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Verdades y mentiras de la historia de España: José Antonio Primo de Rivera

05/07/2019 12:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las mentiras históricas nunca han sido inocentes, se difunden de manera asfixiante y con fines propagandísticos. Es hora de desbaratar mitos

Se ha escrito mucho sobre la figura de José Antonio Primo de Rivera, pero nunca se ha contado toda la verdad. Al menos abiertamente y sin temor alguno. ¿Y esto por qué, con qué finalidad? Porque Franco prefería manipular la verdad a su antojo, de ahí que la imagen que nos ha quedado del fundador de la Falange se aleje tanto de la realidad que siempre intentó mostrar el mismo José Antonio. Se podría decir que la manipulación vertida sobre él, nos ha llevado a la más absoluta ignorancia acerca de una de las figuras políticas más decisivas y a la vez desconocidas de la España contemporánea.

Fue hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, procedía de una familia latifundista andaluza y era licenciado en derecho. La familia, la política y sobre todo, su amor por España regían su vida política y personal. Conocemos la gran mentira que nos han querido presentar, que fue fusilado por los rojos, como todavía ignorantemente se sigue llamando al bando republicano de la Guerra Civil.

En realidad, José Antonio era un político inusual, avanzado para su época, es cierto que nace en el fascismo, pero era un intelectual y pronto se alejaría de este movimiento intolerante buscando una vida digna y democrática para el pueblo español. Esto lo dijo él mismo en infinidad de ocasiones. Su discurso emocionaba, no solamente a las juventudes de camisa azul mahón, sino también al joven proletario. En realidad esa prenda que distinguiría aquel movimiento revolucionario donde el trabajo debía ser su primera fuente de producción no era sino un guiño al mono también azul del pueblo llano. Porque eran tiempos de una España injusta y enfrentada. Nunca ha interesado para un régimen que ha jugado con su imagen que el pueblo pudiera ver claramente que era un hombre que intentaba buscar la paz y la justicia, alguien que se posicionó del lado de los campesinos, obreros, pobres y de todos aquellos que en definitiva eran víctimas de la injusticia de aquella España convulsa. Ayer, como hoy, tanto izquierdas como derechas priorizaban sus intereses por encima del pueblo y del país. España no cambia, pese a que el tiempo pasa y la historia se repite. Quizás porque nunca se ha querido conocer o porque no ha interesado enseñarla.

¿Un liberal? Sí, tal vez un híbrido entre liberal y socialdemócrata, según entendemos estos conceptos hoy día, claro, aunque algunos se lleven las manos a la cabeza, se rasguen las vestiduras o se arranquen las barbas. En el pensamiento de José Antonio el hombre estaba por encima de todo, incluso del partido. Creía en una democracia integral, donde cualquier individuo podía alcanzar el puesto que le correspondiera en la sociedad, al margen de su condición o clase; el trabajo era la única aristocracia existente, esto nada tiene que ver con lo que la mayoría conoce sobre el personaje. Era un hombre de principios, hoy no hay muchos en el país entre nuestros políticos. Intelectuales de derechas y de izquierdas, españoles y extranjeros lo definen como alguien excepcional. La diputada socialista durante la Segunda República Victoria Kent dijo de él: “En dos ocasiones he tenido frente a mí a José Antonio Primo de Rivera de contrincante. Un perfecto caballero, con toda la cortesía. Y debo decirlo porque eso es lo justo.”

¿Pero, entonces, por qué no interesa contar la verdad? Loquillo, el famoso rockero barcelonés, nada sospechoso de ser fascista, ha declarado en más de una ocasión su admiración hacia este personaje, sorprendido a la vez por lo manifiestamente manipulada que está su figura. Es de suponer que dado que parece ser que fue un hombre honesto y honrado que no comulgaba con tanta mentira, tanta traición, tanta corrupción y tan falsa democracia, no era bien visto ni por unos ni por otros. Los unos porque les sacaba los colores, los otros porque renegaba de su totalitarismo y opresión. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, podría ser hoy un ejemplo similar salvando las distancias que las circunstancias de España suponen, en más de una ocasión, como ya hiciera José Antonio, Iglesias ha dicho que el movimiento de Podemos es único, diferente, transversal, que no es de izquierdas ni de derechas. Un hombre joven que desea una España más justa y digna, una España donde todos tienen cabida. Plural. Trabajadora. Digna.

Murió fusilado en la cárcel de Alicante un 20 de noviembre de 1936, en plena Guerra Civil Española. Miguel de Unamuno, al conocer su muerte afirmó que habían matado a uno de los cerebros más privilegiados de Europa. E igual que otros muchos, condenado a una compañía deshonrosa, en el Valle de los Caídos, junto al dictador que en realidad lo mató. Un revolucionario, es siempre un hombre justo, un hombre de progreso. Algunos hoy se jactan de que ellos son unos patriotas y lo ponen como modelo, me río de estos ignorantes que han creído a pies juntillas la historia oficial, dejando de lado la oficiosa. Una historia deformada de unos manipuladores interesados, porque no fue jamás patriota de bandera, sino de hechos y propuestas, que es lo que vale para conceder a alguien tal condición. No se trata de airear la bandera a los cuatro vientos, sino de realizar hechos concretos, justos, sociales y encaminados al bien común. Antes de morir dejó escrito: “Ojalá fuera mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles”. Lamentablemente no fue así, y la guerra continuó y dejó miles de muertos, y la represión posterior fascista no dejó de sembrar las cunetas de cadáveres una vez acabada la contienda.

Son muchos, y es evidente el porqué, los que desconocen su gran amistad con el poeta Federico García Lorca; era una amistad peligrosa que la llamada memoria histórica trata de ocultar y olvidar.

Ambos pertenecían a la Generación del 27, esa generación que ha sido definida “de la amistad”. Compartieron ambientes intelectuales, gustos literarios y amistades en común. José Antonio admiraba profundamente a Lorca, decía de él que era “el poeta de la belleza poética frente a la hipocresía destructiva, y que a los pueblos no los moverían más que los poetas”. Gabriel Celaya cuenta una anécdota acerca de la relación entre Lorca y José Antonio tras una cita de él mismo con Federico García Lorca en el hotel Biarritz de San Sebastián. Narra que estaba esperando a Lorca cuando éste apareció en compañía de José Manuel Aizpurúa, fundador de la Falange en la capital guipuzcoana. Celaya, muy de izquierdas, negó el saludo al falangista, lo que creó una situación tensa. Cuando Aizpurúa se marchó, Lorca le preguntó por qué no había querido saludarle. Relata Celaya que intentaba explicárselo y que Federico, insistiendo en el lado humano, a su vez le decía que Aizpurúa era un buen chico con una gran sensibilidad, que adoraba sus poemas y que gozaba de una gran inteligencia. Como Gabriel Celaya no se venia a razones, Federico le confesó algo que no esperaba y que le dejó sorprendido por completo. “José Manuel es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Solemos salir juntos en un taxi con las ventanillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él.”

Su discurso fue enteramente fagocitado de manera interesada por el régimen de Franco

Ian Gibson, el historiador británico especializado en la Guerra Civil Española, recoge otra anécdota ocurrida en Palencia, en agosto de 1934. En un céntrico restaurante de la ciudad entró José Antonio junto a otros cuatro falangistas. Al darse cuenta de que allí se encontraba García Lorca, le mandó una nota escrita en una servilleta que Lorca tomó con disimulo. En ella, el historiador cuenta que ponía: “Federico, ¿no crees que con tus monos azules y nuestras camisas azules se podría hacer una España mejor?”

La muerte injusta de ambos no pudo ver la construcción de esa España, un país que sin duda hubiera ido por mejor camino que el que siguió. Ambos fueron víctimas de un odio que por aquellos años reinaba en nuestro país. Y lo más odioso es la manipulación posterior que cada bando confeccionó en torno a sus figuras apoderándose de sus memorias según convenía a las ideologías políticas siempre tan oportunistas. Sin duda deberíamos conocer siempre la verdad, pues quizá esto abriría nuestros ojos y cambiaría el modo de muchas formas de pensar, numerosos prejuicios y estereotipos que seguimos teniendo hoy en España lamentablemente.

El anarquista Diego Abad de Santillana ya lo dijo tras conocer su ejecución: “Los españoles de esta talla, los patriotas como él, no son peligrosos ni siquiera en las filas enemigas. ¡Cuánto hubiera cambiado el destino de España si un acuerdo entre nosotros hubiera sido posible tácticamente!”

Ojalá sirva este artículo y los que seguiré publicando para que muchos se interesen por conocer la verdad histórica. La mentira institucional debe ser desmontada. No nos merecemos seguir engañados. Pero sigamos con el tema que nos ocupa.

José Antonio resultaba un incordio para muchos, para Franco, por supuesto, con quien compartía una mutua antipatía, para Francisco Largo Caballero, dirigente del ala más izquierdista del Partido Socialista y para el dictador soviético Stalin. No descubrimos nada nuevo si recordamos su enorme influencia en la zona republicana durante la Guerra Civil; Largo Caballero era rehén de Stalin, por lo tanto, sería muy ingenuo pensar que sólo cuatro anarquistas fanáticos tenían intención de acabar con el líder falangista.

Tras su muerte, la figura de José Antonio y su discurso fueron enteramente fagocitados de manera interesada por el régimen de Franco. Según el historiador Stanley G. Payne, experto en la Falange española, al dictador la muerte de José Antonio le vino al pelo. La verdad es que no hizo todo lo que podría haber hecho para salvar la vida de José Antonio. Franco no quería enfadar a los falangistas, por eso en principio puso algunos medios a disposición de Falange para intentar rescatarlo de la cárcel de Alicante. Sin embargo pronto retiró su respaldo a la misión, según él porque tenía muchos inconvenientes. Franco no dudaba en mostrar su desagrado ante la figura del joven falangista. El dictador en ciernes, resuelto a controlar bajo su mando a todos los resortes políticos y militares, se negaba a soportar la presencia de otro cabecilla a su lado tan radicalmente opuesto a su manera de ver España. Entre los dos existía una tensa relación de desprecio mutuo. Franco se identificaba con la derecha tradicional de la CEDA de Gil Robles, más que con la Falange de José Antonio a las entendederas del dictador demasiado ambigua con una ideología definida y además anticapitalista.

Y, tal vez, esto sorprenda, pero en muchos aspectos era tan radical como la izquierda más dura actual, pues defendía la nacionalización de la banca y de los grandes servicios públicos, aunque reconocía la propiedad privada. Defendía la expropiación forzosa y sin indemnización de las tierras cuya propiedad hubiera sido adquirida o disfrutada ilegítimamente, y la sindicalización de la agricultura. Esto motivó que no pocos anarquistas y comunistas acabasen en las filas de la Falange antes de la Guerra Civil, porque el mensaje socialista combinado con un patriotismo muy alejado del internacionalismo marxista era muy atrayente. Esto parecía ya socialdemocracia. Por eso, el franquismo no aplicó ni una pequeña parte de ese programa jamás. ¿Qué habría pasado si el fundador de Falange hubiese sobrevivido a la contienda y hubiese tenido que ponerse de acuerdo con Franco? El propio José Antonio lo comentó en una entrevista concedida en prisión al reportero americano Jay Allen: “Yo sé que si este Movimiento gana y resulta que no es nada más que reaccionario como me temo, entonces me retiraré con toda la Falange, y yo volveré a ésta o a otra prisión dentro de muy pocos meses.“

Conocer el pasado es esencial para ubicar a las personas en el tiempo; necesitamos saber de dónde venimos, para saber a dónde vamos. Por eso, conocer la historia es básico para comprender también la condición del ser humano, sólo así podremos avanzar y si es necesario cambiar.

Su gran amistad con el poeta Federico García Lorca era una amistad peligrosa


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