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La transición, más feminista que la partitocracia

20/03/2018 12:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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La multitudinaria movilización femenina en España, el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, muestra un hartazgo de las mujeres hacia los partidos políticos, que no les reconocen sus derechos. ¿Por qué ahora? Porque tras una transición moderadamente feminista, que se alejó del dominio total de los hombres sobre las mujeres y los hijos consagrados durante el franquismo, era de esperar que, décadas después, la partitocracia que ha detentado el poder hubiera sido sensible. Habría bastado con aplicar y desarrollar una Constitución que estableció la igualdad de sexos, "sin que pueda prevalecer discriminación alguna" y la obligación de los poderes públicos de "promover las condiciones para que la libertad y la igualdad (...) sean reales y efectivas".

Así se hizo el viernes, 22 de junio de 1979, en el Consejo de Ministros presidido por Adolfo Suárez, que abordó la remisión a las Cortes de un proyecto de ley que modificaba ¡265 artículos! del Código Civil. Uno de los impulsores de aquella reforma legal fue el entonces secretario de Estado de Desarrollo Constitucional, Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona. He aquí algunas de las reformas más novedosas entonces:

Todos los hijos son naturales. Frente a la vieja distinción entre hijos legítimos, legitimados, naturales, ilegítimos, adoptivos, adulterinos e incestuosos, la reforma legal solo distingue entre hijos matrimoniales y no matrimoniales, sin diferencias jurídicas entre ellos. Precisamente los hijos procedentes de la procreación se denominaban en el proyecto de ley hijos "por naturaleza", con lo que pasó a norma general una denominación que venía apuntando a una situación anómala y socialmente vergonzante: las madres solteras.

Investigación de la paternidad. Se introduce la investigación de la paternidad, para evitar que un hombre se niegue a reconocer que un hijo es suyo. Frente a la prevalencia masculina, se facilita que una mujer soltera consiga que se investigue la paternidad de un hijo tenido por ella y se dificulta que un hombre casado impugne su paternidad respecto a un hijo tenido por su esposa.

La mujer deja de ser "estúpida". El Código Civil español, inspirado en el napoleónico, parte de la stupiditas mulieris. De ahí que los hijos menores quedaran al mando del varón. La mujer sola no podía pedir el pasaporte de su hijo, ni cambiarlo de colegio ni decidir que no hiciera la primera comunión. A partir de la reforma, la patria potestad sobre los hijos menores la comparten el padre y la madre y, si hay desacuerdo, decide el juez.

Cesa el predominio del "pater familias". Desaparece el predominio absoluto sobre el hijo del "pater familias". El hijo queda bajo la disciplina de ambos padres, pero la reforma obliga a que se le oiga antes de adoptar decisiones que le afecten y, en el caso de la incorporación a la familia de un hijo adulterino, deben consentirlo todos los hijos mayores de 14 años. El castigo de los padres se suaviza: "Podrán imponer a los hijos, moderadamente, medidas de corrección".

Suprimida la dote de la mujer. La anacrónica institución de la dote de la mujer, como precio por casarse, queda suprimida, así como el imperio del marido en el gobierno de la sociedad de gananciales, sustituido por el de ambos cónyuges.

La oposición parlamentaria, sobre todo el PSOE de la etapa constituyente y de los primeros años siguientes, defendió también los derechos de la mujer. El 30 de noviembre de 1979, durante el debate de los presupuestos para 1980, la diputada socialista María Izquierdo Rojo defendió una enmienda contra determinados premios para "las doncellas pobres" y propuso su sustitución por subvenciones a establecimientos benéficos. Preguntó: "¿Por qué no se premia también a los donceles pobres?". Y argumentó: "Los presupuestos no tienen por qué meterse en esas intimidades y castigar económicamente a las desvirgadas". El centrista Alberto Oliart manifestó el acuerdo de su grupo con la enmienda socialista, que fue aprobada casi por unanimidad: 238 votos favorables.

El poder olvidó los derechos

Conforme avanzaron los años y los grandes partidos fueron alternándose en el poder, el desarrollo de la democracia ?y, con ella, del derecho a la igualdad de mujeres y hombres? fue decreciendo. Lo avisó un gran jurista, Manuel García-Pelayo ?un republicano que presidió la mejor etapa del Tribunal Constitucional (TC), de 1980 a 1986?, autor de El Estado de partidos e Idea de la política, entre otras muchas obras. En su discurso inicial, el 13 de julio de 1980, García-Pelayo advirtió a las formaciones políticas que "no intenten pedirle al TC que respalde sus particulares enfoques partidistas" y que los partidos no invadieran "el órgano encargado de interpretar la Norma Suprema".

Los grandes partidos, durante largas décadas, se olvidaron de aplicar y desarrollar legislativamente el catálogo de derechos y libertades establecido en la Constitución, de modo particular la igualdad de derechos entre las dos mitades de ciudadanos: los hombres y las mujeres. Por no desarrollar, los partidos políticos ni siquiera desarrollaron el artículo 6, que les afecta, cuando dice de ellos: "su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos".

El PP y el PSOE cometieron el error de no conceder importancia a las reivindicaciones feministas

Es muy razonable que las mujeres hayan dicho "¡basta!", porque la partitocracia solo se mueve si se le empuja. Los grandes partidos, que construyeron la democracia en España, lo hicieron cuando este objetivo era el prioritario. Los centristas renunciaron a su progreso partidario en aras de la democracia y los socialistas aparcaron sus intereses partidistas, porque se estaba estableciendo un cambio político impensable. Unos años después los recuperaron. El PP y el PSOE cometieron el error de no conceder importancia a las reivindicaciones feministas, incluso las que reconocía explícitamente la Constitución, como creyeron que los ancianos soportarían rebajar sus pensiones.

Políticos no feministas y el humor negro

En junio de 2008, en plena polémica por la expresión "miembras", utilizada por Bibiana Aído, la ministra de Igualdad del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, el ex vicepresidente Alfonso Guerra, para que nadie tuviera dudas sobre él, manifestó que le gustaban las mujeres. Soledad Gallego-Díaz aprovechó la ocasión: "...le gustan las mujeres. Así, en bloque, como le gustan las acuarelas o el arroz con leche. Afirma que él no es feminista ?no hace falta que lo jure?, ni misógino, pero no se entiende muy bien por qué contrapone esos dos términos". Y añadía: "...decir que no se es 'ni feminista ni misógino' es como decir, en la misma tacada, que no se es 'ni socialista ni misántropo'. Una tontería".

Para entender el menosprecio masculino hacia la condición femenina desde la partitocracia no es preciso exponer las cifras diferentes de remuneración de las mujeres por idéntico trabajo que los hombres. A veces bastan las anécdotas. Como una respuesta del socialista Enrique Múgica, cuando era ministro de Justicia. El 13 de septiembre de 1990, al término de la solemne apertura del año judicial, Cristina Alberdi, que entonces era la única mujer en el Consejo General del Poder Judicial, señaló al ministro la conveniencia de que hubiera más mujeres en el órgano de gobierno de los jueces. La respuesta de Múgica fue una pregunta: "¿Pero han hecho cocinas en el nuevo edificio del Consejo?".

El humor, más o menos negro, invade el tratamiento de la desigualdad de sexos. En 2008, una mujer utilizaba en televisión la ironía para describir su situación matrimonial: "Mi marido y yo tenemos el trabajo repartido; él deshace la cama y yo la hago, él come y yo hago la comida". Hasta el forense Miguel Lorente, experto en tratamiento de la violencia de género, tituló un libro suyo así: Mi marido me pega lo normal. Y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, contaba la revelación que le hizo un recluso cuando ella era juez de vigilancia penitenciaria: "Yo he matado a mi mujer, pero no soy ningún delincuente".

Recuerdo la consternación que hace unas decenas de años producía incluso en una redactora-jefa el anuncio de una periodista de la sección de que estaba embarazada

El retraso de los grandes partidos (ahora también de los nuevos) en cumplir la Constitución y desarrollar el derecho a la igualdad de sexos, tiene un punto de especial problemática: la maternidad, mientras no se equipare a la paternidad, como se inició en 1979, en aquella primera reforma del Código Civil, igualadora de ambos cónyuges. Recuerdo la consternación que hace unas decenas de años producía incluso en una redactora-jefa el anuncio de una periodista de la sección de que estaba embarazada. Actualmente, dado el déficit de nacimientos, perjudicial para la economía y hasta para las pensiones, el embarazo (como explicaba muy bien la periodista Lucía Méndez), en lugar de convertirlo en un problema que promueve la desigualdad profesional de las madres, merecería ser premiado por la sociedad a la que benefician, siempre que, desde el poder, se sea capaz de abandonar la concepción patriarcal que domina en las últimas décadas, a gran distancia del feminismo constitucional.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
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