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Venezuela, zona de conflicto en un invento de EEUU

04/02/2019 16:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Igual que Bolton, Abrams no tiene problemas con la gestión de su pasado

La Tecla Fértil

 

Han elegido a Elliott Abrams para devolver la democracia a Venezuela, un intervencionista experto en guerras sucias, condenado en 1991 por mentir al Congreso en el escándalo Irán-Contra. Fue uno de los creadores de la contraguerrilla nicaragüense, una guerra que costó miles de vidas. Su currículo incluye El Salvador. Calificó de “propaganda comunista” la matanza de El Mozote, ocurrida en diciembre de 1981. El batallón Atlacatl, entrenado y armado por Estados Unidos, asesinó a cerca de 500 salvadoreños, incluidos niños y mujeres. También en Guatemala, la guerra centroamericana más canalla con más de 45.000 desaparecidos.

Igual que Bolton, Abrams no tiene problemas con la gestión de su pasado. Ni arrepentimiento ni dudas. La indecencia debería ser incompatible con una democracia. Es cierto que en todo Estado existen cloacas, una mano que no sabe lo que hace la otra. Pero nunca se presume de ello ni se ofrece una segunda oportunidad a los amorales. Es esencial el disimulo, un cierto teatro de la decencia, para que podamos seguir pensando que somos los buenos de la película.

La II Guerra Mundial duró un lustro y todavía se recuerda. Eso da una idea de cómo están los países en los que los conflictos llevan cerca de 20 años, como en Sudán del Sur o Somalia. Hay que imaginar la situación allí, el impacto que tiene en la capacidad de la gente", ilustra consternado Luca Russo, analista de Crisis Alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Contextualiza que en los últimos meses de 2018 ha aumentado el hambre en cinco países en conflicto y provoca que 46, 8 millones de personas necesiten de forma urgente alimentos y medios de vida en Afganistán, República Centroafricana, República Democrática del Congo (RDC), Sudán del Sur y Yemen, según revela el último informe realizado por la entidad junto al Programa Mundial de Alimentos para el Consejo de Seguridad de la ONU,

Entre otras causas, Russo observa que cada vez más las personas se están desplazando a áreas de difícil acceso. "Una de las características de lo que sucede en algunos países es que muchas de las guerras no son un ejército contra otro, sino milicianos, grupos que controlan las carreteras, que piden pagos y eso tiene efectos también en la ayuda humanitaria", añade. El informe manifiesta que persistieron los actos de violencia contra los trabajadores humanitarios y detalla que en los 10 primeros meses de 2018 se registraron 338 casos de violencia contra los empleados. "Entre agosto y septiembre, hubo 39 robos a mano armada de instalaciones humanitarias, que involucraban violencia física contra el personal y obligaron a varias organizaciones a suspender las operaciones, privando a las poblaciones vulnerables de asistencia humanitaria", se lee en el reciente texto, que matiza que en los primeros ocho meses de 2018 murieron ocho trabajadores humanitarios.

El hambre ha sido desde siempre, la razón de cambios sociales, progresos técnicos, revoluciones y contrarrevoluciones. Nada ha influido más en la historia de la humanidad. Ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado a tanta gente.

La FAO es un gran aliado y este programa es muy exitoso, pues no solo pone el foco en los conflictos o el cambio climático, sino que intenta asistir desde el principio”, sostuvo Longué antes de repetir eso de que “el hambre no es tan espectacular como una bomba, pero puede ser igual de efectiva”. Como esgrime Martín Caparrós en su ensayo sobre el tema, “Más de 815 millones de personas. Unas 17 veces la población de España. Casi tantos como los habitantes de la Unión Europea y Estados Unidos juntos. Toda esa gente se va a dormir cada día sin haber comido las calorías mínimas para su actividad diaria. Pero lo abultado de la cifra, calculada por Naciones Unidas y publicada este viernes, no es una novedad: el número de hambrientos oficiales lleva entre los novecientos-y-pico y los setecientos-y-muchos desde comienzos de este siglo. La noticia es que, por primera vez desde 2003, el hambre repunta.

Hay que ser, transparente con los datos

La agencia insiste machaconamente: acabar con el hambre es una cuestión de voluntad política. Porque se producen alimentos más que de sobra para que los casi 7.500 millones de habitantes del planeta coman lo que necesitan para una vida plena. El problema es casi siempre de distribución: hay regiones a las que no llega comida suficiente, hay personas (o comunidades enteras) a quienes no les llega para comprarla...

Detrás de esa compleja realidad llamada hambre subyacen, obviamente, problemas de pobreza y vulnerabilidad.

Más de dos años de guerra han expuesto al hambre a gran parte de la población de Yemen, en especial a mujeres y niñas, que suelen ser las últimas en comer. Venezuela, ya está dando cifras. En el campo diplomático tenemos que unir voluntades

 Las informaciones remitidas por los Estados, deben ser analizados en cualquier momento por cada Asamblea Legislativa y, una vez dada de alta, transmitir la información local a las comunidades.

La falta de acceso a comida, sea porque directamente no hay o por una subida de los precios, es un motivo clave para la movilización de la gente. Puede dar lugar a protestas no violentas, algo común en lugares como India, o empujar a participar en conflictos armados, indica Cullen Hendrix, profesor adjunto de la Universidad de Denver. De hecho, el auge global de los precios alimentarios en 2008 coincidió con disturbios en casi.

Que la falta de alimentos o de dinero para pagarla puede ayudar a prender la mecha del enfrentamiento no es una novedad. Pero a veces se obvia su relevancia, en Venezuela, hoy es el petróleo y el gas. el hambre está en el centro de todos los problemas del mundo. Quizá fue demasiado lejos, pues “la falta de comida no suele ser la única ni la principal causa de los conflictos, aunque está claro que muchas veces contribuye a crearlos”, afirma Emmy Simmons, la autora del estudio cosechando paz.

Boyd Orr decía: “Si la gente no tiene qué comer, los mejores tratados pueden quedarse en nada. A los hambrientos no puede satisfacerles otra cosa que comida”. Tras media vida dedicada a la nutrición y la lucha contra el hambre, en 1949 este biólogo y médico escocés recibió un premio Nobel. El de la paz. Hoy, todos buscan crear conflictos para adueñarse de los minerales y campos energéticos de una sola vez.

Que la falta de alimentos o de dinero para pagarla puede ayudar a prender la mecha del enfrentamiento no es una novedad


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Autor:
Emiro Vera Suárez (993 noticias)
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