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Últimos coletazos de 'Il Caimano'

09/05/2018 05:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Italia está a un paso de repetir las elecciones. Más de dos meses y tres rondas de consultas después, el presidente de la República, Sergio Mattarella, admitió que no tiene más opciones. La negociación entre los partidos ha fracasado, por lo que no hay otra alternativa que un gobierno técnico ?"neutral", lo calificó él?, que conduzca al país de nuevo a las urnas. Al jefe del Estado le gustaría al menos poder aprobar los presupuestos y salvar mínimamente la cara para no deteriorar aún más la imagen nacional. Reclama que las formaciones políticas apoyen su iniciativa y que se vuelva a votar a finales de año. Pero el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga Norte, grandes triunfadores hace dos meses, se han puesto de acuerdo al menos en esto: rechazan un Gobierno impuesto y piden votar lo antes posible. La primera fecha disponible sería la última semana de julio.

M5E y Liga llevan coqueteando desde el día después de las elecciones, pero hasta ahora no han consumado el matrimonio. El 5 Estrellas logró el 32, 7% de la votos, por debajo del 37% que consiguió la coalición derechista en la que, sorprendentemente, la Liga obtuvo más apoyos que la Forza Italia de Silvio Berlusconi. De ahí que el partido liderado por Luigi Di Maio le haya pedido al líder leguista, Matteo Salvini, que rompa la alianza. Éste, sin embargo, se niega. La estrategia de la Liga sería mantener unida la coalición derechista con la que concurrieron a las elecciones y poder pactar con Di Maio en condiciones de superioridad, a pesar de que el 5 Estrellas y Berlusconi se han impuesto un veto recíproco.

Todavía a última hora desde las filas de la Liga lanzaron un llamamiento a Berlusconi para buscar una solución que todos ?incluido el M5E? puedan aceptar y evitar el anticipo electoral, pero una de las portavoces de Forza Italia rechazó la posibilidad. Berlusconi es consciente de que romper la alianza lo sume en la insignificancia, pero también el voto en un corto periodo podría condenarlo. En las últimas semanas, Salvini se ha consolidado como el líder de la derecha. Las encuestas lo sitúan por encima del 22%, mientras que Forza Italia bajaría del 10%. Votar en otoño, como querría el ex Cavaliere, le hace ganar tiempo a la espera de que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo se pronuncie sobre su inhabilitación. Él aún sueña con volver a presentarse y relanzar su figura.

En un anticipo electoral, sin embargo, emergen dos grandes posibilidades. De un lado, si la coalición derechista sigue en pie, Salvini tendría grandes posibilidades de ser primer ministro. Sólo le hace falta que sus expectativas de voto se confirmen y que el resto de partidos de la entente mantengan mínimamente el tipo. La segunda opción sería un resultado similar al actual, aunque con la Liga muy por encima de Forza Italia. Y en ese caso, mantener la alianza sería ya casi imposible, por lo que el escenario más previsible sería un entendimiento entre Salvini y Di Maio.

Berlusconi, mientras, ve cómo el juego político pasa por delante de él. No es casualidad que el ex presidente del Milan haya criticado la estrategia, la alineación y el sistema de juego de todos los entrenadores que su equipo ha tenido desde que dejó de ser vencedor. El ex Cavaliere no sólo tiene mal perder, sino que es incapaz de mantenerse en segundo plano. En su carrera política siempre ha atraído ?no en todos los casos de forma transparente? a los demás a su carro ganador. Y, sin embargo, ahora debe convivir con el amargo sabor de convertirse en subalterno de quien le ha robado ya el sitio.

El pujante Matteo Salvini no es el viejo Umberto Bossi, el antiguo líder de la Liga Norte al que Berlusconi manoseaba a su antojo para formar gobierno cuando era necesario. Con un discurso lepenista, centrado en la seguridad y la lucha contra la inmigración irregular, la formación que otrora fue autonomista se ha convertido en un partido capaz de extender su influencia más allá del norte. En algunas ciudades del sur, a las que antes los líderes de la Liga insultaban, lograron resultados por encima del 15% en las elecciones de marzo. Una reciente encuesta de La Repubblica aupaba a Salvini al segundo puesto entre los políticos más valorados del país con un 50% de aprobación, sólo por detrás del primer ministro interino, Paolo Gentiloni.

Berlusconi todavía se resistía a abandonar su figura central en la derecha, cuando poco después de las elecciones la alianza conservadora y el M5E se dispusieron a repartirse la presidencia de Cámara de Diputados y Senado. El partido de Luigi Di Maio elegiría a uno de sus hombres fuertes, Roberto Fico. Mientras que del lado de la coalición, el magnate aún se veía con fuerzas para imponer un nombre, el de Paolo Romani, una de sus figuras de confianza. Salvini dijo desde el primer momento 'no' a Berlusconi. Cuentan las crónicas italianas que en una cena en la residencia del magnate en Roma, éste perdió los nervios ante su socio, al que dobla en edad. Sin embargo, la Liga se salió con la suya y nombró a una representante de Forza Italia, Maria Elisabetta Alberta Casellatti, como presidenta del Senado. El pacto con el 5 Estrellas quedaba respetado. Salvini le dejó claro a Berlusconi quién mandaba a partir de ese momento.

"Este episodio fue una maniobra maestra de Matteo Salvini, que dio un golpe sobre la mesa imponiéndole además a Berlusconi a una de sus más estrechas colaboradoras", sostiene el politólogo Giovanni Orsina. Aunque para el autor del libro El berlusconismo en la historia de Italia, esto no significó una estocada final, sino un simple gesto de habilidad de su contraparte. Después han sido muchos los momentos en los que Salvini se ha erigido como nuevo líder de la derecha.

Sin embargo, el entierro del caimán todavía costará caro. A pesar de que desde el 4 de marzo Berlusconi dejó de ser oficialmente el jefe de la coalición, en sus apariciones no ha parado de dar coletazos para demostrar que sigue ahí. Durante la primera ronda de consultas con el presidente de la República, Sergio Mattarella, a la que la derecha acudió unida, Salvini ejerció de portavoz y Berlusconi de maestro de ceremonias. A cada palabra de uno, una aprobación del otro. A cada propuesta, una coreografía. Al terminar la comparecencia del líder de la Liga, el ex Cavaliere no aguantó más. Cogió el micrófono con ambas manos y embriagado de poder les recordó a los periodistas que fuesen "buenos" y supieran distinguir "entre un verdadero demócrata y quienes no conocen el ABC de la democracia". El demócrata, por supuesto, era él, y los ignorantes, el Movimiento 5 Estrellas. Después comparó a la formación fundada por Beppe Grillo con un peligro similar a Hitler, los definió como "un partido de desempleados" y dijo de ellos que sólo servían para "limpiar los retretes de Mediaset".

Mientras, la Liga ha intentado llegar a un acuerdo con el M5E, pero Berlusconi lo ha impedido. "El 5 Estrellas impone un veto no a la persona de Berlusconi, sino a la idea, a lo que ha representado en Italia durante tantos años", asegura Gianfranco Pasquino, profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad de Bolonia. El politólogo se refiere "al conflicto de intereses con sus empresas, a su forma de hacer política o a un estilo de vida". El rechazo del partido de Di Maio a Berlusconi es recíproco. El ex primer ministro percibe que el 5 Estrellas ha adquirido una centralidad que deja a Forza Italia fuera de juego, y que su transformismo ideológico los puede convertir en un socio de la Liga.

Hablando claro, Salvini no soporta a Berlusconi. Su intención es convertirse en figura hegemónica de la derecha. Sin embargo, Berlusconi le sigue siendo útil a Salvini, porque con él su peso político llega al 37%, mientras que en solitario la Liga alcanzaría sólo el 17%. La novedad es que el joven líder derechista no es un juguete en manos del viejo titiritero, sino que en el momento en el que a Salvini le interese dejar caer a Berlusconi, lo hará.

Para Giovanni Orsina, en "la competición interna" que se disputa en la derecha Forza Italia seguirá siendo relevante porque "ocupa un centro al que no puede aspirar la Liga". Mientras que en opinión de Gianfranco Pasquino, "antes o después la derecha pasará a ser enteramente de Salvini y en ese momento probablemente se planteará adoptar posiciones más moderadas". Al margen de interpretaciones, la ciencia dice que Silvio Berlusconi tiene 81 años y una operación de corazón reciente, por lo que llegará el día en el que Forza Italia se quede sin líder y, en consecuencia, sin votantes.

En las últimas elecciones, Silvio Berlusconi, que se presentaba sólo en espíritu al estar inhabilitado, perdió casi tres millones de votos. Y aunque él sabía que se quedaría sin buena parte de sus apoyos, contaba con mantener una posición todavía decisiva en el arte de la negociación, donde siempre se ha sentido a gusto. El descalabro de la otra formación a la antigua usanza, el socialdemócrata Partido Democrático, impidió siquiera pensar en una gran coalición. Sin embargo, manteniendo firme la coalición, como ha hecho hasta el momento, podría tener una segunda oportunidad como apoyo necesario para un Gobierno encabezado por la Liga.

Dijo Giulio Andreotti, otro de esos políticos que sabían del arte del filibusterismo, que "el poder desgasta a quien no lo tiene". De modo que la única resurrección posible para Berlusconi sería seguir manejando la orquesta, aunque sea a distancia. "Si finalmente se formara un Gobierno en el que él no está presente, le queda hacer una oposición alterna, en la que incluso puede dar su apoyo en algunos momentos y luego desaparecer cuando parezca necesario", considera Giovanni Orsina. Lo que está claro es que "él quiere contar", señala el politólogo. El problema es que no volverá a ser el protagonista y, cuando deje de ser útil, en este caso para Salvini, serán los otros quienes dejen de contar con él.


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ctxt.es
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Reportaje
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