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Vuelve y juega, ¿estado de opinión?

28/03/2015 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los colombianos creen que la salida podría ser la convocatoria a una Asamblea Constituyente. No es fácil, –en la práctica- por que los constituyentes de 1991 dejaron atada la competencia para convocarla, al pleno de una de las tres ramas del poder público, también en la actualidad, en crisis

Golpe del procurador al constituyente primario

Por Ángel Alirio Moreno M.

Ante la crisis institucional del Estado colombiano, se escucha decir a la mayoría de los ciudadanos, que la salida podría ser la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Sin embargo, según el marco superior normativo, no es fácil, –en la práctica- que tal institución pueda sernos útil en estos momentos, dada la manera en que los constituyentes de 1991 dejaron atada la competencia para convocarla, al pleno de una de las tres ramas del poder público, también en la actualidad,  en crisis.

El artículo 376 de la Carta Política consagra que, “mediante ley aprobada por mayoría de los miembros de una y otra Cámara, el Congreso podrá disponer que el pueblo en votación popular decida si convoca una Asamblea Constituyente con la competencia, el periodo y la composición que la misma ley determine. Se entenderá que el pueblo convoca la Asamblea, si así lo aprueba, cuando menos, una tercera parte de los integrantes del censo electoral. La Asamblea deberá ser elegida por el voto directo de los ciudadanos, en acto electoral que no podrá coincidir con otro. A partir de la elección quedará en suspenso la facultad ordinaria del Congreso para reformar la Constitución durante el término señalado para que la Asamblea cumpla sus funciones. La Asamblea adoptará su propio reglamento.”.

Si bien es cierto, el artículo 374 de la Constitución vigente, definió dos maneras de reformarla, que podrían ser la Asamblea Constituyente o el pueblo por medio de Referendo; a través de 40 Actos Legislativos, el Congreso de la Republica ha modificado –sustituido- diríamos, el espíritu constitucional, el núcleo esencial de la norma de normas, por culpa de los cuales estamos como estamos. No es menos cierto, que por vía de interpretación, si el Congreso de la República, llegare por las circunstancias, a no poder convocarla, siendo de necesidad popular, el mismo pueblo pueda recobrar su poder constituyente y convocarla en cualquier momento electoral, puesto que la prohibición de que su acto electoral no pueda coincidir con otro, sólo es para el evento de que sea el Congreso el que la convoque.

No nos queda más camino que redactar una nueva Constitución, a través de una Asamblea Constituyente, con poderes soberanos, sin límites, con capacidad para hacer los cambios que Colombia necesita

Para garantizar la independencia de poderes, la Asamblea Nacional Constituyente del 91 eliminó los auxilios parlamentarios y dentro de un régimen presidencialista, estableció una arquitectura, de tal manera que ninguno de los poderes pudiera ser consumido por el otro. Hoy, las 40 enmiendas sustitutivas, concedieron un excesivo poder presidencialista, a tal punto que todo está dependiendo de la institución Presidencia de la República y para consumir al Poder Legislativo, existe la mermelada y al Poder Judicial, la facultad nominadora subsumida en ese manjar dulce y apetitoso que alimenta la corrupción. Desbarataron la arquitectura constitucional y armaron un laberinto sin salida.

No nos queda más camino que redactar una nueva Constitución, a través de una Asamblea Constituyente, con poderes soberanos, sin límites, con capacidad para hacer los cambios que Colombia necesita y capaz de crear el escenario para terminar el conflicto, abonando el terreno de un posconflicto verdaderamente reconciliador y no uno más cruento que la guerra que hemos padecido en estos últimos sesenta años.  Ojo, que mientras el Gobierno y las FARC estaban en la Mesa de Conversaciones en La Habana, aquí los actores armados, los de carne y hueso con fusil, mutaron, y hoy existen unos actores del conflicto que van rumbo a construirse en actores políticos, a los cuales difícilmente se les podrá combatir en una guerra irregular de tercera generación. Como colombiano, comienzo a perder la fe en la eficacia del actual proceso de paz. Es momento de replantear el rumbo político del país. 


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Autor:
Angelalirio (84 noticias)
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Opinión
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