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Sexualidad, un tema que llama a una confusión literal(1)

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26/01/2020 07:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Que somos?. Que ha hecho el Estado para clarificar estas verdades que reflejan un acontecer geopolítico y define a una generación

La Tecla Fértil

 

A medida que la investigación sobre el género prolifera, lo hace también la tendencia a suponer que el significa­do del género no es problemático. Sin embargo, diferentes estudiosas y estu­diosos emplean el género de maneras notablemente diferentes. El género ha sido analizado como un atributo de los individuos, como una relación interpersonal y como un modo de organización social.  Ha sido definido en términos de estatus so­cial, papeles sexuales y estereotipos sexuales. Pero no sólo eso; también ha sido discutido como producto de la atribución, de la socialización, de prácticas disciplinarias, y posturas tradicionales

El género ha sido descri­to como un efecto del lenguaje; una cuestión de conformismo conductual; una carac­terística estructural del trabajo, el po­der y la catexis; y un modo de percepción.

El género ha sido descrito en tér­minos de una oposición binaria, de continuos variables y variantes, y en términos de capas de la personalidad. Ha sido caracterizado como diferen­cia (y como re­laciones de poder manifestadas como dominación y subordinación.

Esta cita la transcribe la conocida fe­minista Marta Lamas, 4 en el texto de lo que sería, según supongo, una conferen­cia orientada a establecer los marcos de una capacitación a funcionarios y agentes encargados de instrumentar políticas de transversalización del género, y que tiene como título: Género: claridad y complejidad. Tanto en éste como en otros dos textos, citados en la bibliografía, 5 Lamas alerta sobre el peligro de “reedificar” el concep­to de género o, incluso, convertirlo en un fetiche. Si bien en el texto publicado en 2002 la autora conecta implícitamen­te el carácter de fetiche del género con la diferencia sexual, en los dos textos más recientes el acento está colocado en el significado de objeto de culto y venera­ción que adquiere el género en algunas investigaciones. Regresaremos a este punto, que es justamente el que justifi­ca la necesidad de considerar, según nos dice Marta Lamas, un abordaje complejo en los estudios e intervenciones que em­plean el género como categoría.

Por otro lado, en el texto El vacío del género, Palomar6 plantea, retomando en particular los planteos de los autores que han explorado la cuestión del “vacío en la estructura”, que el género podría con­siderarse a justo título como un “signifi­cante vacío”:

Siguiendo estos planteamientos, po­demos decir que el género es, simul­táneamente, en el acto de hablar del género, un significante que alberga un conocimiento­ equívoco, que se muestra como flo­tante, pero que, en realidad, entraña un vacío. El género alberga un equí­voco porque su sentido se vincula con significados distintos en distintos contextos: las circunstancias parecen producir el sentido del significante; por otra parte, se muestra «flotante», porque es vehículo de una sobre determinación de significados que imposibilitan fijar un sentido, lo cual produce esa propiedad mencionada del género de estar sobrecargado de sentido. Pero, en realidad, esos signi­ficados son puestos ahí para cubrir el hecho de que el género es un signifi­cante vacío, en tanto no tiene ningún significado; es decir, que el significan­te género sea «vacío» no quiere decir que sea «un significante que perma­nezca sin significado», sino que es un espacio blanco en el cual es posible situar una gran cantidad de significa­dos posibles”.

En el texto ya clásico, El género: una cate­goría útil para el análisis histórico, Joan Scott ofrece una conceptualización del género que es fundamental, precisa y que, a mi juicio, marca, al menos en la primera pro­posición, el campo del “consenso” en lo que hace a la apreciación de los fenóme­nos del género: “El núcleo de la defini­ción reposa sobre una conexión integral entre dos proposiciones: el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significan­tes de poder”. Podríamos decir que la primera proposición define lo que bien podría llamarse la dimensión “construc­tivista” de la perspectiva de género, mien­tras que la segunda designa al género como “matriz” del poder. Se trata así de dos sentidos que se encuentran integral­mente conectados, como afirma Scott. Menciono la palabra “consenso”, porque en el punto de partida de la categoría de “género” se encuentra una crítica social a las desigualdades entre hombres y mu­jeres que se justifican en función de las diferencias de sexo.

Lo que trato de situar bajo ese nombre es, en primer lugar, un conjunto decidi­damente heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones ar­quitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enuncia­dos científicos, proposiciones filosófi­cas, morales, filantrópicas; en resumen: los elementos del dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho. El dispositivo es la red que puede estable­cerse entre estos elementos.

En segundo lugar, lo que querría si­tuar en el dispositivo es precisamente la naturaleza del vínculo que puede existir entre estos elementos heterogé­neos. […] Resumiendo, entre esos ele­mentos, discursivos o no, existe como un juego, de los cambios de posición, de las modificaciones de funciones que pueden, éstas también, ser muy diversos.

Es necesario reordenar el mundo donde residimos

El género y el sexo están imbricados, pues existen roles, significados, sím­bolos que definen lo que es propio de un hombre y de una mujer. Roles que implican una profunda desigualdad e injusticia, pues, para seguir con nuestra viñeta, lo “pervertido” consistiría en llevar a cabo acciones (table dance) que a juicio de la maestra se les reserva a las mujeres. En particular dos destaca­das feministas, Judith Butler y Teresa de Lauretis, enfatizaron que el género constituía un dispositivo de saber/po­der o bien una tecnología orientada a pro­ducir subjetividades sometidas. Ahora bien, siendo el sexo el producto de un dispositivo (de la sexualidad), y no algo dado o “natural”, ¿en dónde estribaría la diferencia entre género y sexo? Pues bien, al dispositivo de género corres­pondería el papel de constituir, en for­ma retroactiva, al sexo como natural. Dicho, en otros términos, la “naturali­dad” del sexo es el efecto del dispositi­vo del género.

La pregunta de si el género sigue sien­do una categoría útil para el análisis –ya sea histórico o de otro tipo— me pare­ce que no depende de la palabra en sí, sino de los usos críticos que seguimos haciendo de ella. Con demasiada fre­cuencia, “género” connota un enfoque programático o metodológico en el cual los significados de “hombre” o “mujer” se toman como fijos; el objetivo parece ser describir roles diferentes, no cues­tionarlos. Creo que género sigue siendo útil sólo si va más allá de este enfoque, si se toma como una invitación a pensar de manera crítica sobre cómo los signi­ficados de los cuerpos sexuados se pro­ducen en relación el uno con el otro., y cómo estos significados se despliegan y cambian.

El énfasis debería ponerse no en los roles asignados a las mujeres y a los hombres, sino a la construcción de la diferencia sexual en sí.

Si bien en la agria respuesta que Scott16 da al texto de Hawkesworth, la primera considera que en éste se lleva a cabo una tarea que podría ser considerada como un “patrullar las fronteras de la investigación feminista en nombre de la emancipación”, además de un esfuerzo por “circunscribir definiciones, prescribir (y proscribir) con­clusiones en nombre de la ‘liberación’ lo cierto es que la distinción entre el géne­ro como explanans o categoría analítica es un argumento que coincide con la línea de pensamiento de Scott, tal como puede apreciarse en la cita que recién transcribi­mos. Por ejemplo, retomando a Lakatos, Hawkesworth diferencia dos funciones, de carácter heurístico, en toda categoría ana­lítica, las cuales serían, una positiva, la otra negativa:

 

Como heurística positiva, el género elu­cida una zona de averiguación, enmar­cando una serie de preguntas para la investigación. Aunque no es necesario que implique un compromiso metodo­lógico explícito, el género como herra­mienta analítica identifica rompecabezas o problemas que es necesario explorar y aclarar, y ofrece conceptos, definiciones e hipótesis para guiar la investigación.

Mientras que, en su dimensión heurísti­ca negativa, el género “indica un conjunto compartido de supuestos tan central a un modo de análisis que no puede ser des­echado”. En último análisis, esta función remitiría al desafío de lo que la autora llama “actitud natural” respecto al género y que definiría una direccionalidad que apunta a “impugnar la naturalización de las dife­rencias de sexo en múltiples ámbitos de lucha”.18

Esta distinción, entre una función heu­rística positiva y otra negativa, a mi juicio introduce claridad en la discusión y remite, a fin de cuentas, a lo que he denominado un “consenso” sobre el género. Este “con­senso” es lo que lleva a Marta Lamas, por citar un ejemplo, a contestar de inmediato a la pregunta que ella misma se formula, después de citar largamente a Hawkeswor­th tal como lo hice yo en mi reflexión sobre este nuevo temario: “¿Puede tal multi­plicidad de significados proporcionar una explicación coherente? Creo que sí, pues la constante es la simbolización de la dife­rencia sexual. Lo que hay que tener mucho cuidado es de no ratificar la categoría géne­ro y, peor aún, de no volverla un fetiche”.En estos términos, entonces, la función heurística negativa es esta “constante”, es decir, el “supuesto central” de los abor­dajes explicativos del género. Empleando otras palabras, Joan Scott afirma básica­mente lo mismo: los “significados del gé­nero”, nos dice, no pueden ser fácilmente “presupuestos”, ni codificarse a la manera de un diccionario, pues el género

no se reduce a alguna magnitud cono­cida de masculino o femenino, varón o hembra. Son precisamente sus signifi­cados particulares los que necesitan ser extraídos de los materiales que examina­mos. Cuando el género es una pregunta abierta sobre cómo se establecen estos significados, qué implican, y en qué con­textos, entonces sigue siendo una cate­goría útil para el análisis, por ser crítica.

Ahora, Dios, Jehová estableció dos géneros y dos sexos, reflejando una sola conceptualización, macho o hembra, en lo referente a sexo. Masculino o femenino si es género.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1360 noticias)
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Reportaje
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