su olor. Pues yo, tras un infinito guardando la línea, he desarrollado súper poderes. Soy un perro trufero que detecta un solomillo a kilómetros de distancia, un zahorí capaz de encontrar una churrería en el desierto yermo y desolado.

Ya voy navegando, sobre las olas del mar para no ser detectado por los enemigos, debemos sentirnos bien

Esto de esculpir la silueta es un reto insufrible. Te sentirás mejor, me decían. Te verás más ágil y joven, me comentaban. No rozarás el ictus cada vez que te pongas los calcetines, me mentían. Si algo he notado en todo este tiempo es que se me escapa la energía en cada respiración, a cada paso. Se me ha llegado a nublar la vista, a flaquear las piernas, a sentir tembleques en la curcusilla, a creer que era la hora de reunirme con Dios. Lo he probado todo, desde el mañanero zumo de limón a infusiones de alpiste en ayunas, y puedo asegurar y aseguro que prefiero hacerme del Valencia F.C antes que seguir así un día más. Me levanto por la mañana, me despeloto frente al espejo cual modelo de la extrema ungida Interviú, meto barriga, saco barriga, me pongo de un lado, luego del otro, vuelvo a meter barriga, y no noto la diferencia, no siento progreso alguno. Una engañifa. Aún recuerdo con dolorosa emoción cuando vacié el frigorífico de todo lo que engorda. Cada tripa de salchichón, cada táper de albóndigas, cada hamburguesa, era como si me amputasen una extremidad. Ahora lo abres, el frigo, y huele a endivia, a té de cola de caballo, a yogur desnatado, a pescado, a vegano, a la profesora de yoga, a náufrago en una isla. Para empezar a llorar y morir deshidratado.

Hoy me he comprado un tetrabrik de caldo que promete. Lleva agua, cebolla, espárragos verdes, hinojo, jengibre, menta fresca, apio y alcachofa. Un suculento veneno que no veo el momento de probar, de paladear, de sufrir. Alguien debería introducir este modo de vida como pena en el Código Penal. Le condeno a cinco meses de dieta hipocalórica. Ante semejante amenaza alcanzaríamos una sociedad japonesa, perfecta, ordenada, respetuosa.

Esta noche me he despertado nervioso, agitado, como un yonqui en el punto álgido del síndrome de abstinencia. Huelo a panceta crujientita, me incorporo, sigo el olor a oscuras por el pasillo, me golpeo el pie con algo, cojeo hasta la cocina, se suma un aroma a morcilla con cierto toque de plato de cuchara de la abuela. Salivo como un chivo huérfano, enciendo la luz y no veo nada, no encuentro nada. Me desespero, enloquezco, me doy cabezazos contra la encimera, me vuelvo a la cama y lloro como un niño chico, desconsolado.

No he dormido, he dado más vueltas que un manco remando.

Ahora entiendo cómo se sintió Kiko Rivera en aquella playa de Supervivientes. Un héroe ese chaval, un ejemplo a seguir. Es más, desde aquí me solidarizo con los miles de conductores atrapados durante horas por la nieve en la AP-6, sin una bolsa de patatas a mano. No imagino peor ayuno, peor pesadilla.

No hay comida, mis cocineros protestan, los niños muriéndose a chorros en mi planeta, es angustiante.

Con los pseudo socialistas, comenzó todo esto, Así que ya ven, así malvivo, dando bocados al aire, sorbos a la nada más insípida, muriéndome a chorros. Y eso que hace mucho tiempo que empecé este calvario

No puedo más. No me acostumbro a esta existencia Zen, mitad Bruce Lee, mitad cabra montesa. Calma absoluta, mente controla cuerpo, alejado de excesos, renunciando a comilonas. Mañana es mi segundo día a dieta, puede que cene ensalada de tofu, con suerte soñaré con panecillos,

De hambre me muero, junto a otros venezolanos

Este gobierno debe volarse, porque las olas del mar se ponen intensas-.


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Autor:
Emiro Vera Suárez (423 noticias)
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